Mujeres con Oficio: Córdoba que rompe estereotipos laborales

Mujeres que abren camino en oficios históricamente masculinos

Mujeres capacitándose en oficios tradicionalmente masculinos en Córdoba

NewsITe

En la ciudad de San Francisco, en la provincia de Córdoba, un proyecto impulsado por la docente Sandra Bulacio está transformando la vida de miles de mujeres y, al mismo tiempo, desafiando uno de los mandatos sociales más arraigados: que ciertos oficios son “cosa de hombres”. Carpintería, plomería, gas, metalúrgica y electricidad son hoy terrenos donde ellas ganan espacio, formación y trabajo registrado.

La asociación civil Mujeres con Oficio nació hace casi siete años y se consolidó como un espacio de capacitación e inserción laboral orientado a mujeres que quieren aprender y trabajar en rubros históricamente masculinizados. Desde entonces, ya realizaron más de 70 cursos en San Francisco y la región, y capacitaron a más de 6.500 mujeres. De ellas, alrededor de 2.000 lograron acceder a un empleo, muchos de ellos formales, con mejores condiciones que los trabajos precarios que tenían antes.

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El origen del proyecto fue casi casual: Sandra publicó en redes que necesitaba un carpintero y luego se preguntó si no habría alguna carpintera. La respuesta fue contundente: más de 200 mujeres se contactaron, algunas con experiencia en oficios y otras con el deseo de aprender. Esa reacción dejó al descubierto una doble realidad: la falta de propuestas de formación diseñadas específicamente para mujeres y la fuerte demanda de capacitación para acceder a mejores oportunidades económicas.

Capacitación, autonomía económica y derribo de prejuicios

Mujeres con Oficio se apoya en tres ejes centrales: la enseñanza de oficios no convencionales para mujeres, la facilitación de la inserción laboral y el abordaje de la corresponsabilidad en las tareas de cuidado. Este último punto es clave en un país donde la mayoría de las tareas domésticas y de crianza siguen recayendo sobre las mujeres, lo que muchas veces les impide aceptar empleos mejor remunerados o con horarios más exigentes.

Bulacio remarca que la vulnerabilidad económica también es un problema de género. Cerca del 85% de las familias monoparentales está encabezado por mujeres, muchas de las cuales no reciben la cuota alimentaria que les corresponde. En ese contexto, la autonomía económica se vuelve una herramienta central para prevenir y salir de situaciones de violencia de género. La propia referente reconoce que atravesó episodios de violencia y que esa experiencia la impulsa a fortalecer a otras mujeres.

El trabajo de la asociación se mantuvo siempre independiente de partidos políticos, religiones e ideologías. En una localidad de unos 70.000 habitantes, el inicio fue desafiante: hubo sospechas, prejuicios y resistencias. Sin embargo, el proyecto se sostuvo con una premisa clara: evitar nuevas grietas y sumar tanto a mujeres como a varones en un mismo objetivo, el de equiparar oportunidades en el mundo del trabajo.

Aliados, logros y reconocimientos a una experiencia inspiradora

Paradójicamente, en los primeros pasos de Mujeres con Oficio fueron los varones quienes brindaron el apoyo técnico imprescindible. No había suficientes mujeres albañilas, soldadoras o durleras para dictar cursos, por lo que maestros de oficio comenzaron a sumarse en forma voluntaria. Con el tiempo, se fueron incorporando empresas y fábricas que ofrecieron capacitaciones, pasantías y espacios de práctica sin costo, lo que permitió profesionalizar el proyecto y ampliar la llegada.

Hoy, uno de los mayores orgullos de Sandra son los llamados y mensajes de las egresadas: mujeres que consiguieron empleo tras completar cursos de manejo de autoelevadores, electricidad o mantenimiento industrial. Muchas pasaron de trabajos informales y mal remunerados a puestos en blanco, con estabilidad y proyección. “La satisfacción llega cuando las vemos a la altura de cualquier varón y elegidas por su capacidad, no solo por ser mujeres”, suele remarcar la fundadora.

El impacto de la iniciativa también fue reconocido fuera de San Francisco. Bulacio recibió el premio Holcim 2024, que distingue a mujeres que inspiran en el ámbito de la construcción, y fue finalista del Premio Abanderados, quedando entre las ocho personas destacadas de la Argentina por su labor social diaria. Para la docente, más allá de los galardones, el verdadero reconocimiento está en cada mujer que se anima a tomar una herramienta, romper un estereotipo y construir su propio futuro.

“Buscamos que no nos tomen solo por ser mujeres, sino porque sabemos lo que hacemos, somos buenas y responsables. Este es el camino correcto”, resume Sandra Bulacio, referente de Mujeres con Oficio.

En un contexto económico complejo, experiencias como Mujeres con Oficio muestran que el acceso a la formación y al empleo digno puede ser una de las llaves más concretas para la igualdad de género y la reducción de la violencia. El desafío, coinciden en la organización, es seguir sumando cursos, alianzas y oportunidades para que cada vez más mujeres puedan vivir de su oficio.

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