Cierre definitivo del principal diario opositor al Kremlin

NewsITe
El periódico opositor ruso Nóvaya Gazeta, referente del periodismo de investigación crítico con el Kremlin y símbolo de resistencia informativa desde la década del ’90, anunció el fin definitivo de sus actividades tras denunciar una escalada de presiones, persecuciones y censura por parte de las autoridades de Rusia.
La confirmación llegó a través de una declaración pública difundida en YouTube por su redactor jefe, Serguéi Sokolov, quien comunicó que el próximo 9 de noviembre “apagarán la luz” de la redacción, cerrarán los servidores y pondrán fin a tres décadas de trabajo periodístico. “Nos han matado”, sintetizó, en un mensaje cargado de dramatismo y que tuvo amplio eco en medios internacionales.
Sokolov sostuvo que las autoridades y los servicios de seguridad rusos, en particular el Servicio Federal de Seguridad (FSB), llevaron adelante una ofensiva coordinada que terminó por asfixiar al medio. Entre las medidas denunciadas figuran el bloqueo del sistema de donaciones de lectores, la confiscación de la imprenta, la inhabilitación de la licencia para publicar en papel y en línea, y múltiples trabas para cualquier forma de difusión dentro del país.
El cierre afecta a un medio que había logrado sostenerse incluso después de que, en 2022, el regulador estatal le retirara la licencia. Desde entonces, parte de su equipo continuó trabajando desde el exterior a través de un proyecto digital, Nóvaya Gazeta Europa, que luego fue declarado “organización indeseable” y prohibido en Rusia, en el marco del endurecimiento del control sobre la prensa independiente.
Persecución, violencia y periodistas asesinados
En su mensaje de despedida, la redacción recordó que al menos seis periodistas y colaboradores de Nóvaya Gazeta fueron asesinados desde su fundación en 1993, entre ellos la reportera Anna Politkóvskaya, reconocida por documentar crímenes de guerra y violaciones a los derechos humanos en Chechenia. Su crimen, ocurrido hace veinte años en Moscú, se convirtió en un símbolo de los riesgos que implica el periodismo crítico en Rusia.
El propio exeditor jefe del diario, Dmitri Murátov, fue víctima de un violento ataque que casi lo dejó ciego, según denunciaron sus colegas. Pese a que, aseguran, las autoridades conocían a los responsables, nunca se avanzó en una causa penal. Con el tiempo, cada vez más periodistas vinculados al medio fueron etiquetados como “agentes extranjeros”, figura legal utilizada para acallar voces disidentes.
La presión no se limitó a agresiones y amenazas. En abril, la redacción fue allanada y uno de sus periodistas, Oleg Rolduguin, fue detenido en el marco de una causa penal. En septiembre, el propio periódico pasó a integrar la lista oficial de “agentes extranjeros”, lo que multiplica las restricciones económicas, legales y administrativas para el funcionamiento cotidiano.
Un legado clave del periodismo independiente ruso
Nóvaya Gazeta nació en 1993 con el apoyo del último dirigente soviético, Mijaíl Gorbachov, y se destacó por investigar temas sensibles en la Rusia contemporánea: crímenes del Ejército, corrupción de las élites, abusos del grupo Wagner, persecución a la comunidad LGBTIQ+ y violaciones a los derechos humanos en distintas regiones del país.
En 2021, Murátov recibió el Premio Nobel de la Paz en reconocimiento a la defensa de la libertad de expresión y del periodismo independiente, en un contexto de creciente autoritarismo. Para la redacción, el cierre del diario confirma la consolidación de “una dictadura militar” en Rusia y la reinstalación de una censura de facto sobre los medios críticos.
“Dicen que defienden el orden constitucional. Pero no, es un orden inconstitucional. Porque la Constitución ha sido violada, golpeada y amordazada. El asesinato de Nóvaya Gazeta es una prueba más de ello”, señalaron los periodistas en su mensaje de despedida.
Pese al escenario adverso, Sokolov adelantó que el medio publicará un “último número” antes de cesar definitivamente sus actividades. Organismos internacionales de derechos humanos y entidades de prensa ya alertan que el cierre del histórico periódico representa un nuevo golpe a la libertad de expresión y al derecho a la información en Rusia.

