Una investigación basada en imágenes cerebrales reveló que las diferencias entre sexos son mínimas en la infancia y se vuelven más marcadas durante la adolescencia, un hallazgo que podría ayudar a comprender la variabilidad de algunos trastornos de salud mental.

Las diferencias cerebrales entre hombres y mujeres se intensifican de manera notable después de la pubertad, según investigaciones recientes que analizaron la conectividad y la estructura del cerebro a lo largo de la vida. Los resultados podrían contribuir a explicar por qué ciertos trastornos de salud mental presentan prevalencias distintas según el sexo.
Un estudio difundido como preimpresión en bioRxiv, que aún no fue revisado por pares, evaluó imágenes cerebrales de más de 1.200 personas de entre 8 y 100 años. Investigadores consultados por la revista Nature indicaron que los análisis muestran que, durante la infancia, las diferencias de conectividad cerebral entre hombres y mujeres son prácticamente inexistentes.
Ese panorama cambia tras la pubertad, etapa en la que las diferencias comienzan a hacerse más evidentes y, en algunos casos, se mantienen o se acentúan en la adultez. A lo largo de la vida, las mujeres presentan conexiones funcionales más intensas que los hombres en la denominada red neuronal por defecto, implicada en funciones como la atención y la toma de decisiones, de acuerdo con el informe.
Según Yumnah Khan, neurocientífica de la Universidad de Cambridge, esta hiperconectividad se relaciona con una mayor predisposición a la depresión. En contraste, los hombres tienden a mostrar una mayor conectividad estructural en regiones del cerebelo a medida que envejecen, un patrón que los investigadores identifican como característico del sexo masculino.
Un mosaico cerebral, más allá de una división binaria
Pese a los nuevos hallazgos, el debate científico sobre cómo interpretar estas diferencias permanece abierto. Daphna Joel, neurocientífica de la Universidad de Tel Aviv y coautora del estudio El sexo más allá de los genitales: el mosaico del cerebro humano, considera inexacto clasificar los cerebros únicamente como “masculinos” o “femeninos”.
Investigaciones previas realizadas por su equipo analizaron resonancias magnéticas de más de 1.400 personas y concluyeron que existe una amplia superposición de rasgos cerebrales asociados a cada sexo. La mayoría de los individuos presenta un mosaico cerebral en el que convergen características más frecuentes en hombres o en mujeres, pero rara vez predomina una sola categoría.
Genética y variabilidad: hallazgos en modelos animales
En el plano genético, una investigación recogida por Infobae en modelos animales identificó más de 1.000 genes regulados por el sexo que muestran mayor actividad en el cerebro de un sexo frente al otro. En ratones, se detectaron 1.415 genes con activaciones diferentes entre machos, hembras en celo y hembras en diestro, es decir, en la etapa posterior al celo.
El profesor Nirao Shah, de Stanford Medicine, explicó que estos genes organizan comportamientos instintivos esenciales para la reproducción y la supervivencia, como el apareamiento o la protección materna. Algunos de estos genes también se vinculan con trastornos cerebrales cuya prevalencia varía según el sexo, como el autismo, el Alzheimer o la esclerosis múltiple.
Las diferencias genéticas también se manifiestan a lo largo del ciclo sexual femenino. Investigadores detectaron más de 600 variaciones en la activación de genes en ratones hembras según la etapa del ciclo, lo que sugiere una base biológica para la variabilidad de síntomas como migrañas, crisis epilépticas y trastornos psiquiátricos durante el ciclo menstrual en mujeres.
Un consenso que desafía la rigidez de la división por sexo
Los científicos advierten que, aunque los ratones no son humanos, las estructuras cerebrales analizadas son compartidas entre mamíferos y los tipos de células implicadas probablemente cumplen funciones similares en las personas. El consenso entre las distintas líneas de investigación señala que existen diferencias cerebrales ligadas al sexo, pero que la división estricta entre “cerebro masculino” y “cerebro femenino” pierde sustento frente a la evidencia de una amplia superposición de rasgos.
Estos avances permiten comprender con mayor precisión la relación entre biología, comportamiento y trastornos de salud mental, y abren nuevas líneas de estudio sobre condicionantes genéticos y hormonales. La replicabilidad de los resultados en diversas muestras y con distintas tecnologías refuerza la noción de la complejidad y variabilidad del cerebro humano.

