De San Vicente al corazón de la Selección campeona del mundo

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La trayectoria de Matías Manna, nacido en San Vicente, Santa Fe, es una de las historias más singulares que dejó la consagración de la Selección argentina en el Mundial de Qatar 2022. Lejos de los flashes reservados para futbolistas y entrenadores principales, su nombre se volvió clave en la cocina táctica del cuerpo técnico que lidera Lionel Scaloni.
Antes de pisar un vestuario profesional, Manna transitó un camino atípico: estudió Comunicación, fue docente y se metió en el fútbol desde la escritura. Cuando los blogs todavía eran terreno de exploradores digitales, creó “Paradigma Guardiola”, un espacio donde analizaba en profundidad el juego del Barcelona y la influencia de Pep Guardiola, cuando el técnico catalán apenas empezaba a perfilarse como una figura revolucionaria.
Aquel sitio se convirtió en algo más que una bitácora de culto. Fue su carta de presentación para el mundo del fútbol profesional. Su mirada táctica y cultural sobre Guardiola llamó la atención de especialistas y, con el tiempo, del propio Pep, a quien conoció en Buenos Aires en 2006. Ese encuentro consolidó la imagen de Manna como un observador diferente del juego, capaz de leer patrones, comportamientos colectivos y detalles que muchas veces pasan desapercibidos.
De Bielsa a Sampaoli: la puerta al fútbol de elite
Otro puente decisivo en su carrera fue Marcelo Bielsa. El rosarino conoció su trabajo y lo incorporó al cuerpo técnico de la Selección de Chile. Desde ese rol, Manna vivió desde adentro el Mundial de Sudáfrica 2010, experiencia que terminó de correrlo del lugar de analista externo para integrarlo de lleno a las dinámicas de un equipo nacional.
Luego llegaría la etapa junto a Jorge Sampaoli, también en Chile, donde formó parte del cuerpo técnico que conquistó la Copa América 2015. Acompañó al entrenador en su paso por el Sevilla de España y, posteriormente, integró el staff de la Selección argentina en el ciclo que desembocó en el Mundial de Rusia 2018. En ese proceso conoció más de cerca a Lionel Scaloni, quien por entonces comenzaba a dar sus primeros pasos como entrenador.
El rol silencioso en la Scaloneta campeona del mundo
Cuando Scaloni fue confirmado al frente del seleccionado nacional, Manna volvió al predio de Ezeiza como parte de un cuerpo técnico que haría historia. Aunque muchas veces se lo menciona como videoanalista, su función es más amplia: entiende que el analista debe ser un entrenador más, integrado a la planificación, al diseño de las prácticas y a la lectura del rival y del propio equipo.
Su trabajo consiste en construir un “mapa” para cada partido: detectar por dónde puede lastimar Argentina, qué debe evitar, qué futbolistas pueden ser determinantes y cómo traducir todo eso en ejercicios concretos durante la semana. Esa lógica fue uno de los soportes silenciosos del método de la Scaloneta, que se caracterizó por su capacidad para ajustar el plan en función de cada rival.
Durante el Mundial de Qatar, su tarea quedó más expuesta. En varios encuentros se lo vio ubicado en posiciones altas de los estadios, observando el desarrollo general del juego y enviando información al banco. Uno de los principales receptores de esas indicaciones era Pablo Aimar, nexo directo entre la tribuna técnica y el campo de juego.
Una historia profundamente argentina
El cuerpo técnico campeón del mundo no repitió siempre la misma fórmula: modificó sistemas tácticos, intérpretes, alturas de presión y estructuras partido a partido. Después de la consagración, Lionel Messi destacó que para cada encuentro “había algo distinto preparado”, una frase que resume el valor de ese trabajo invisible en el que Manna tuvo un rol central.
- Participación en procesos mundialistas con Chile y Argentina.
- Especialización en análisis táctico y planificación de partidos.
- Trabajo estrecho con entrenadores de elite como Bielsa, Sampaoli y Scaloni.
En Qatar también dejó una imagen emotiva: tras la semifinal ante Croacia, con la Selección ya en la final, Scaloni lo abrazó en el campo de juego y caminaron juntos hacia la tribuna. Manna llevaba una bandera de San Vicente, su pueblo, que de repente apareció en el centro de la escena mundialista.
La historia de Matías Manna condensa una postal muy argentina: el chico de pueblo que miraba fútbol europeo por televisión, leía revistas, jugaba de número cinco y capitán, escribía en internet cuando pocos lo hacían y terminó siendo parte del cuerpo técnico que llevó a la Selección nuevamente a la cima del mundo.
De “Paradigma Guardiola” al banco de la Selección, de San Vicente a Qatar, Manna encarna el recorrido de un bloguero que entendió el fútbol antes que muchos y se transformó en uno de los cerebros tácticos del campeón del mundo.

