Qué pasa en el cerebro cuando escuchamos música en vivo

La ciencia explica el magnetismo de los recitales en vivo

Investigación científica sobre la música en vivo y el cerebro

NewsITe

Escuchar un disco en casa, con auriculares de alta fidelidad o un buen equipo de audio, no es lo mismo que estar en un recital. Esa sensación de conexión especial que se vive en un concierto en vivo ahora tiene una explicación científica: nuestro cerebro responde de manera diferente cuando la música sucede en tiempo real.

Una investigación de la Universidad Northeastern, en Estados Unidos, realizada en conjunto con el New England Conservatory, reveló que las actuaciones en vivo logran sincronizar las ondas cerebrales con la música de forma más intensa que las grabaciones. El trabajo, publicado en la revista Social Cognitive and Affective Neuroscience, ayuda a entender por qué los shows en directo resultan más emocionantes y memorables para el público.

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Psyche Loui, directora del laboratorio de Música, Imágenes y Dinámica Neuronal (MIND) de Northeastern, explicó que los ritmos cerebrales tienden a alinearse con los ritmos musicales y que este fenómeno se potencia cuando la música se ejecuta en vivo. Esa “sintonía fina” entre cerebro y sonido se asocia con una mayor sensación de implicación emocional y con una mejor retención de lo que se escucha.

Ondas cerebrales, ondas sonoras

El estudio se basó en una representación común para describir tanto el sonido como la actividad cerebral: las ondas. Así como la música puede graficarse como variaciones ondulantes de frecuencia y amplitud, la actividad eléctrica del cerebro —producto de la acción sincronizada de millones de neuronas— también se mide en forma de ondas.

Según difundió el sitio especializado Medical Express, esa coincidencia permite estudiar el grado de acoplamiento entre lo que suena y lo que el cerebro procesa. Cuando ese acoplamiento es fuerte, se habla de “sincronización de fases”, un mecanismo clave para entender cómo percibimos patrones rítmicos complejos y por qué ciertas experiencias musicales resultan particularmente envolventes.

Cómo fue el experimento con música de Bach

Para poner a prueba estas hipótesis, los investigadores registraron la actividad cerebral de 21 voluntarios mediante electroencefalograma, una técnica no invasiva que mide la electricidad generada por el cerebro. Los participantes escucharon con los ojos cerrados tanto grabaciones como interpretaciones en vivo del violinista Joshua Brown, en una sala de conciertos.

El repertorio elegido fueron dos piezas rápidas y dos lentas de las Sonatas y Partitas para violín solo de Johann Sebastian Bach, un clásico del repertorio barroco. Al comparar los datos, el equipo comprobó que las frecuencias de las ondas cerebrales se alineaban con las ondas musicales y que esta sincronización era especialmente fuerte durante las interpretaciones en directo, sobre todo en los pasajes de ritmo más acelerado.

  • Los ensayos en vivo mostraron un acoplamiento neuroacústico significativamente mayor que las grabaciones.
  • La sincronización fue más intensa en las piezas rápidas, donde el pulso rítmico es más marcado.

Más placer, más atención y mayor conexión social

Además de medir la actividad cerebral, los investigadores pidieron a los participantes que calificaran su experiencia. De manera consistente, las actuaciones en vivo fueron evaluadas como más atractivas, más placenteras y menos distractoras que las versiones grabadas. También fueron percibidas como más espontáneas y comprometidas por parte del intérprete.

“Si te sentías más involucrado con la actuación en directo, tu cerebro también estaba más involucrado con la actuación en directo”, resumió Loui al comentar los resultados del estudio.

Los autores sostienen que esta mayor respuesta dinámica al ritmo musical podría ser la base neuronal del enorme atractivo de los conciertos en vivo y de las teorías que vinculan la música con la cohesión social. Estar en una sala de conciertos, compartir una misma obra y un mismo clima emocional con otras personas, no sólo se percibe distinto: también se procesa de otra manera en el cerebro.

De cara al futuro, el equipo planea nuevas investigaciones que comparen presentaciones de coro frente a solistas, canto frente a habla o recitación, e incluso conversación frente a lectura de poesía. El objetivo es seguir desentrañando cómo el contexto y la forma de la comunicación influyen en la manera en que nuestro cerebro se sincroniza con los sonidos que nos rodean.

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