“Brasil no cabe en el patio trasero de nadie”: el mensaje de Lula en la ONU

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El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, aprovechó su discurso de apertura en el debate general de la 81ª Asamblea General de las Naciones Unidas para trazar una defensa contundente de la soberanía brasileña y rechazar cualquier intento de injerencia externa, especialmente en el plano electoral y económico. Desde el histórico atril de la ONU, el mandatario afirmó que Brasil “no cabe en el patio trasero de nadie” y ratificó que el país “seguirá siendo soberano”.
En un mensaje dirigido tanto a potencias globales como a actores regionales, Lula advirtió contra las presiones sobre el proceso democrático brasileño y sobre el sistema de pagos instantáneos Pix, una de las principales innovaciones financieras del país en los últimos años. El jefe de Estado cuestionó, además, el uso de aranceles como mecanismo de coerción y chantaje en el comercio internacional, al tiempo que reclamó un multilateralismo renovado capaz de responder a las desigualdades y a los desafíos globales.
Al referirse a la situación geopolítica de la región, Lula remarcó que la cercanía con la principal potencia militar del planeta es un dato ineludible para América Latina y el Caribe, pero subrayó que eso no convierte a la región en un espacio de subordinación. “Necesitamos socios con una agenda positiva que fomente el desarrollo”, enfatizó, marcando distancia de cualquier intento de tutela externa sobre las decisiones soberanas de Brasil.
El mandatario recordó que el próximo 4 de octubre millones de brasileños acudirán a las urnas para elegir presidente, gobernadores y legisladores. En ese marco, defendió la solidez del sistema democrático de su país y advirtió contra los llamados “enemigos de la democracia”, tanto internos como externos. Bajo la vigilancia de “una ciudadanía plural y una prensa libre”, sostuvo, la voluntad popular será respetada y Brasil continuará su camino institucional sin interferencias.
Crimen organizado, comercio global y plataformas digitales
Otro de los ejes del discurso fue la seguridad internacional. Lula reclamó una mayor cooperación entre Estados para enfrentar al crimen organizado transnacional y fue categórico al señalar que Brasil no necesita “portaaviones vigilando nuestras aguas”, sino acciones coordinadas para frenar el flujo ilegal de armas y dinero que abastece a las organizaciones criminales. La referencia apuntó, sin nombrarlos, a despliegues militares de grandes potencias en espacios estratégicos.
En paralelo, el presidente brasileño insistió en la necesidad de regular con mayor firmeza a las grandes plataformas tecnológicas, a las que acusó de concentrar poder económico y de influencia sobre la opinión pública sin una supervisión adecuada. Para Lula, esa regulación debe surgir de consensos multilaterales y no de decisiones unilaterales de unos pocos países.
Desigualdad global y conflicto en Medio Oriente
En el plano económico y social, Lula defendió un modelo de desarrollo sostenible, con reducción de la desigualdad, ampliación de la protección social y cambios en el mercado de trabajo en beneficio de los sectores más vulnerables. Volvió a cuestionar el funcionamiento actual de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y la politización de las reglas comerciales mediante aranceles usados como “armas de coerción y chantaje”.
El presidente también dedicó un tramo de su discurso al conflicto en Medio Oriente. Condenó en términos muy duros la situación que atraviesa la población palestina en la Franja de Gaza y calificó como un “genocidio” la acción del gobierno de Israel en ese territorio. Su postura refuerza la línea crítica que Brasil viene sosteniendo en foros internacionales respecto del desarrollo del conflicto y del impacto humanitario de la ofensiva militar.
“La democracia brasileña pertenece a los brasileños. Brasil continuará siendo un país soberano. Nadie, nadie nos apartará de este camino”, afirmó Lula desde la tribuna de la ONU.
Con este mensaje, Lula buscó reposicionar a Brasil como actor clave del Sur Global, defensor del multilateralismo, la soberanía nacional y una reforma del sistema internacional que contemple la voz de los países en desarrollo.

