Luis Machín y el desafío íntimo de ser Freud en escena

Teatro y psicoanálisis: una última cita con Freud

Luis Machín en La última sesión de Freud

NewsITe

En plena cartelera porteña, Luis Machín vuelve a sorprender al público con su interpretación de Sigmund Freud en la obra “La última sesión de Freud”, una pieza que combina teatro, filosofía y psicoanálisis en el tramo final de la vida del célebre médico austríaco. Desde el escenario, el actor se sumerge en un desafío técnico y emocional que excede la mera imitación y propone un encuentro profundo con la figura del creador del psicoanálisis.

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En diálogo con la Agencia Noticias Argentinas, Machín contó que abordar a un personaje histórico de semejante peso implica una exigencia particular. El público llega a la sala con un imaginario previo alimentado por lecturas, estudios, fotografías y referencias culturales. Esa carga de expectativas, explicó, genera “una especie de plus” en la recepción de la obra y lo obliga a sostener una construcción muy precisa y a la vez sensible del personaje.

El actor relató que, tras algunas funciones, muchos estudiantes y profesionales de la psicología le manifestaron que reconocen en escena al Freud que estudiaron en las aulas. Para Machín, esa reacción es “impresionante” y confirma que el camino elegido —entre la investigación rigurosa y la libertad creativa— logró un punto de verosimilitud capaz de conmover al espectador.

El trabajo físico, la voz y la construcción del mito

La acción de la obra se sitúa en el final de la vida de Freud, cuando tenía 83 años y se encontraba a pocos días de tomar la decisión de morir. Ese dato biográfico, señala Machín, fue clave para componer tanto el cuerpo como el tono del personaje. Trabajó para acercarse fisonómicamente al Freud de esa etapa, marcado por la enfermedad y por las secuelas de múltiples intervenciones quirúrgicas.

Uno de los aspectos que más lo desafiaron fue la voz. Solo existe una grabación conocida de Freud, donde se percibe la dificultad para hablar derivada de la prótesis que utilizaba tras la reconstrucción del maxilar superior y el paladar. Machín tomó ese registro como referencia y lo incorporó a su trabajo vocal, aunque sin copiarlo de manera literal: el teatro, recordó, exige claridad en la emisión, buena dicción y volumen suficiente para ser comprendido desde la platea.

A partir de esa información, el actor decidió trabajar la fisonomía de la boca y la sensación de una prótesis suelta, lo que influyó en la forma de decir y en los tiempos de cada frase. Ese tipo de dentadura, explicó, modifica no solo la pronunciación, sino también el ritmo y la selección de palabras, un detalle que utilizó para sumar profundidad y verdad escénica.

Una obra que crece función a función

Machín no es nuevo en “La última sesión de Freud”. Ya había formado parte del elenco en 2012, aunque en ese entonces interpretaba al otro personaje del texto, C.S. Lewis, rol que hoy asume Javier Lorenzo. El actor conoce la pieza en detalle y, tras más de una década, fue él mismo quien impulsó su reposición después de la pandemia, gestionando el regreso del espectáculo con el mismo equipo creativo y un nuevo compañero de escena.

Con más de dos mil funciones acumuladas a lo largo de las distintas etapas de la obra, el artista asegura que ninguna función es idéntica a otra. La repetición, lejos de volver mecánico el trabajo, abre instancias de crecimiento, pero también momentos críticos en los que la dinámica se desarma para luego reordenarse. En ese proceso, advierte sobre la tentación de buscar la risa inmediata y deslizar la obra hacia un “histrionismo excesivo” cuando no se trata de una comedia pura.

Para construir su Freud, Machín se nutrió de lecturas, de las escasas imágenes audiovisuales disponibles, de charlas con su propio psicoanalista y de la práctica misma del análisis, que le permite revisar aspectos de su trabajo. Valora, en ese sentido, el intercambio humano por sobre las fuentes automáticas de información y apunta a un teatro que produzca un impacto emocional directo, íntimo y sensible en el público.

Funciones en Buenos Aires y proyección a futuro

Actualmente, “La última sesión de Freud” continúa en cartel con muy buena respuesta de la audiencia. Las funciones se realizan los domingos a las 18.30 y los lunes a las 20, y la obra mantiene una alta convocatoria, consolidándose como una propuesta destacada de la escena porteña contemporánea.

Machín adelantó además una primicia: el espectáculo se presentará también en el Teatro Metropolitan durante los domingos de mayo, junio y julio, lo que abre una nueva etapa para esta pieza que ya se convirtió en un verdadero fenómeno de permanencia. La combinación de rigor histórico, reflexión sobre la condición humana y un trabajo actoral minucioso promete seguir interpelando a nuevas generaciones de espectadores.

“El mejor efecto del teatro se produce cuando la historia se arma en la cabeza de quien mira”, resume Luis Machín sobre el vínculo entre el público y su Freud en escena.

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