La nieta de Kennedy, Tatiana Schlossberg, reveló que tiene cáncer terminal y que recibió el diagnóstico el día que nació su hija

La periodista de 35 años contó que padece una variante poco frecuente de leucemia mieloide aguda. “Me advirtieron que podría tener solo un año más de vida”, afirmó en un ensayo publicado en The New Yorker.

Tatiana Schlossberg

La periodista ambiental Tatiana Schlossberg reveló que padece cáncer terminal y que recibió el diagnóstico el mismo día que nació su segunda hija. La noticia se conoció a través de un ensayo publicado en la revista The New Yorker, donde relató el momento en que los médicos detectaron una mutación poco frecuente de leucemia mieloide aguda tras un análisis de rutina. La situación ocurrió en mayo del año pasado, cuando tenía 34 años.

Según contó, uno de los especialistas que la atiende le informó que su cuadro era grave y que podría tener “un año más de vida”. “No podía creer que estuvieran hablando de mí. El día anterior había nadado una milla con nueve meses de embarazo. No estaba enferma”, escribió en el inicio del artículo.

Tras recibir la confirmación, Schlossberg atravesó múltiples rondas de quimioterapia y dos trasplantes de médula ósea: el primero con células de su hermana y el segundo de un donante anónimo. También participó en ensayos clínicos experimentales como parte del tratamiento. En septiembre, además, le diagnosticaron una variante del virus de Epstein-Barr que afectó gravemente sus riñones y la obligó a aprender a caminar nuevamente.

La nieta de John F. Kennedy expresó su pesar por el impacto emocional del proceso. “Me siento engañada y triste por no poder seguir viviendo la maravillosa vida que teníamos”, escribió la periodista, que está casada con el médico George Moran y es madre de dos niños pequeños.

Durante el ensayo, Schlossberg cuestionó públicamente las políticas sanitarias impulsadas por su tío, el funcionario estadounidense Robert F. Kennedy Jr.. Sostuvo que los recortes en inversiones vinculadas a vacunas de ARNm podrían perjudicar a pacientes como ella y a la institución donde recibe atención. “Era una vergüenza para mí y para mi familia inmediata”, afirmó. En otro tramo, añadió: “De repente, el sistema de salud del que dependía se volvió inestable”.

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El escrito también aborda el peso emocional de estar lejos de sus hijos durante largos períodos por el riesgo de infección. La periodista expresó su temor de que, si muere, ellos apenas la recuerden, y explicó que busca dejarles pequeños gestos y escenas de la vida cotidiana como un archivo emocional frente a la fragilidad del futuro.

En ese sentido, dedicó unas palabras a su esposo: “George hizo todo lo que pudo por mí. Habló con todos los médicos y aseguradoras con los que yo no quería hablar; durmió en el suelo del hospital; no se enojó cuando yo estaba furiosa por los esteroides y le grité que no me gustaba la cerveza Schweppes Ginger Ale, solo la Canada Dry. Iba a casa a acostar a nuestros hijos y volvía a traerme la cena”.

También se refirió al acompañamiento cotidiano de su familia: “Mis padres, mi hermano y mi hermana también han criado a mis hijos y han estado en mis diversas habitaciones del hospital casi a diario durante el último año y medio. Me han sostenido con firmeza mientras he sufrido, intentando disimular su dolor y tristeza para protegerme”.

A lo largo del ensayo, Schlossberg recordó el libro que ya no podrá escribir y destacó su deseo de que sus hijos sepan que su vida fue más que una enfermedad. En diferentes pasajes repasó recuerdos de la infancia, escenas familiares y reflexiones sobre la memoria y la muerte. “Intento vivir y estar con ellos ahora. Pero estar en el presente es más difícil de lo que parece”, expresó.

La autora cerró su relato con una reflexión final: “A veces me engaño pensando que lo recordaré para siempre, que lo recordaré cuando muera. Obviamente, no. Pero como no sé cómo es la muerte y no hay nadie que me diga qué viene después, seguiré fingiendo. Seguiré intentando recordar”.

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