Nicolás Díez, de 15 años, y su hermano Juan Bautista, de 17, fueron elegidos para participar como monaguillos en la misa que celebrará el Papa León XIV en Luján. Ambos se forman en el seminario menor de Rosario y comparten una vocación sacerdotal que nació en el seno familiar. A días del encuentro con León XIV, estos hermanos nicoleños cómo viven esta oportunidad, qué significa su camino religioso y la emoción de estar junto al Pontífice durante uno de los momentos centrales de la celebración.

“Yo voy a estar a 10 centímetros del Papa, es una experiencia que me va a marcar para toda la vida”. Nicolás Díez tiene apenas 15 años, pero habla con una convicción que deja entrever la importancia que atribuye a lo que está por vivir. En pocos días, este adolescente de nuestra ciudad estará junto a León XIV durante la misa que el Pontífice celebrará en Luján.
Como este medio había anticipado días atrás, su elección para participar de la misa papal representa una momento excepcional. Sin embargo, detrás de esa designación hay una historia familiar atravesada por la fe y una vocación religiosa que permite comprender la profundidad del momento que está por vivir.
En diálogo con Diario EL NORTE, Nicolás y su hermano mayor, Juan Bautista, de 17 años, compartieron sus expectativas ante la llegada del Papa y reconstruyeron el camino que los llevó a ingresar juntos al seminario menor en 2025. Los dos son nicoleños, pertenecen a la comunidad de Nuestra Señora de Lourdes y actualmente se forman en Rosario. Aunque atraviesan distintas etapas de su discernimiento religioso, comparten una decisión poco habitual entre adolescentes de su edad: dedicar buena parte de su vida cotidiana a explorar una posible vocación sacerdotal.
La expectativa por la celebración ocupa hoy un lugar central en sus conversaciones. Ambos fueron elegidos para desempeñarse como monaguillos durante la misa papal, aunque Nicolás tendrá una responsabilidad especialmente cercana al Santo Padre. Será uno de los jóvenes que participarán del lavabo, el momento en que el celebrante se lava las manos antes de comenzar la plegaria eucarística.
Para el menor de los hermanos, esa cercanía tiene un significado que va mucho más allá de lo protocolar. “Yo siempre pienso que cuando viene el Papa, es como si viniese Jesús a la tierra. Viene el representante de Cristo en la tierra”, expresó, al explicar cómo vive desde su fe la visita de León XIV. Y añadió: “Es un momento para el que hay que prepararse verdaderamente de corazón”.
Una elección que los sorprendió y los llevará hasta el altar de Luján
La posibilidad de asistir al Papa surgió dentro del seminario menor de la Arquidiócesis de Rosario, donde ambos hermanos cursan su formación. Una noche, uno de los responsables de la institución reunió a los estudiantes para anunciarles que habían conseguido tres lugares para colaborar durante la misa de Luján. La designación debía resolverse entre los propios seminaristas, con participación de sus formadores.
“Uno de los formadores nos llamó a todo el seminario menor para comunicarnos que se consiguieron tres cupos para que ustedes puedan acolitar en la misa del Papa en Luján, concretamente en el lavabo”, recordó Juan Bautista. Finalmente, entre los elegidos quedaron él y su hermano Nicolás, que tendrá la oportunidad de cumplir una función directamente junto al Pontífice.
El lavabo es una parte breve de la misa, pero posee un profundo sentido dentro de la liturgia católica. Se realiza después de la presentación de las ofrendas, cuando el sacerdote se lava las manos como expresión simbólica de purificación interior antes de la plegaria eucarística. Para llevarlo adelante suelen colaborar varios monaguillos: uno presenta el agua, otro sostiene el recipiente que la recoge y un tercero ofrece el paño para secarse las manos.
La participación en celebraciones multitudinarias tampoco es una experiencia desconocida para los hermanos Díez. El pasado 25 de septiembre, ambos sirvieron como acólitos en la misa central de las 15:00, durante la celebración del Día de la Virgen del Rosario de San Nicolás. En aquella oportunidad tuvieron a su cargo los ciriales, los grandes candeleros que se utilizan en distintos momentos de la liturgia. Así, Nicolás y Juan Bautista ya conocen la responsabilidad de servir en el altar ante miles de fieles, aunque la posibilidad de hacerlo ahora junto al papa León XIV representa una experiencia de una dimensión completamente diferente.
“Concretamente Nicolás estará en el lavabo, al lado del Papa”, explicó Juan Bautista, quien destacó la importancia de ese momento de preparación previo a la consagración. Para su hermano, la posibilidad de participar directamente de la ceremonia representa uno de los acontecimientos más importantes de su incipiente camino religioso.
La dimensión de la experiencia tampoco se limita a lo que sucederá dentro del altar. Nicolás sabe que estará acompañado por una comunidad que ha sido parte fundamental de su formación, desde los primeros años en San Nicolás hasta su ingreso al seminario. “Sé que estará presente mi familia y mi comunidad de Nuestra Señora de Lourdes, y los que no puedan estar presencialmente, aunque lo estén viendo en la tele, me acompañarán en su oración”, señaló.
Esa certeza parece darle tranquilidad ante una responsabilidad que reconoce como excepcional. “Yo siento que las oraciones de cada uno me van a acompañar para ese momento”, agregó.


