El físico belga fue reconocido por sus contribuciones decisivas al Observatorio de Neutrinos IceCube, instalado bajo el hielo de la Antártida, y por el descubrimiento de neutrinos de alta energía provenientes del cosmos.

La Real Academia de Ciencias de Suecia otorgó este martes el Premio Nobel de Física 2026 al físico belga Francis Halzen, de 82 años, por sus contribuciones decisivas al Observatorio de Neutrinos IceCube y por el descubrimiento de neutrinos de alta energía de origen astrofísico. El reconocimiento destaca una investigación que permitió observar el universo de una manera diferente: no a través de la luz, sino mediante partículas capaces de atravesar enormes cantidades de materia.
Halzen, profesor de la Universidad de Wisconsin-Madison, fue una figura central en el desarrollo de IceCube, un gigantesco detector construido en el hielo del Polo Sur. El instrumento ocupa aproximadamente un kilómetro cúbico de hielo y cuenta con miles de sensores ópticos capaces de registrar los diminutos destellos de luz que se producen cuando un neutrino interactúa con la materia.
Los neutrinos son partículas elementales extremadamente abundantes, prácticamente sin carga eléctrica y con una masa diminuta. Debido a que interactúan muy raramente con la materia, pueden atravesar la Tierra y nuestros cuerpos sin dejar prácticamente ninguna señal. Esa misma característica los convierte en una herramienta excepcional para estudiar fenómenos que ocurren a enormes distancias.
La idea de utilizar el hielo antártico como un enorme detector de neutrinos fue desarrollada por Halzen durante décadas. El proyecto IceCube comenzó a construirse en 2004 y fue completado en 2010. Sus sensores están distribuidos a profundidades que llegan aproximadamente a los 2.500 metros bajo la superficie del hielo antártico.
El gran salto científico llegó en 2013, cuando IceCube presentó la primera evidencia de un flujo de neutrinos de alta energía procedentes de fuera del Sistema Solar. Aquellas partículas permitieron comenzar a estudiar algunos de los ambientes más extremos del universo y localizar posibles fuentes de rayos cósmicos.
Los neutrinos de origen astrofísico funcionan así como verdaderos mensajeros cósmicos. Al viajar prácticamente en línea recta y atravesar materia que bloquea otras formas de radiación, pueden aportar información sobre fenómenos extremadamente energéticos, como los entornos asociados a agujeros negros supermasivos, explosiones estelares y otros aceleradores naturales de partículas.
El Observatorio IceCube registró además importantes avances posteriores. Entre ellos, la identificación de neutrinos vinculados con fuentes astrofísicas concretas y el estudio de partículas con energías muy superiores a las que pueden alcanzarse en los aceleradores construidos por el ser humano.
La distinción reconoce también la dimensión internacional del proyecto. IceCube reúne a investigadores de numerosos países y se convirtió en una de las principales infraestructuras científicas para la denominada astronomía de neutrinos. La propia Academia Sueca destacó que la visión científica y el liderazgo de Halzen fueron fundamentales para transformar una idea considerada durante años extremadamente ambiciosa en un instrumento capaz de observar partículas provenientes de las regiones más energéticas del universo.
Halzen recibió la noticia mientras se encontraba en Italia. Durante una comunicación telefónica con la organización del Nobel reconoció que el anuncio había sido una sorpresa y manifestó su esperanza de que el reconocimiento contribuya a impulsar nuevas propuestas científicas.
El Premio Nobel de Física 2026 está dotado con 12 millones de coronas suecas, unos 1,2 millones de dólares. La ceremonia oficial de entrega se realizará en Estocolmo el próximo 10 de diciembre.
Con el reconocimiento a Halzen, los neutrinos -durante décadas considerados unas de las partículas más esquivas de la física- quedan definitivamente instalados como una nueva herramienta para explorar el universo. Desde el hielo del extremo sur del planeta, IceCube permitió convertir esas partículas casi invisibles en señales capaces de revelar qué ocurre en algunos de los lugares más violentos y lejanos del cosmos.


