Adenoides en la infancia: cuándo operar y qué tener en cuenta

Adenoides y amígdalas: guía para madres y padres

Niño en consulta médica por problemas de adenoides y amígdalas

NewsITe

Las amígdalas y las adenoides forman parte del sistema de defensa del organismo. Actúan como una barrera de control para virus y bacterias que ingresan por la boca y la nariz y, en la infancia, suelen alcanzar su mayor tamaño entre los 2 y los 6 años. Ese crecimiento, que en muchos casos es normal, puede transformarse en un problema cuando genera infecciones a repetición o dificulta la respiración del niño.

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La otorrinolaringóloga Ana Cofré, directora del Centro Patagónico de Otorrinolaringología, explicó que las amígdalas se observan fácilmente al abrir la boca, pero las adenoides —conocidas popularmente como “vegetaciones”— están escondidas detrás del paladar. En algunos chicos este tejido se agranda más de lo esperado, sobre todo ante infecciones frecuentes, alergias, irritantes ambientales o reflujo, y termina afectando la vida diaria y el descanso nocturno.

Un ejemplo es el caso de Facundo, que desde muy pequeño acumuló anginas, gripes y hasta una neumonía. A eso se sumaban ronquidos intensos, pausas en la respiración mientras dormía y noches inquietas. Detrás de ese cuadro, que se repite en muchas familias, suelen encontrarse amígdalas y adenoides agrandadas que obstruyen parcial o totalmente el paso del aire.

Señales de alarma en casa

La mayoría de los chicos con amígdalas y adenoides grandes no presenta síntomas importantes, pero Cofré recomienda consultar al pediatra o al especialista si aparecen algunas de estas manifestaciones:

  • Ronquidos fuertes con pausas en la respiración mientras duerme.
  • Respiración habitual por la boca.
  • Voz “nasal” o sensación de resfrío permanente.
  • Otitis a repetición o líquido en el oído, con riesgo de afectar la audición.
  • Sinusitis frecuentes, mal aliento, sangrados de nariz o tos persistente.
  • Poco apetito o dificultad para subir de peso de manera adecuada.

Uno de los cuadros que más preocupa es la apnea del sueño infantil. En estas situaciones, el chico deja de respirar por unos segundos, disminuye el oxígeno en sangre y se despierta muchas veces durante la noche sin que los adultos siempre lo noten. Esto se traduce en cansancio diurno, irritabilidad y problemas de atención o rendimiento escolar. En casos severos, puede impactar en el corazón y los pulmones.

¿Cuándo se indica la cirugía?

La palabra “cirugía” suele generar temor en las familias, que muchas veces postergan la decisión y prueban múltiples tratamientos. Sin embargo, los especialistas insisten en que la indicación se toma luego de agotar las opciones médicas y con una evaluación individual de cada niño.

Según Cofré, el primer paso es abordar la causa del problema: se utilizan aerosoles nasales con corticoides o antihistamínicos en casos de alergia, y antibióticos cuando hay infección bacteriana. Si con estas medidas no se logra mejoría y persisten las infecciones o la obstrucción para respirar, se evalúa la posibilidad de extraer amígdalas y/o adenoides.

Para las anginas a repetición, las guías internacionales consideran criterios como:

  • Siete o más episodios en el último año.
  • Cinco o más episodios por año durante dos años consecutivos.
  • Tres o más episodios por año durante tres años seguidos.

También influye la presencia de apnea del sueño y las dificultades marcadas para hablar, tragar o respirar. La médica aclara que la operación no evita los resfríos comunes ni toda la tos invernal, sino que apunta a resolver problemas específicos como las infecciones severas recurrentes y la obstrucción de la vía aérea.

Cómo es la intervención y la recuperación

La cirugía de amígdalas y adenoides, conocida como amigdalectomía y adenoidectomía, suele realizarse en forma ambulatoria: el niño ingresa a la mañana, se opera y vuelve a su casa el mismo día. Se programa, en general, al menos dos semanas después de cualquier infección para disminuir riesgos.

La recuperación luego de sacar las adenoides suele ser rápida, de dos a tres días. Cuando también se extraen las amígdalas, el dolor al tragar puede extenderse hasta dos semanas, por lo que se indican analgésicos y una alimentación blanda y fría, con buena hidratación. El sangrado es una complicación poco frecuente, pero si aparece en las primeras 24 horas o alrededor del séptimo día, se debe acudir de inmediato a una guardia médica.

En el caso de Facundo, el posoperatorio transcurrió dentro de los plazos esperados y los cambios se notaron pronto: dejó de roncar, descansó mejor y pudo alimentarse sin náuseas ni molestias. Su mamá, Analía, recomienda a otros padres no demorar la consulta profesional, mientras que la especialista remarca que, con un diagnóstico preciso, la decisión sobre operar se toma con información y sin apuro, pero tampoco a ciegas.

Ante dudas sobre el sueño, la respiración o las infecciones recurrentes en la infancia, los especialistas coinciden en un mensaje clave: no minimizar los síntomas y pedir asesoramiento médico temprano.

La consulta oportuna con el pediatra y el otorrinolaringólogo permite evaluar cada caso y definir si se trata de una etapa pasajera del crecimiento o si es momento de considerar una intervención que mejore la calidad de vida del niño y de toda la familia.

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