Librerías nicoleñas en alerta ante posible derogación de la Ley del Libro

UNA INDUSTRIA EN PROBLEMAS

Las medianas y pequeñas librerías están en alerta ante uno de los artículos de la Ley Ómnibus que propone la eliminación de la regulación que fija un precio uniforme para venta de los libros. En ese sentido, los comerciantes locales se encuentran expectantes ante el actual debate que se da en Diputados y que podría cambiar las leyes del mercado de la industria editorial en Argentina. “Tenemos fe de que no se apruebe”, comentaron al respecto.

Judith Coronel
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La batería de reformas que el Gobierno nacional llevó al Congreso con la “Ley de Bases y Puntos de Partida para la Libertad de los Argentinos”, más conocida como “Ley Ómnibus”, causó un gran revuelo desde su aparición. Distintos sectores y actores socioeconómicos se manifestaron en contra de los diferentes puntos propuestos. 

Uno de los sectores que se vería afectado en caso de que se apruebe son las librerías independientes. Se entiende a estos comercios como aquellos que no pertenecen a las grandes cadenas reconocidas a nivel mundial, las cuales podemos encontrar en shoppings y en grandes ciudades. 

El artículo 60 –al momento de presentación del proyecto– de la Ley Ómnibus propone: “Derógase la Ley N° 25.542 de precio de uniforme de venta al público de libros”, también conocida como Ley de Defensa de la Actividad Librera. La norma vigente establece “que los editores, importadores o representantes de libros deberán fijar un precio uniforme de venta al público (PVP) o consumidor final de los libros que edite o importe”. Esto significa que los ejemplares tienen el mismo precio en cualquier punto de venta, y de esta forma fomentar la competencia entre las pequeñas y medianas librerías frente a las grandes cadenas.

En San Nicolás, el negocio de la venta de libros está en manos de librerías independientes. “Se tiene que respetar el precio en todos lados. Las editoriales chicas van a desaparecer porque no van a poder editar”, sostuvo Claudia, trabajadora de la librería nicoleña El Buen Libro.

Cabe destacar que dicha ley no representa ningún gasto para el Estado, la función que cumple es la de regular el mercado editorial. “Las editoriales grandes son pulpos, y manejan los precios como ellos quieren, y acá no hay que dormirse porque es todo a consignación, entonces después, cuando hacés el informe de venta, si te dormiste con el precio, lo tenés que pagar al precio que está actualizado”, afirmó. 

Claudia, trabaja hace 34 años en la librería nicoleña, afirmó: “Hemos pasado situaciones difíciles, pero así como este atropello nunca”.

Producción editorial

A su vez, la producción editorial se encarece cada día más, por lo que la situación económica del país se agravaría en caso de derogarse la ley. “Actualmente no hay papel, lo tienen dos empresas en Argentina, y en realidad el papel que debería destinarse a los libros lo usan para otra cosa, por ejemplo, para hacer cajas de cartón que usan empresas como Mercado Libre”. 

Si la Ley del Libro se derogase, significaría una asimetría para los pequeños comercios en el mercado frente a las leyes de oferta y demanda. No permitiría la competencia en igualdad de condiciones. En ese sentido agregó: “Por lo que a las editoriales más chicas, ya ahora les es muy difícil editar por la falta de papel. Así que esperemos que no la deroguen porque sería peor la situación”. 

A nivel nacional, la Cámara Argentina de Librerías Independientes (CALI) emitió un comunicado para expresar su rechazo a dicha normativa. “En la Argentina esta ley protege a las librerías, editoriales y lectores, convirtiendo a nuestro país en un ejemplo a nivel mundial por su rica producción editorial”, señalaron. Además, sostuvieron que “la ley funciona” pero el “problema es, entre otros, el costo del papel y el acceso al mismo”. 

“De todos modos se sigue vendiendo, pero el aumento de los libros es hasta irrisorio, es imposible”, dijo Claudia y agregó: “Antes mandaban 10 libros de un título y ahora envían solo uno”. 

Según datos proporcionados por las principales empresas distribuidoras, las editoriales y la Fundación El Libro, para el año 2017 había 1598 librerías en el país, georreferenciadas por el Sistema de Información Cultural de la Argentina en su Mapa Cultural.

Otros países 

La legislación argentina está inspirada en la Ley Lang sancionada en Francia en 1981, la cual busca proteger a pequeñas y medianas librerías frente a los grandes actores como cadenas o supermercados. 

A nivel mundial existe cierto consenso respecto a la regulación de dicha actividad. En países como España, Italia, Alemania, Noruega, Japón, México o Corea del Sur, existen leyes similares a esta que coinciden en la concepción del libro como un bien cultural esencial.

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