Dos hermanos, una misma fe y una vocación que nació en la familia
La historia de Nicolás y Juan Bautista no comenzó con su elección para participar de la misa papal. Mucho antes, ambos crecieron en un hogar donde la religión formaba parte de la vida diaria y donde sus padres y su abuela tuvieron un papel fundamental en el acercamiento a la Iglesia.
“Esto fue gracias a que mi madre, mi padre, mi abuela, siempre tuvimos una crianza muy católica. Siempre estuvo la fe en la familia”, recordó Nicolás. Sin embargo, identifica un momento particular en ese recorrido: cuando Juan Bautista comenzó a interesarse más profundamente por la vida religiosa y decidió explorar el camino del seminario. “Juan hizo su parte, entró al seminario menor, y ese fue el comienzo”, explicó.
El mayor encontró algunas de las primeras respuestas a sus inquietudes mediante la lectura y el estudio de la vida de distintos santos. Entre las figuras que despertaron su interés mencionó a San Charbel y San Juan María Vianney, especialmente por su relación con la vida sacerdotal. También atribuye un significado particular a su fecha de nacimiento, el 8 de mayo, día en que se celebra a Nuestra Señora de Luján.
Aquellas coincidencias y el conocimiento de la vida de los santos fueron alimentando una inquietud que, según reconoce, necesitó tiempo para madurar. Juan Bautista llegó incluso a preguntarse si su futuro podía estar vinculado con el matrimonio y la formación de una familia, antes de sentirse cada vez más atraído por el sacerdocio.
“Creo que fue madurando desde la infancia. Yo cuestionaba si era para mí la vida matrimonial, pero desde que entendí que el sacerdote es sacerdote para siempre, tanto en la tierra como en el cielo, me atrajo mucho”, expresó.
Ahora se prepara para avanzar hacia una nueva etapa de formación. El próximo año tiene previsto ingresar al curso propedéutico, un período introductorio que antecede al seminario mayor y permite profundizar el discernimiento antes de continuar con los estudios sacerdotales.

La adolescencia dentro del seminario y una vida que conserva sus rutinas habituales
Para Nicolás, en cambio, el camino recién comienza. Tiene 15 años, estudia como cualquier adolescente y mantiene vínculos con sus amigos y familiares, aunque su vida cotidiana se desarrolla buena parte del tiempo dentro de un seminario menor, donde convive con otros jóvenes que también exploran una posible vocación religiosa.
Cuando se le preguntó cómo es esa experiencia, su respuesta comenzó por el aspecto que considera más valioso: la posibilidad de disponer de un lugar para rezar en cualquier momento. “Lo más hermoso de todo esto es que yo estoy siempre con Jesús en el Sagrario. Yo 24/7 bajo una escalera y puedo orar, rezar”, contó.
Su rutina incluye las obligaciones escolares y las actividades propias de la formación religiosa. Durante la semana permanece en el internado, del que sale cada dos semanas, mientras aprende progresivamente sobre los compromisos que implica la vida sacerdotal.
“Yo tengo la vida de un adolescente común y corriente. Estudio, como todos a mi edad”, explicó, antes de describir las particularidades del internado. A su entender, lo más importante es el aprendizaje espiritual que surge de la convivencia, las conversaciones y el acompañamiento que recibe de sacerdotes, compañeros y referentes de su comunidad.
“El discernimiento es algo de todos los días, y en eso suman los amigos, los curas, la comunidad. Todo suma. Es un pequeño granito de arena en tu vida espiritual”, sostuvo Nicolás, que considera fundamental ese acompañamiento para ir descubriendo si el sacerdocio es realmente el camino que desea seguir.
Aunque ingresó al seminario hace relativamente poco tiempo, asegura haber vivido experiencias que lo ayudaron a crecer y a comprender de otra manera su relación con la fe. “Yo, al entrar al seminario, fue muy poco tiempo en el que viví muchas cosas en cuanto a la vida espiritual, pero básicamente se trata de aprender a vivir en el amor”, reflexionó.
Por ahora, su objetivo es continuar formándose y prepararse para llegar eventualmente al seminario mayor. Esa posibilidad todavía forma parte de un camino de discernimiento que no exige una decisión definitiva a los 15 años, pero que ya ocupa un lugar importante en su proyecto de vida.
La emoción de estar frente al Papa y el acompañamiento de San Nicolás
La próxima misa en Luján reunirá dos aspectos que atraviesan la historia de los hermanos Díez: la vocación religiosa que comparten y la comunidad familiar que los acompañó desde sus primeros pasos. Para Nicolás, además, será la oportunidad de participar de una celebración junto a la máxima autoridad de la Iglesia, en una cercanía que pocas personas llegan a experimentar.
El adolescente sabe que su intervención durante el lavabo durará apenas unos instantes. Sin embargo, no mide su importancia por el tiempo que permanecerá junto al Pontífice, sino por el valor espiritual que encuentra en la tarea que le fue asignada.
“Difícil estar en un lugar más importante en ese momento”, expresó, al imaginarse frente a León XIV y pensar en la responsabilidad que tendrá durante la celebración.
También será una jornada especial para Juan Bautista, que estará presente como monaguillo y podrá compartir con su hermano una experiencia que llega mientras ambos avanzan en sus respectivos procesos de formación. Desde aquella infancia marcada por la fe familiar hasta la convivencia en el seminario, los dos recorrieron un camino que ahora los llevará juntos hasta Luján.
Nicolás, por su parte, vuelve una y otra vez al acompañamiento de las personas que forman parte de su vida. Sabe que algunos familiares y miembros de Nuestra Señora de Lourdes estarán allí, mientras otros seguirán la ceremonia a distancia. Para él, todos tendrán un lugar en ese momento a través de sus oraciones.
La participación junto a León XIV será breve, pero el adolescente ya le atribuye una importancia duradera. Más allá de la repercusión que pueda tener su presencia en el altar, Nicolás se prepara para vivirla como parte de su búsqueda vocacional, convencido de que esa cercanía con el Papa marcará su vida personal y pastoral.

