Nuevos peajes en la Ruta 3 y un viejo reclamo por su deterioro

NewsITe
La Ruta Nacional 3, uno de los corredores viales más extensos y estratégicos del país, sumará cinco nuevas estaciones de peaje en territorio bonaerense en el marco del nuevo esquema de concesiones impulsado por el Gobierno nacional. La decisión reavivó las críticas de usuarios y organizaciones que desde hace años cuestionan el deterioro de la traza y reclaman obras de fondo.
De acuerdo con la información presentada por la Dirección Nacional de Vialidad (DNV) ante el Concejo Deliberante de Azul, la futura concesión del tramo Cañuelas–Bahía Blanca incluirá nuevas cabinas de cobro en Gorchs (km 145), Azul (km 290), Chillar (km 380), Tres Arroyos (km 520) y Coronel Dorrego (km 626). Estos peajes se sumarán al que ya funciona en Cañuelas, conformando una red de seis puntos de cobro a lo largo de uno de los caminos más transitados por automovilistas, transportistas y turistas rumbo al sur bonaerense y la Patagonia.
El proyecto se enmarca en la denominada Red Federal de Concesiones, que habilita la participación privada para el mantenimiento, operación y ejecución de obras en distintos corredores nacionales. Sin embargo, la decisión de avanzar con más peajes sobre una ruta fuertemente cuestionada por su mal estado generó un inmediato contrapunto en la región.
Una ruta clave atravesada por baches y siniestralidad
En los últimos meses se multiplicaron los reclamos de vecinos, choferes de camiones, empresas de transporte y usuarios frecuentes de la Ruta 3 por la presencia de baches profundos, deformaciones en la calzada, banquinas inestables y sectores con elevado índice de siniestros viales. Los tramos entre Cañuelas y Azul, Azul y Cacharí, y el histórico corredor San Miguel del Monte–Gorchs figuran entre los más cuestionados.
En septiembre de 2025, el intendente de Azul, Nelson Sombra, incluso presentó una medida cautelar ante la Justicia Federal para exigir tareas urgentes de mantenimiento y bacheo, al advertir sobre la creciente peligrosidad del corredor. La Ruta 3 conecta la Ciudad de Buenos Aires con la Patagonia y culmina en Bahía Lapataia, Tierra del Fuego, por lo que resulta vital para el transporte de cargas, la producción agropecuaria, el turismo y la articulación entre múltiples localidades.
Qué obras promete la nueva concesión
Según la documentación oficial, la empresa que resulte adjudicataria deberá encarar durante el primer año una serie de trabajos de puesta en valor. Entre las tareas previstas se enumeran:
- Bacheo superficial y profundo en los sectores más deteriorados.
- Sellado de grietas y reparación con hormigón en puntos críticos.
- Fresado de deformaciones y rehabilitación de calzada y banquinas.
- Renovación de la señalización vertical y horizontal.
- Mantenimiento de banquinas, iluminación y desmalezado.
El pliego también contempla la construcción de una pasarela peatonal en el kilómetro 297,8, una obra largamente solicitada por la comunidad educativa de la Escuela Nº 27 para mejorar la seguridad en la zona. Además, se prevé la colocación de más de 52.000 toneladas de concreto asfáltico en distintos sectores durante los primeros años de la concesión.
El reclamo por la autovía y el debate por el peaje
Organizaciones de familiares de víctimas de siniestros viales, vecinos autoconvocados y entidades vinculadas a la seguridad vial sostienen que el problema de fondo de la Ruta 3 excede el mantenimiento básico. Desde hace años impulsan la transformación del corredor en una autovía, al considerar que el flujo de camiones, micros de larga distancia y vehículos particulares ya no se corresponde con una ruta de una sola mano por sentido.
Para estos sectores, la discusión no debería limitarse al cobro de peajes ni a los arreglos periódicos, sino orientarse a una solución estructural que reduzca de manera sustancial la siniestralidad en uno de los corredores más extensos y estratégicos de la Argentina.
Vialidad Nacional aclaró que, por el momento, la nueva concesión no incluye la construcción de una autovía sobre la Ruta 3. Esa definición volvió a encender las críticas en las localidades afectadas, donde crece la sensación de que se paga más por utilizar una ruta que sigue siendo peligrosa y que, pese a las obras prometidas, aún está lejos de ofrecer estándares adecuados de seguridad vial.

