El hogar que elige el Papa para iniciar su visita pastoral

NewsITe
El histórico Cottolengo Don Orione, en Claypole, se prepara para recibir el lunes 9 de noviembre la visita del Papa León XIV, en lo que será uno de los gestos pastorales más fuertes de su paso por la Argentina. La elección de este hogar para personas con discapacidad como primer destino de la agenda pastoral pone en primer plano a un sector que, según reconocen sus protagonistas, suele estar invisibilizado en el debate público.
Fundado el 21 de mayo de 1936, el Cottolengo lleva casi 90 años dedicado a brindar calidad de vida y felicidad a personas con discapacidad. Allí viven actualmente 410 residentes y trabajan unos 400 empleados, que para muchos de ellos se transforman en familia. No se trata solo de alojamiento y atención médica: el proyecto apunta a acompañar sus proyectos de vida, gustos y deseos, con una mirada profundamente humana.
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“Un cottolengo es un hogar permanente para personas con discapacidad y un centro de día”, explica el padre Aníbal Quevedo, sacerdote de la obra Don Orione y consejero provincial de los Cottolengos de Argentina, Uruguay y Paraguay. Desde su perspectiva, la tarea cotidiana se apoya en el Evangelio: “Lo que hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo”, recuerda, y afirma que cada residente es mirado como una persona única, con límites y vulnerabilidades, pero también con sueños e ideales.
En la vida diaria del Cottolengo abundan los espacios de integración. Talleres de cocina, baile, reciclaje, jardinería, información y actualidad, caminatas y celebraciones religiosas forman parte de una rutina que busca promover autonomía y participación. En el taller de actualidad, por ejemplo, son los propios residentes quienes llevan los temas que escuchan en los medios —como la inflación o los cambios en la política— para debatir y analizarlos en grupo.
La institución se sostiene principalmente a través de los programas de salud: la mayoría de los residentes son afiliados a PAMI, Incluir Salud y PAMI no contributivo, además de algunas obras sociales provinciales. A estos ingresos se suman donaciones y acciones de fundraising que permiten adquirir equipamiento específico, como carros para trasladar alimentos u otros insumos indispensables para la vida diaria del hogar.
Un sector en crisis y una visita que busca visibilizar
La llegada del Papa se da en un contexto complejo para la discapacidad en la Argentina, con recortes presupuestarios y discusiones en torno al financiamiento de las prestaciones. Quevedo advierte sobre la importancia del nomenclador —la lista de precios de los servicios de salud— como herramienta para garantizar igualdad de acceso. Sin ese marco, explica, cada obra social podría pagar montos diferentes, lo que empujaría a los profesionales a priorizar a quienes mejor retribuyan su tarea y dejaría a muchas personas sin la atención que necesitan.
“Estamos en la misma dificultad que el resto de las instituciones del sector”, admite el sacerdote, al describir atrasos en los pagos y reducción de prestaciones, lo que obliga al Cottolengo a destinar más recursos propios para cubrir necesidades básicas. Como organización sin fines de lucro, todo superávit se reinvierte en la institución, pero el margen es cada vez más estrecho.
- El Cottolengo aloja a 410 personas con discapacidad en condición de hogar permanente.
- La obra Don Orione lleva 90 años de servicio silencioso y de bajo perfil político.
- La visita papal llega en medio de recortes y tensiones en el sistema de discapacidad.
- El financiamiento depende en gran medida de PAMI, Incluir Salud y donaciones.
“Para nosotros la visita del Papa significa una visibilización que nunca tuvimos. Es una alegría y, a la vez, una interpelación a toda la sociedad para que ponga a las personas en el centro de las decisiones”, destaca el padre Aníbal Quevedo.
El sacerdote insiste en que los residentes “no son un tratamiento ni un remedio caro”, sino personas con historias, heridas y sueños, muchas veces sin familia o con vínculos frágiles. Por eso, el Cottolengo se define como un gran hogar y una comunidad de vida, donde se busca fomentar la autodeterminación: desde elegir salir a tomar un café hasta decidir cómo festejar un cumpleaños.
En este escenario, la visita del Papa León XIV es leída como un reconocimiento a la tarea silenciosa de miles de trabajadores y voluntarios que sostienen el sistema de discapacidad, pero también como un llamado de atención a la sociedad. “El aporte que precisamos es energía: tiempo, escucha y acompañamiento”, resume Quevedo. La expectativa es que el paso del Sumo Pontífice por Claypole deje algo más que una foto: un compromiso renovado para construir un país que tenga a las personas con discapacidad en el centro de sus políticas y de su mirada cotidiana.

