La Iglesia conmemora hoy a Nuestra Señora de las Nieves, advocación mariana que tiene su origen en un milagro ocurrido en Roma durante el siglo IV.

Cada 5 de agosto, los fieles de todo el mundo honran a Nuestra Señora de las Nieves. Esta advocación mariana que remite a una sorprendente nevada ocurrida en pleno verano romano, signo que habría marcado el lugar donde debía construirse una iglesia dedicada a la Virgen María.
Según la tradición, el 5 de agosto del año 358, una copiosa nevada cubrió parte del monte Esquilino en Roma. La Virgen se habría aparecido en sueños al papa Liberio y a un noble matrimonio sin hijos, indicándoles que allí construyeran un templo en su honor. El papa trazó el contorno del futuro santuario sobre la nieve y, con el tiempo, se erigió la actual Basílica de Santa María la Mayor, una de las cuatro basílicas mayores de Roma.
La historia de este milagro dio origen a una de las devociones más antiguas y queridas del mundo católico. Por eso, cada 5 de agosto se celebra la dedicación de Santa María la Mayor. Allí se honra a María como Nuestra Señora de las Nieves.
Una devoción extendida en todo el mundo
La advocación de Nuestra Señora de las Nieves se extendió desde Roma hacia distintas regiones del mundo. Fue inspirando el nombre de parroquias, ermitas y ciudades. Muchos pueblos latinoamericanos la adoptaron como patrona, como por ejemplo Las Nieves en Galicia, España; o la localidad argentina de Nuestra Señora de las Nieves en Buenos Aires.
En distintos lugares se realizan procesiones, misas y celebraciones populares. En Roma, cada año se recrea la nevada milagrosa con una lluvia de pétalos blancos que cae desde la cúpula de Santa María la Mayor, recordando aquel evento prodigioso del siglo IV.
Símbolo de pureza y guía espiritual
Nuestra Señora de las Nieves representa la pureza, la fe sencilla y el auxilio maternal. Muchos fieles le rezan en busca de protección, sanación y consuelo. Su imagen suele representarse con vestiduras blancas y un manto azul, evocando la nieve y el cielo, elementos que simbolizan lo divino y lo inmaculado.
Esta advocación también es una invitación a confiar en la providencia divina. El mensaje del milagro del monte Esquilino es claro: cuando se pone la vida en manos de Dios, Él actúa con signos visibles y poderosos.

