Polémica por el patrimonio del vocero presidencial

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El crecimiento patrimonial de Manuel Adorni, actual vocero presidencial y ministro coordinador, volvió a quedar bajo la lupa a partir de su propio relato sobre una antigua inversión en bitcoin. Según explicó, una apuesta de 200 mil dólares realizada en 2014 le habría reportado una ganancia cercana a los 300 mil dólares, cifra que habría destinado, entre otros fines, a la compra de propiedades. Sin embargo, especialistas en criptomonedas y finanzas digitales advierten que las cuentas no cierran y que los datos públicos disponibles apuntan a otro escenario.
En diálogo con Noticias Argentinas, el especialista en inteligencia artificial y negocios digitales Mario Agustín Giménez sostuvo que la explicación de Adorni es “técnicamente posible” desde el punto de vista del funcionamiento del mercado cripto, pero que los montos y fechas que se difundieron no resultan consistentes. A su juicio, para que una inversión de 200 mil dólares en 2014 termine generando solo 300 mil de ganancia, debería haberse ingresado más tarde al mercado, con un capital menor, o una combinación de ambas variables.
Giménez recordó que el bitcoin comenzó 2014 en torno a los 754 dólares, alcanzó un máximo cercano a los 911 y cerró el año por debajo de los 400. Con esos valores, una inversión de 200 mil dólares habría permitido adquirir entre 220 y 520 bitcoins, según el momento exacto de entrada. Al proyectar los precios de salida entre fines de 2017 y 2018 —cuando la criptomoneda llegó a rozar los 19.700 dólares y luego cayó a la franja de 3.200—, el resultado en todos los casos arrojaría retornos muy superiores a los 300 mil dólares que mencionó el funcionario.
Las operaciones públicas y lo que muestra la blockchain
De acuerdo con el análisis del especialista, las operaciones que se hicieron públicas corresponden a precios de 2017: compras de 13 bitcoins a 3.356 dólares en agosto, otra unidad a 3.330 días después y una más a 7.234 el 2 de noviembre. Ese movimiento suma 15 bitcoins y unos 54 mil dólares de capital, es decir, apenas una cuarta parte de los 200 mil que Adorni dijo haber colocado.
En el mismo sentido, las ventas difundidas —10 bitcoins a 8.824 dólares en marzo de 2018 y el resto a 6.800— arrojarían una ganancia de entre 60 y 70 mil dólares, muy lejos de los 300 mil declarados. Incluso una de las operaciones detalladas muestra una pérdida: la unidad comprada a 7.234 dólares y liquidada luego a 6.800. “Quien compró en 2014, con precios de tres cifras, no pierde plata vendiendo a 6.800 dólares; solo pierde el que entró tarde”, subrayó Giménez.
El experto añadió que la propia wallet mencionada en la entrevista, según los movimientos visibles en blockchain, registra actividad recién desde agosto de 2017 hasta abril de 2018, con entradas provenientes del exchange Bittrex y salidas hacia Bitfinex y Binance. Si bien la blockchain no permite confirmar a quién pertenece una dirección, sí establece con precisión la cronología de las operaciones y el volumen de fondos que se movieron.
Un mercado verificable y un monto inusual para 2014
Giménez también cuestionó la idea de que las operaciones con bitcoin de aquella época fueran imposibles de rastrear. Por el contrario, explicó que ya en 2015 plataformas como Xapo —fundada por el argentino Wenceslao Casares— permitían comprar criptomonedas por transferencia bancaria con comisiones bajas, lo que deja necesariamente un rastro en el sistema financiero. En el plano cripto, la blockchain funciona como un libro contable público y permanente, donde cada transacción queda registrada con fecha, hora, monto y direcciones de origen y destino.
- Los movimientos en exchanges y bancos dejan huella documental.
- Las direcciones de las wallets permiten reconstruir el historial de operaciones.
- Las cotizaciones históricas de bitcoin son públicas y trazables.
En ese marco, el especialista planteó que si existió efectivamente una inversión de 200 mil dólares en 2014, su trazado es “completamente verificable” y la carga de la prueba se reduce a mostrar las direcciones vinculadas a esas operaciones. Además, aportó un dato de contexto: en 2014 había poco más de tres millones de wallets con fondos en todo el mundo y solo una fracción mínima superaba los 10 mil dólares. Una posición de 200 mil ubicaba a su titular entre los mayores tenedores globales, en un mercado todavía de nicho y con una comunidad muy reducida en la Argentina.
“La matemática de una entrada en 2014 no produce el resultado declarado bajo ningún escenario. Los datos para confirmar o desmentir la versión existen y son públicos”, concluyó Giménez, al insistir en que tanto la banca tradicional como la blockchain ofrecen elementos objetivos para despejar las dudas sobre la historia patrimonial de Adorni.
Mientras persisten los interrogantes, el caso vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre la transparencia en las declaraciones patrimoniales de los funcionarios públicos y la necesidad de documentar con precisión el origen de los fondos, sobre todo cuando provienen de mercados tan volátiles y rastreables como el de las criptomonedas.

