En 80 años ha habido solo ocho candidatas al puesto. El documento de la organización GWL Voices –que reúne a más de 80 líderes femeninas de 39 países– fue presentado esta semana, desgrana la presencia femenina en los espacios de poder de Naciones Unidas desde 1945 y lamenta la “transparencia ficticia” en la toma de decisiones.

De la Redacción de EL NORTE
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El informe anual ‘Las mujeres en el multilateralismo’ de la organización GWL Voices –que reúne a más de 80 líderes femeninas de 39 países– fue presentado el jueves en Madrid. Cuando faltan meses para encontrar al sustituto o sustituta de António Guterres al frente de la Organización de las Naciones Unidas, esta asociación compuesta por mujeres que han ostentado y ostentan cargos en gobiernos y en instituciones multilaterales, pone el foco en este “anacronismo”, que es reflejo de décadas de infrarrepresentación femenina en los puestos más importantes de los órganos de toma de decisiones.
El mandato de Guterres finaliza el 31 de diciembre de 2026 y el proceso para reemplazarlo ya comenzó en la ONU. El cargo de secretario general tiene una duración de cinco años y se puede renovar una vez. “Estamos convencidas de que debe ser una mujer. La rotación geográfica es una práctica, no es una regla. Pero en este caso sería bueno mantener la práctica y que sea una mujer de América Latina. Pero, por encima de todo, debe ser la mujer que necesitamos”, consideró Susana Malcorra, exministra de Relaciones Exteriores de Argentina, aspirante al cargo de secretaria general en 2016 y cofundadora de GWL Voices, según citó el medio El País.
El informe de GWL Voices, presentado durante la jornada Mujeres liderando la ONU del siglo XXI, que fue inaugurada por el rey Felipe VI, recuerda que, en 80 años, ha habido más de 40 candidaturas para ser la cabeza visible de Naciones Unidas. Solo ocho de ellas han sido de mujeres y ninguna ha ostentado el cargo hasta hoy. En 2006, es decir, 60 años después de la fundación de la ONU, se presentó la primera candidatura femenina: Vaira Vīķe-Freiberga, en aquel momento presidenta de Letonia. Diez años después, en 2016, por primera vez en la historia, hubo más mujeres candidatas que hombres: siete sobre 13, aunque finalmente resultó elegido Guterres. Además de Clark y Malcorra, aspiraban al cargo Irina Bokova, diplomática búlgara y exdirectora general de la Unesco; Christiana Figueres, política costarricense; Natalia Gherman, ex primera ministra de Moldavia; Vesna Pusić, exministra de Exteriores de Croacia, y Kristalina Georgieva, actualmente directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI).
La organización destaca que uno de los obstáculos es la manera en que se elige al secretario o secretaria general. Aunque la persona sea nombrada formalmente por la Asamblea General, los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU (Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido) deben dar su visto bueno sobre las candidaturas y también tienen derecho de veto.
Para encabezar la organización a partir de 2027, se “busca a una persona diplomática ‘excepcional’ con ‘liderazgo probado’ y ‘sólidas capacidades de gestión’”, según explica el portal de noticias de la ONU.
EVALUAR MÉRITO SIN SESGO
En el informe de GWL Voices se estudian, además, 62 organizaciones internacionales para ver el espacio que ocupan las mujeres dentro de ellas. Actualmente, un 46% de estas entidades están lideradas por una mujer. “Algunas organizaciones ya tienen una paridad plena o están cerca de lograrla. En general, las instituciones multilaterales siguen teniendo mejores resultados que otros sectores, demostrando que, una vez que se prioriza y se cuantifica, la paridad puede convertirse en un estándar alcanzable”, resume la investigación.
Pero el porcentaje cae bastante cuando se estudian los espacios donde se toman realmente las decisiones. Por ejemplo, solo el 23% de los representantes permanentes ante la ONU en Nueva York (el cargo diplomático más alto dentro del sistema de la ONU) son mujeres. Hay 72 países que nunca han enviado una representante permanente y 63 que solo lo han hecho en una ocasión. Además, en los órganos de gobierno de las instituciones multilaterales, donde se definen las prioridades de actuación, las mujeres solo tienen un 29% de presencia.
