Una curiosa marca que une a Argentina con los jueces mundialistas

NewsITe
El anuncio del retiro del esloveno Slavko Vinčić, apenas una semana después de dirigir la final del Mundial 2026 entre España y Argentina, reavivó una estadística tan llamativa como poco conocida en la historia de la Copa del Mundo. No es la primera vez que un árbitro decide poner fin a su carrera inmediatamente después de conducir el partido más importante del fútbol mundial.
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Antes que Vinčić, otros dos jueces tuvieron el mismo desenlace profesional tras pitar una final del mundo: el italiano Sergio Gonella, responsable del recordado Argentina-Países Bajos de 1978, y Edgardo Codesal, representante de México en la decisiva Italia 1990 entre la Selección argentina y Alemania Federal. A ellos se suma un antecedente particular: el inglés George Reader, árbitro del histórico Uruguay-Brasil de 1950, el “Maracanazo”.
El primer caso dentro del formato tradicional de final única se remonta al 25 de junio de 1978, en el estadio Monumental. Aquella tarde, Argentina venció 3-1 a Países Bajos en tiempo suplementario y se consagró campeona del mundo por primera vez. Gonella, que tenía 45 años y ya había alcanzado la élite del arbitraje europeo —incluso había dirigido la final de la Eurocopa 1976 entre Checoslovaquia y Alemania Federal—, anunció su retiro apenas cuatro días después. Ese encuentro en Núñez fue el cierre definitivo de su trayectoria profesional.
Doce años más tarde, la historia se repitió con otro nombre propio: Edgardo Codesal. El juez, nacido en Uruguay pero nacionalizado mexicano, fue designado para la final del Mundial de Italia 1990, disputada el 8 de julio en Roma. Alemania Federal se impuso 1-0 sobre Argentina con un penal convertido por Andreas Brehme en un partido cargado de polémicas y reproches desde el lado albiceleste. Lo singular en su caso es que la decisión de retirarse ya estaba tomada antes de salir al campo: Codesal sabía que aquella final sería su último encuentro como árbitro internacional.
El antecedente del Maracanazo y la coincidencia con Argentina
Más atrás en el tiempo aparece el nombre de George Reader, árbitro inglés que tuvo a su cargo uno de los partidos más impactantes en la historia de los Mundiales: el Uruguay 2-Brasil 1 de 1950 en el estadio Maracaná. Aquel duelo definió al campeón del mundo, aunque técnicamente no se trató de una final única sino del cierre de un cuadrangular entre Uruguay, Brasil, Suecia y España. Pese a ese matiz reglamentario, el choque quedó instalado como una final de facto y como sinónimo del “Maracanazo”. Tras ese torneo en Brasil, Reader —que ya se había retirado antes y había regresado especialmente para la Copa— colgó definitivamente el silbato a los 53 años.
Con su decisión, Vinčić se incorpora a esta selecta y curiosa lista de árbitros que eligieron despedirse en la cima, después de haber alcanzado el honor de dirigir una final del mundo. Y hay un detalle que no pasa inadvertido para el público argentino: en los tres casos en los que se trató efectivamente de una final (1978, 1990 y 2026), la Selección argentina fue protagonista. Un hilo invisible que une a los jueces con las grandes páginas de la historia albiceleste en los Mundiales.
Más allá de los nombres propios, la estadística deja una conclusión clara: para muchos árbitros, la final de la Copa del Mundo no solo representa el máximo desafío de su carrera, sino también el punto justo para bajar el telón. Una forma de retirarse en lo más alto, con el mundo del fútbol entero como testigo.
“Dirigir una final del mundo es el sueño máximo de cualquier árbitro. Después de eso, ya no hay nada más grande”, suelen repetir quienes llegaron a ese privilegio.
Con el retiro de Vinčić, la tradición suma un nuevo capítulo y alimenta una curiosidad que, a fuerza de repeticiones, empieza a convertirse también en parte del folclore de los Mundiales.

