Médicos Sin Fronteras alerta sobre la deuda pendiente de poder “dar a luz sin perder la vida”

CADA DOS MINUTOS, UNA MUJER MUERE EN EL MUNDO POR COMPLICACIONES DEL EMBARAZO O EL PARTO

La organización advierte que `la mayoría de estas muertes podrían evitarse con acceso a una atención obstétrica oportuna y de calidad´. La organización alertó además “que los recortes actuales en la financiación humanitaria agravarán aún más esta crisis”. “Reducir aún más los recursos disponibles solo aumentará el número de mujeres y recién nacidos que mueren por causas evitables”, notan los especialistas.

De la Redacción de EL NORTE
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En 2023, unas 260.000 mujeres murieron en todo el mundo por complicaciones relacionadas con el embarazo y el parto, según datos de Naciones Unidas. Esto equivale a más de 700 muertes al día. La inmensa mayoría ocurrieron en países de ingresos bajos y medios, donde el acceso a servicios de salud materna sigue siendo limitado o inexistente. Médicos Sin Fronteras (MSF) denunció en una reciente publicación “que estas muertes no son inevitables y que podrían prevenirse con una atención obstétrica oportuna y de calidad”. La organización alertó además “que los recortes actuales en la financiación humanitaria agravarán aún más esta crisis”.

Las mujeres embarazadas se encuentran entre las personas más vulnerables en contextos de guerra, desplazamiento forzado, violencia extrema o desastres naturales. En países como Nigeria, República Centroafricana o Bangladesh, donde trabaja MSF, las dificultades para acceder a una atención médica que salve vidas son sorprendentemente similares, pese a la distancia entre continentes”, notaron. En algunas regiones, las mujeres recorren hasta 100 kilómetros para recibir atención durante el embarazo o el parto.

LOS TRES RETRASOS

Las principales causas de muerte materna —hemorragias e infecciones generalmente tras el parto, hipertensión durante el embarazo, complicaciones en el parto y abortos no seguros— son en gran medida prevenibles. Sin embargo, muchas mujeres mueren debido a lo que se conoce como los “tres retrasos”: el retraso en decidir buscar atención médica, el retraso en llegar a un centro de salud y el retraso en recibir un tratamiento adecuado una vez allí.

“La falta de centros de salud, las largas distancias, la inseguridad, la falta o el coste del transporte y la escasez de personal y medicamentos hacen que llegar a tiempo sea, para muchas mujeres, casi imposible”, explicó Nadine Karenzi, responsable médica de MSF en Batangafo (República Centroafricana). En algunos contextos, los centros de salud solo funcionan unas pocas horas al día o carecen de personal cualificado para atender emergencias obstétricas.

A estas barreras se suman factores sociales y culturales. “Una mujer puede estar sangrando o sufrir una complicación grave, pero no se le permite ir al hospital sin el permiso de su marido”, señala Patience Otse, supervisora de matronas de MSF en Shinkafi (Nigeria). El estigma, las desigualdades de género y la falta de autonomía limitan aún más la capacidad de las mujeres para decidir sobre su propia salud.

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Por otra parte, el aborto no seguro sigue siendo una de las causas más ignoradas —y estigmatizadas— de mortalidad materna en muchos de los contextos donde trabaja MSF. “Tratamos regularmente a mujeres con complicaciones graves y potencialmente mortales tras abortos practicados en condiciones insalubres”, explica Raquel Vives, matrona y experta en salud sexual y reproductiva de MSF. “Las leyes restrictivas, el estigma y la falta de acceso a anticonceptivos empujan a las mujeres a asumir riesgos extremos”, sumó.

Cuando no provoca la muerte, el aborto no seguro puede causar infertilidad, dolor crónico y otras consecuencias de por vida. La falta de datos y el silencio que rodea esta realidad hacen que el problema permanezca en gran medida invisible.

MENOS FONDOS, MAS MUERTES MATERNAS

“Cuando surgen complicaciones, la rapidez lo es todo, pero no siempre es posible preverlas”, subrayó Vives. “Por eso es fundamental que las mujeres puedan dar a luz en centros de salud con personal cualificado. Sin embargo, en muchos lugares los recursos apenas alcanzan para atender partos sin complicaciones”.

Prevenir las muertes maternas requiere una inversión a largo plazo en atención prenatal, personal sanitario cualificado, sistemas de derivación, bancos de sangre y planificación familiar. Sin embargo, estos servicios esenciales siguen sin ser una prioridad política y financiera en muchos contextos.

Los recortes actuales en la financiación humanitaria amenazan con agravar una crisis ya existente. “La mayoría de las muertes maternas podrían prevenirse con una atención adecuada y a tiempo”, insistió Vives. “Reducir aún más los recursos disponibles solo aumentará el número de mujeres y recién nacidos que mueren por causas evitables”, agregó.

La mortalidad materna es también un reflejo de desigualdades más amplias que afectan a la salud y los derechos de las mujeres. La muerte de una madre tiene profundas consecuencias para la familia y la comunidad, más allá de la pérdida inmediata de una vida. Los bebés cuyas madres fallecen tienen 46 veces más riesgo de morir antes de cumplir un mes de vida y son más propensos a sufrir desnutrición y a no recibir vacunas rutinarias.

“Cada mujer que muere deja a sus hijos en una situación de mayor vulnerabilidad y perpetúa el riesgo para la siguiente generación. La desigualdad de género sigue siendo un factor clave que limita el acceso a una atención segura y digna”, precisó Vives.

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