GWL Voices insiste en que la razón no es la falta de mujeres calificadas, sino “patrones estructurales de exclusión y procesos de selección que no evalúan el mérito de manera justa”. “Las mujeres altamente capacitadas y cualificadas han existido desde hace décadas; lo que falta es un proceso que las reconozca sin sesgos”, según Malcorra.
En la presentación del informe, las integrantes de GWL Voices mostraron un hecho revelador del año 2025. “De las ocho organizaciones que monitoriza GWL Voices en las que se han nombrado nuevos líderes, ninguna ha nombrado por primera vez a una mujer en sus puestos más altos”, dijeron. Por ejemplo, el Banco Africano de Desarrollo (BAfD) eligió como presidente a Sidi Ould Tah y la Unión Africana (UA), a Mahmoud Ali Youssouf, “continuando con la trayectoria ininterrumpida de liderazgo masculino” de las dos instituciones, muy influyentes en el continente. A ellas se suma la Organización de los Estados Americanos (OEA), que nunca ha estado liderada por una mujer, o la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI).
En el otro lado de la balanza, el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) ha nombrado directora ejecutiva a Diene Keita, continuando la tendencia de escoger a mujeres para el cargo más importante de la organización.
“A estas alturas, la pregunta ya no es si existen mujeres calificadas para ocupar estos cargos, sino qué impide que accedan a ellos”, concluyeron las líderes de GWL Voices.
“Más allá de los nombres, que siempre deben surgir de procesos abiertos y transparentes, la región cuenta con mujeres con trayectoria, legitimidad y visión global más que suficientes para asumir esa responsabilidad. Lo fundamental no es personalizar el debate, sino garantizar que, cuando llegue ese momento, las mujeres estén realmente en la mesa de decisiones y no solo en el discurso. El talento está ahí. El momento es ahora”, marcó la directora ejecutiva de GWL Voices, María Fernanda Espinosa.
TECHO DE CRISTAL EN LAS INSTITUCIONES
Como cada año, el informe pone la lupa en la composición de género de los puestos directivos y de liderazgo de organismos especializados, fondos, programas, departamentos y oficinas de Naciones Unidas, así como los bancos regionales de desarrollo y organizaciones como la UE, la OCDE o la OEA. En la versión de 2025, han analizado un total de 62 instituciones multilaterales.
Y aunque notan un progreso, recalcan que es frágil: la cantidad de organizaciones lideradas por una mujer a día de hoy es de un 46%, rozando la paridad, pero 21 instituciones nunca han tenido a una mujer al frente –entre ellas el Banco Mundial, la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el Organismo Internacional de Energía Atómica o la FAO, la agencia de Naciones Unidas que tiene como misión poner fin al hambre– y en 20 solo lo han estado una vez.
Si se observan los representantes permanentes de los Estados ante la ONU, continúa siendo un mundo masculinizado: ellas representan apenas el 23% de los embajadores acreditados en la actualidad y decenas de países –un total de 72– nunca han enviado a una mujer para representarlos en Nueva York. De más de 2800 representantes, solo 219 han sido mujeres y 20 Asambleas Generales, el gran foro de la ONU, se han celebrado sin diplomáticas.
“La exclusión de las mujeres del máximo nivel de liderazgo de las instituciones multilaterales no es una anomalía puntual, es un patrón estructural. Ocho décadas sin una mujer al frente de la Secretaría General no pueden explicarse por falta de talento, experiencia o legitimidad política. Tampoco que la Asamblea General haya tenido apenas cinco mujeres presidentas frente a más de 70 presidentes. El informe demuestra que hay mujeres que han liderado Estados, organismos multilaterales, procesos de paz y negociaciones complejas, y aun así el techo de cristal persiste precisamente en el espacio donde se concentra mayor poder simbólico y real. Esa brecha habla menos de las mujeres y más de un sistema que sigue reproduciendo los mismos patrones de poder”, concluyó Espinosa.
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