El norte bonaerense se prepara para enfrentar un escenario de contingencia hídrica extrema, según anticipan los expertos ante la amenaza de un fenómeno climático global con un impacto sin precedentes. Los modelos meteorológicos advierten sobre tormentas severas desde septiembrey una histórica crecida del río Paraná para el verano de 2027.

De la redacción de EL NORTE
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San Nicolás se encuentra en máxima vigilancia ante las alarmantes proyecciones meteorológicas por la llegada del fenómeno bautizado como el “Súper Niño”. El norte bonaerense se prepara para enfrentar un escenario de contingencia hídrica extrema, con proyecciones de precipitaciones que podrían superar en casi un 90% los promedios históricos y desatar una de las mayores crecidas del río Paraná de las últimas décadas.
Las alarmas locales se encienden con especial énfasis en septiembre de 2026. Por su extrema proximidad temporal, este mes se consolidará como la fase inicial del fenómeno en San Nicolás. Los especialistas advierten que el patrón de lluvias comenzará a mostrar anomalías significativas durante las próximas semanas, período en el que se registrarán los primeros acumulados por encima de la media. Si bien los meses más destructivos en términos de tormentas locales serán noviembre y diciembre, septiembre marcará el quiebre climático con precipitaciones recurrentes que saturarán la capacidad de absorción de los suelos nicoleños. Este factor es clave: la persistencia del agua durante la primavera dejará a los barrios y a las zonas rurales vulnerables, sin margen de filtración para recibir los diluvios previstos para el cierre del año.
Doble amenaza
A diferencia de otras zonas de la provincia que temen únicamente a la caída directa del agua, San Nicolás enfrenta una doble amenaza debido a su ubicación ribereña. El informe técnico detalla que, tras el pico de lluvias de diciembre, el peligro mayor y más complejo se trasladará a los meses de enero y febrero de 2027, considerados el pico crítico de la emergencia.
Durante el primer bimestre del próximo año se proyecta la llegada de la crecida histórica del río Paraná. Toda la masa hídrica generada por las copiosas precipitaciones en las cuencas altas de Brasil y Paraguay se movilizará hacia el sur, lo que impactará de lleno en la costa local.
Para enero y febrero, aunque las tormentas locales comiencen a disiparse, el nivel del río alcanzará su punto más crítico. Las autoridades locales monitorean de cerca este período debido al riesgo inminente de anegamientos severos en el Paseo Costanero, la zona del puerto, los clubes ribereños y las familias asentadas en los sectores más bajos del partido.
Antecedentes
El término “Súper Niño” no es una exageración de los meteorólogos. Las dimensiones del evento actual obligan a los expertos en hidráulica a trazar paralelismos directos con las peores inundaciones que recuerde la ciudad, al replicar las condiciones sufridas en las históricas emergencias de 1982-1983 y 1997-1998.
Las comisiones de Defensa Civil y las áreas de servicios públicos de la Municipalidad intensifican por estas horas los trabajos de limpieza de desagües pluviales, control de bombeo y mantenimiento de los terraplenes de defensa para intentar mitigar un impacto que parece inevitable.
El impacto no se limita al agua en las ciudades: rutas cortadas, alcantarillas descalzadas y semanas de parálisis para la agricultura, la ganadería y el turismo regional integran los escenarios más severos. La consigna de los especialistas es alertar sin alarmar: gobiernos con protocolos aceitados y familias con un plan básico hacen la diferencia entre emergencia y catástrofe.

