“Me temblaron las piernas”: Almada y el sueño de entrar a la fábrica de chocolate

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Buenos Aires se viste de fantasía con la llegada de Charlie y la fábrica de chocolates, la superproducción teatral que trae al escenario el universo de Willy Wonka. En este montaje, uno de los roles más entrañables quedó en manos de Sebastián Almada, que interpreta al abuelo de Charlie y define este trabajo como un verdadero “premio” a su extensa carrera.
En diálogo con Noticias Argentinas, el actor y humorista recordó la emoción que sintió cuando lo convocaron para el proyecto. “Me llamaron y me dijeron ‘Bienvenido a la fábrica de chocolate’. Me temblaron las piernas porque tenía muchas ganas de estar”, confesó, todavía con la sorpresa fresca por integrar un elenco de gran despliegue escénico y técnico.
Almada se crió viendo la película Willy Wonka y la fábrica de chocolate, protagonizada por Gene Wilder, a quien considera “un comediante brillante”. Aquella cinta, que marcó a generaciones de espectadores, fue una de sus favoritas de la infancia y hoy funciona como punto de partida emocional para construir a su personaje sobre el escenario porteño.
“Es como interpretar Cinema Paradiso y hacer del que proyectaba la película; o como La sociedad de los poetas muertos. Son films que me marcaron cuando crecí. El abuelo es un personaje que deseaba”, explicó, al trazar un paralelismo entre los clásicos del cine que lo formaron y este rol que vive como un gesto de reconocimiento profesional.
Un “mimo” tras 31 años de carrera
Con más de tres décadas de trabajo en teatro, televisión y humor, Almada entiende esta oportunidad como un punto alto en su recorrido artístico. “Es un mimo, un premio a los 31 años de experiencia y de carrera. Implica demostrar que puedo hacer esto, que estoy a la altura y que confiaron en mí, más allá de una audición complicada”, remarcó.
El comediante también se mostró orgulloso del presente de varios colegas con los que compartió escenarios y programas. Destacó a Campi, que encabezó Papá por siempre; a Miguel Ángel Rodríguez, actualmente en Annie; a José María Listorti, parte de los elencos de Matilda y La sirenita; y a Pichu, que forma parte de Anastasia. Para Almada, estos ejemplos hablan de trayectorias sólidas construidas en base a trabajo y talento.
“El tiempo pone las cosas en su lugar y demuestra quiénes somos, artistas de verdad, y los que tenían una carrera de verdad no estaban por ser amigos de alguien”, señaló, marcando diferencia con ciertas figuras que surgen al calor de las redes sociales. Sin embargo, aclaró que no tiene prejuicios cuando el talento también aparece en el terreno de los influencers: “Si hoy sale un influencer con talento y la rompe, bienvenido sea; pero cuando no, después no tienen un sustento”.
El abuelo que nace de la familia
Consultado sobre las fuentes de inspiración para construir su personaje, Almada no dudó en mirar hacia adentro de su propia historia. “Principalmente me inspiré en mi abuelo Eugenio. También le busqué la vuelta a través de algún personaje que interpretó mi viejo —el humorista y actor uruguayo Enrique Almada— porque eran muy naíf y tenían esa ternura”, contó.
Así, el abuelo de Charlie que se ve en escena condensa recuerdos familiares, climas de la infancia y una sensibilidad heredada. La ternura, la ingenuidad y el sentido del humor se combinan para darle profundidad a una figura que, en la obra, encarna la esperanza de un futuro mejor para el niño protagonista.
Un acontecimiento teatral para toda la familia
Almada no duda cuando tiene que “vender” el espectáculo. Define a Charlie y la fábrica de chocolates como “el acontecimiento teatral del año”, una propuesta que conjuga una producción de gran escala con un relato clásico que sigue interpelando al público actual.
- Un texto “hermosísimo” que destaca valores como la humildad, la bondad y la buena crianza.
- Una puesta visual impactante que recrea el mundo de Willy Wonka y su fábrica de dulces.
- Un elenco con figuras del humor y del teatro musical, pensado para grandes y chicos.
“Es el espectáculo del año, con un mensaje precioso, donde ganan los buenos, la humildad y el niño bien criado”, resume Sebastián Almada.
Con funciones en Buenos Aires y una fuerte apuesta a convertirse en uno de los grandes éxitos de la cartelera, Charlie y la fábrica de chocolates se consolida como una opción ideal para disfrutar en familia. Y para Almada, el desafío de ser el abuelo de Charlie no solo es un rol más, sino la confirmación de que el trabajo sostenido, tarde o temprano, encuentra su recompensa.

