El relato cobró fuerza ante la inminencia del eclipse solar total que será visible en buena parte del hemisferio norte.

Ante la viralización de afirmaciones según las cuales la NASA mantiene un programa al que habría destinado 90.000 millones de dólares para afrontar las consecuencias de una suspensión de la gravedad durante siete segundos, en el contexto de un eclipse solar, la agencia espacial estadounidense se vio obligada a desmentir la falsa teoría, que ha circulado desde hace meses en numerosas plataformas virtuales.
“La Tierra no perderá gravedad el 12 de agosto de 2026”, sostuvo un portavoz del organismo en un correo enviado a Yahoo News, con referencia al eclipse solar que tendrá lugar en esa fecha y que será visible en buena parte del hemisferio norte.
El especialista llamó a recordar que “la gravedad terrestre, o fuerza gravitatoria total, está determinada por su masa. La única forma de que la Tierra pierda gravedad sería que el sistema terrestre, la masa combinada de su núcleo, manto, corteza, océanos, agua terrestre y atmósfera, perdiera masa”.
Recalcó asimismo que “un eclipse solar total no tiene ningún impacto inusual en la gravedad terrestre” y puntualizó que “la atracción gravitatoria del Sol y la Luna sobre la Tierra, que no afecta la gravedad total de la Tierra, pero sí las fuerzas de marea, se comprende bien y se puede predecir con décadas de antelación”.
Un bulo en toda regla
Quienes se han hecho eco de la rocambolesca teoría han aludido a la existencia de un supuesto ‘Proyecto Anchor’, del cual no existen registros públicos. Además, los verificadores de BBC encontraron que muchas de las cuentas desde las que se esparció el bulo fueron luego eliminadas o se dedican a publicar narrativas conspirativas generadas a través de herramientas de inteligencia artificial.
Académicos como William Alston, experto en agujeros negros de la Universidad de Hertfordshire, en el Reino Unido, explicaron a Daily Star que las ondas gravitacionales que llegan a la Tierra desde el espacio son incapaces de afectar la gravedad del planeta de un modo significativo.
“Estas ondas son tan débiles que hemos tenido que construir el equipo de detección más sensible para observarlas: los observatorios LIGO y Virgo. Estas ondas pasan rutinariamente a través de la Tierra y de nosotros mismos, comprimiéndonos y estirándonos sutilmente; sin embargo, esto es tan pequeño —muchas veces menor que el tamaño de un átomo— que ese cambio pasa completamente desapercibido”, argumentó.

