Colombia define su rumbo político entre dos modelos opuestos

Este domingo, más de 41 millones de colombianos están llamados a las urnas para decidir en un balotaje muy ajustado quién gobernará el país entre 2026 y 2030. La elección se da en un contexto de fuerte polarización política y una escalada de violencia que reavivó el debate sobre la seguridad, la paz y el rumbo económico de la nación sudamericana.
En la segunda vuelta se enfrentan dos figuras que encarnan proyectos profundamente distintos. Por un lado, Abelardo de la Espriella, abogado de 47 años, outsider de la política tradicional y conocido como “El Tigre”, capitaliza el malestar con la inseguridad y propone una agenda de mano dura. Por el otro, Iván Cepeda, filósofo de 63 años y referente histórico de los derechos humanos, se presenta como garante de la continuidad del proyecto progresista impulsado por el presidente saliente, Gustavo Petro.
En la primera vuelta, realizada el 31 de mayo, De la Espriella obtuvo 10,3 millones de votos (43,74%), mientras que Cepeda cosechó 9,7 millones (40,90%). La estrecha diferencia mantiene en suspenso el desenlace e impulsa una intensa disputa por el voto indeciso y el electorado que acompañó a las fuerzas que quedaron fuera del balotaje. Analistas consultados en Bogotá advierten que el resultado podría definirse por un margen mínimo.
Violencia, paz inconclusa y el balance del gobierno Petro
La jornada electoral tiene lugar en medio de un clima de seguridad tenso. En las últimas horas, 99 integrantes de la disidencia de las extintas FARC, agrupados bajo el nombre “Coordinadora Nacional Ejército Bolivariano”, iniciaron un proceso de entrega de armas en el departamento de Putumayo, en el marco de los diálogos con el gobierno. El gesto fue presentado por el oficialismo como un avance en la implementación de la paz.
Sin embargo, amplios sectores de la sociedad responsabilizan a la administración de Petro por el deterioro de la seguridad interna. En la última década se registró un aumento de ataques con coches bomba, uso de drones explosivos y el asesinato de dirigentes, incluyendo a un candidato presidencial, lo que alimentó el reclamo por una respuesta más dura frente a los grupos armados y al narcotráfico.
Petro, impedido por la Constitución de buscar la reelección, termina su mandato con altos niveles de aprobación entre los sectores populares, que valoran la mejora del empleo, el incremento de salarios y la reducción de la pobreza. No obstante, el estancamiento de las negociaciones de paz con otras guerrillas que permanecieron en armas tras el acuerdo de 2016 y la percepción de inseguridad reforzaron el deseo de cambio en parte del electorado.
Dos visiones de país en pugna
De la Espriella, un millonario sin experiencia previa en cargos públicos, construyó su campaña con una retórica frontal y alineamientos internacionales claros. Cuenta con el respaldo explícito del ex presidente estadounidense Donald Trump y ha elogiado las políticas de seguridad del salvadoreño Nayib Bukele, así como el enfoque económico del presidente argentino Javier Milei. Sus actos de campaña, realizados con chaleco antibalas, buscan subrayar la idea de un país en emergencia.
Entre sus propuestas más controvertidas figuran la dolarización de la economía, el impulso al fracking como motor energético, un recorte del 40% del gasto estatal y la construcción de megacárceles subterráneas para enfrentar al crimen organizado. “A Colombia la voy a defender por la razón o por la fuerza”, ha repetido el candidato, quien también acumula cuestionamientos por declaraciones machistas y homófobas que preocupan a organizaciones sociales y de derechos humanos.
Del otro lado, Cepeda plantea consolidar y corregir la agenda social y ambiental del actual gobierno. Hijo de un histórico dirigente comunista asesinado, el candidato de izquierda es una figura emblemática de la defensa de los derechos humanos y sostiene una postura de soberanía frente a Washington, al punto de calificar a Trump como un “magnate convicto”. En campaña, se mostró dispuesto a revisar la estrategia de seguridad para atraer al voto moderado y a sectores urbanos desencantados con el aumento de la violencia.
Impacto regional y escenario abierto tras el balotaje
El desenlace de la elección será seguido de cerca en América Latina y en las principales capitales del mundo. Una victoria de De la Espriella podría significar un giro hacia políticas de seguridad de línea dura y un acercamiento a gobiernos conservadores de la región, además de una mayor alineación con Estados Unidos e Israel en materia de defensa. Sus críticos alertan sobre los riesgos de retrocesos en derechos civiles y ambientales.
Un triunfo de Cepeda, en cambio, consolidaría la experiencia de izquierda en Colombia, un país históricamente gobernado por élites conservadoras, y fortalecería el bloque progresista regional. No obstante, debería lidiar con un Congreso fragmentado, presiones económicas y el desafío de mejorar la seguridad sin abandonar los compromisos de paz.
Con encuestas cerradas y una ciudadanía dividida, Colombia se encamina a una de las decisiones más trascendentes de su historia reciente, con impacto que trasciende sus fronteras y será observado con atención también desde la Argentina.


