La decisión del Congreso profundizó la inestabilidad política en Perú y abrió un nuevo escenario de incertidumbre institucional en la antesala de las elecciones nacionales, previstas dentro de apenas dos meses.

Perú volvió a ingresar en una fase de fuerte inestabilidad política luego de que el Congreso de la República del Perú resolviera destituir al presidente interino José Jeri, a apenas dos meses de la realización de las elecciones nacionales.
La decisión parlamentaria se adoptó en un contexto de alta tensión institucional y profundiza la incertidumbre sobre el rumbo político del país en la antesala de un proceso electoral clave. La destitución reabre el debate sobre la fragilidad del esquema de gobernabilidad y el rol del Congreso en la sucesión del Poder Ejecutivo.
El episodio se suma a una extensa cadena de conflictos entre los poderes del Estado que Perú arrastra desde hace varios años, con sucesivos cambios de presidentes, mociones de vacancia y crisis de legitimidad. En ese marco, el escenario previo a las elecciones aparece atravesado por una marcada desconfianza social y una creciente polarización política.
A partir de la salida de Jeri, el foco se traslada ahora a los mecanismos constitucionales para garantizar la continuidad institucional y la organización del calendario electoral. La comunidad internacional y los actores políticos locales siguen con atención la evolución de los acontecimientos, ante el riesgo de un nuevo vacío de poder.

