Una adopción en pandemia que marcó un antes y un después

NewsITe
En plena pandemia, cuando el encierro y la incertidumbre atravesaban la vida cotidiana, Héctor Maugeri tomó una decisión que terminaría transformándolo por completo: adoptar una perra rescatada. Así apareció en su camino Amanda, una galga que venía de una historia de sufrimiento, pero que encontró en él un hogar definitivo y un vínculo difícil de explicar con palabras.
Según contó en el programa La Noche de Mirtha, Maugeri se contactó con una fundación dedicada al rescate de galgos. Desde el primer intercambio, los voluntarios le hablaron de una perra muy particular: “Es una diva, se levanta antes que todos, sale del galpón y se queda esperando la salida del sol”, le describieron, marcando el carácter especial de la futura compañera.
Cuando llegó el momento del encuentro, la conexión fue inmediata. “Cuando vinieron todos los galgos, yo ya sabía quién era Amanda por las fotos. Ella vino a mí y se quedó detenida, como si supiera que yo era su dueño”, relató Héctor. Ese gesto, simple pero contundente, selló el inicio de una relación atravesada por la confianza y el cariño mutuo.
Un vínculo de amor, lealtad y reparación
Amanda no tuvo una vida fácil antes de ser rescatada. Como muchos galgos utilizados para carreras o explotación, arrastraba marcas físicas y emocionales. Sin embargo, al llegar al hogar de Maugeri comenzó un proceso de recuperación que no sólo la benefició a ella, sino también a su adoptante.
“Es la admiración del amor, la mirada de ella siempre cuidándome, protegiéndome”, expresó Héctor al describir cómo la perra se convirtió en un apoyo constante. Su presencia en la casa, sus rutinas y su forma de estar atenta a cada movimiento de su dueño son, para él, una demostración diaria de lealtad y compañía.
Con el tiempo, la vida de ambos se fue organizando alrededor de ese lazo. Las caminatas, los momentos de descanso y hasta los silencios compartidos se transformaron en un refugio emocional en medio de una etapa difícil para gran parte de la sociedad. La historia de Amanda refleja también el impacto positivo de la adopción responsable de animales rescatados.
El origen de un nombre soñado
Uno de los detalles más llamativos del relato de Maugeri es el origen del nombre de su perra. Aunque ella no se llamaba así al momento de ser rescatada, él decidió bautizarla de una manera muy particular. “Un día me levanté de noche y la soñé. Soñé ese nombre: Amanda”, recordó, todavía sorprendido por la fuerza de esa imagen.
A partir de entonces, ese nombre no solo identificó a la galga, sino que también simbolizó el renacer de ambos: ella, dejando atrás el maltrato; él, encontrando en la adopción una forma de vínculo genuina, terapéutica y reparadora. La relación se consolidó con gestos cotidianos y con una presencia que, según cuenta, lo acompaña y lo contiene en cada momento.
- Amanda fue rescatada por una fundación dedicada a galgos.
- La adopción se concretó durante la pandemia de COVID-19.
- El nombre de la perra surgió de un sueño de Héctor.
- Para Maugeri, Amanda es símbolo de amor, protección y lealtad.
“Ella vino a mí y se quedó detenida, como si supiera que yo era su dueño”, recordó Héctor sobre el primer encuentro con Amanda.
La historia de Héctor y Amanda se suma a tantas otras que muestran el poder transformador de los animales en la vida de las personas. En este caso, una adopción en un momento crítico se convirtió en una compañía invaluable, en una segunda oportunidad para una perra rescatada y en una nueva forma de entender el amor y la entrega incondicional.

