Las ambulancias del sistema sanitario de Ramallo habían sido trasladadas al COM sin su consentimiento, sin si siquiera haberle informado. El Intendente reconoció públicamente que no estsba al tanto de la situación y ordenó dar marcha atrás con el traslado, dejando al descubierto la falta de comunicación entre el Gabinete municipal.

El intendente de Ramallo reconoció que el traslado de las ambulancias se había puesto en marcha sin que él estuviera al tanto. La decisión generó el enojo de vecinos, que denunciaron la situación en redes sociales. Recién después de esas publicaciones, según se desprende de sus propias declaraciones, Mauro Poletti tomó conocimiento de lo que estaba ocurriendo y ordenó dar marcha atrás. El episodio dejó al descubierto problemas de conducción, comunicación interna y coordinación dentro del Gobierno municipal.
La explicación del funcionario sobre la fallida reorganización del servicio de emergencias médicas terminó convirtiéndose en un papelón para la gestión. El jefe comunal reconoció públicamente que no sabía que las ambulancias habían sido trasladadas de sus ubicaciones habituales hacia una nueva base operativa en el Centro de Operaciones y Monitoreo Municipal (COM). Una modificación que involucraba directamente a un servicio esencial y que, sin embargo, avanzó sin el conocimiento del principal responsable del Ejecutivo.
El conflicto había comenzado a hacerse visible a partir de las quejas de vecinos en redes sociales, donde manifestaron su preocupación por la ausencia de ambulancias en las unidades sanitarias y los cambios en la distribución de los vehículos. Las publicaciones generaron malestar y expusieron una situación que debía haber sido comunicada y explicada previamente por las autoridades municipales.
Fue a partir de ese escenario que Poletti tomó conocimiento de lo que estaba sucediendo. “Cuando me entero de esto, me di cuenta rápidamente de que no estaban las condiciones dadas, porque no se estaba cumpliendo con lo que les pedí. Ni siquiera lo estaba sabiendo yo, que podría decir que es el menor del problema, pero no es el menor del problema. Yo lo tengo que saber, pero más importante es que lo sepan los vecinos”, manifestó.
El reconocimiento del Intendente expone una falla que excede ampliamente una diferencia de criterios entre funcionarios. La implementación de un cambio en la organización de las emergencias médicas requiere planificación, instrucciones claras, coordinación entre las áreas involucradas y comunicación con la comunidad. Ninguna de esas condiciones parece haber funcionado adecuadamente.
El propio Poletti describió lo sucedido: “Me llamaba la atención porque era un tema que veníamos hablando con los funcionarios. ¿Qué es lo que había pasado? Se había disparado, digamos, alguien había dado la voz de aura, las ambulancias fueron al lugar y ni siquiera lo sabía yo”.
Frente a la situación, el mandatario ordenó devolver las ambulancias a sus ubicaciones habituales y suspender la reorganización. “Cuando yo me enteré que se había implementado y no me habían avisado, di la orden en forma automática de que volvieran a las unidades sanitarias”, explicó. Luego sintetizó su decisión con una frase: “Así no se puede, así claramente no sirve”.
La marcha atrás permitió restablecer el esquema anterior, pero no resolvió el problema político y administrativo que dejó el episodio. Que un intendente se entere por el reclamo público de los vecinos de una modificación implementada por funcionarios de su propio gobierno constituye una señal preocupante sobre la conducción de la gestión.
El caso también dejó expuesta la ausencia de una comunicación interna eficaz y la falta de control sobre decisiones que afectan directamente a la población. En un área tan sensible como la salud, improvisar, comunicar tarde y corregir sobre la marcha tiene consecuencias que van más allá de un desacuerdo dentro del Gabinete.

