Messi y el MetLife: del adiós frustrado a la despedida final

Diez años de una historia de amor, dolor y gloria

Lionel Messi en el MetLife Stadium, escenario de sus dos despedidas con la Selección Argentina

NewsITe

Buenos Aires, 2 de septiembre (NA) – El MetLife Stadium, en Nueva Jersey, quedó marcado para siempre en la memoria del fútbol argentino. Lo que para muchos es solo un gigante de cemento en Estados Unidos, para los hinchas albicelestes se convirtió en escenario de dos momentos extremos: la noche en la que Lionel Messi casi abandona para siempre la Selección, y la tarde en la que efectivamente se despidió del equipo nacional.

Diez años exactos separan aquel 26 de junio de 2016 del 19 de julio de 2026. Una década atravesada por lágrimas, dudas, redenciones y gloria absoluta. La simetría no es casual para quien llevó el número 10 como una segunda piel: el mismo dorsal que iluminó canchas en todo el mundo sirve ahora como cifra que une dos puntos clave de su historia con la camiseta celeste y blanca.

En 2016, la final de la Copa América Centenario ante Chile terminó en frustración. Tras fallar su penal en la definición, Messi, devastado, lanzó una frase que heló al país: “Se terminó para mí la selección”. Aquella noche, el MetLife fue bautizado como estadio maldito: el lugar donde el mejor de todos parecía tenerle prohibida la gloria con Argentina.

Sin embargo, lo que vino después fue una lección colectiva de fe. El país entero lo fue a buscar, lo persuadió para que volviera y él respondió a la altura de los mitos: lideró el camino hacia la Copa América 2021 en Brasil, volvió a consagrarse en 2024 y, sobre todo, coronó su carrera con el Mundial de Catar 2022, devolviendo a la Selección a la cima del planeta fútbol.

Del abismo a la eternidad: la última función en Nueva Jersey

Por eso, que su último partido con la Selección también haya sido en el MetLife roza la poesía dolorosa. El 19 de julio de 2026, frente a España, la historia volvió al mismo césped. Esta vez el resultado –derrota en tiempo extra con gol de Ferran Torres– fue apenas un detalle dentro de un contexto completamente distinto: el maleficio ya no existía y el estadio dejó de ser una maldición para convertirse en portal de despedida.

Messi se fue con la serenidad de quien ya había cumplido cada una de las promesas, propias y ajenas. Para los hinchas argentinos, nunca fue solo una zurda privilegiada ni una tormenta de récords: fue refugio emocional, excusa para salir a la vereda con la 10 en la espalda –original o trucha– y sentirse invencible durante 90 minutos.

Desde cualquier rincón del país, su figura representó la certeza de que era posible conquistar el mundo partiendo desde abajo. Sus números impresionan: más de 800 goles oficiales, 8 Balones de Oro, títulos continentales con la Selección en 2021 y 2024, y la tercera estrella mundial en Catar 2022. Con la camiseta argentina, dejó una marca de 207 partidos y 125 goles, registros que lo confirman como el máximo símbolo de la historia futbolera nacional.

Un capitán que nos dejó mal acostumbrados a la magia

  • 207 partidos y 125 goles con la Selección Argentina mayor.
  • Campeón de América en 2021 y 2024, y del mundo en Catar 2022.
  • Más de 800 goles oficiales a nivel clubes y selección.
  • Ocho Balones de Oro, récord absoluto en la historia del fútbol.

Tras su despedida, el país vive una sensación extraña: un silencio espeso en las calles, una mezcla de vértigo y orfandad futbolera. El hincha se pregunta cómo será habitar una Selección sin su liderazgo silencioso, sin esa pausa perfecta ni esa certeza casi irracional de que, mientras él estuviera en la cancha, todo era posible.

Se fue el capitán que curó derrotas, que convirtió tristezas en abrazos multitudinarios y que dejó al fútbol argentino mal acostumbrado a la magia.

El círculo se cerró en el mismo lugar donde casi se rompe para siempre. El MetLife, antes símbolo de dolor, queda ahora como escenario de una retirada madura, con las cuentas saldadas y el deber más que cumplido. A los argentinos nos queda el consuelo de haber sido contemporáneos de su obra y la certeza de que, gracias a Messi, durante muchos años fuimos inmensamente felices cada vez que la pelota empezó a rodar.

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