En el Council de las Américas, el Presidente volvió a vincular la caída de la natalidad con el aborto legal. Pero los informes del Ministerio de Salud de la Nación muestran que la natalidad cae desde 2014, mientras que la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo se aprobó en diciembre de 2020. Distintos espacios respondieron a las declaraciones con un análisis multicausal vinculado -entre otros factores- a cambios y tendencias en todo el mundo y la falta de políticas públicas.

De la Redacción de EL NORTE
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Durante su disertación ante el Council de las Américas -una conferencia anual organizada en Buenos Aires por la Cámara Argentina de Comercio (CAC) y la organización estadounidense Americas Society- el presidente Javier Milei dijo, al referirse a un problema del mercado laboral: “Si una característica del crecimiento es el rendimiento del capital, también tiene importancia lo que pase en el mercado del trabajo y la población. De hecho, estamos pagando muy cara la locura de los pañuelitos verdes. Argentina hoy no llega a una tasa de crecimiento de la población, de natalidad, que permita la reposición. Esa pasión por asesinar niños en los vientres de sus madres nos está costando caro en términos de crecimiento económico, y ni les cuento del sistema previsional”. Los datos oficiales del Ministerio de Salud de la Nación muestran que la tasa de natalidad (nacidos vivos cada mil habitantes) viene bajando desde 2014 en nuestro país, mientras que la ley de aborto se aprobó recién en diciembre de 2020. Distintas organizaciones y especialistas refutaron los dichos del presidente con estadística, tendencias globales y `falta de políticas públicas`.
En principio, no hay un patrón consistente entre legislación de aborto y tasa de fecundidad. Países con aborto muy restringido tienen tasas ultrabajas, y países con aborto legal desde hace mucho tienen tasas relativamente altas para el estándar desarrollado. Una de las variables más consistentes vinculado a la caída de los nacimientos es el desarrollo económico y educativo. Los países más pobres y con menor acceso a educación femenina tienen las tasas más altas, independientemente de su legislación sobre aborto —por falta de acceso a métodos anticonceptivos, motivos culturales o religiosos, no por la ley de aborto en sí.
La reducción de la natalidad tampoco es un fenómeno exclusivamente argentino. Los datos internacionales muestran una tendencia similar en buena parte del mundo y, particularmente, en América Latina. Según datos del Banco Mundial, la tasa de natalidad mundial viene descendiendo desde hace años. En América Latina, la disminución se registra desde hace más de medio siglo y se hizo más pronunciada a partir de la década de 2010.
TENDENCIA GLOBAL
“En Latinoamérica las tasas de natalidad vienen bajando desde hace más de medio siglo. A partir de los 2010 este descenso se hace más pronunciado, en especial en países como Argentina, Chile, Costa Rica y Uruguay. En Argentina se vuelve muy claro que se desploma a partir de 2014”, explicó María de las Nieves Puglia, directora de Género de Fundar. Puglia señaló que el descenso de la natalidad responde a múltiples factores. Entre los cambios de las últimas décadas mencionó el ingreso masivo de las mujeres al mercado laboral, el crecimiento de los niveles de educación superior y la expansión de las políticas de salud sexual y reproductiva, que permiten tomar decisiones sobre si tener hijos, cuándo tenerlos y cuántos tener.
Un documento del Fondo de Población de las Naciones Unidas publicado en 2026 señala que la fecundidad viene descendiendo a nivel mundial desde 1990. UNFPA sobre las tendencias demográficas en Argentina también identifica transformaciones en las preferencias de las personas, cambios en la organización de las familias y modificaciones culturales vinculadas con las decisiones reproductivas. A esto se suma el acceso creciente a métodos anticonceptivos y una mayor capacidad de las personas para planificar su vida reproductiva.
Los especialistas suman factores como: la incorporación de las mujeres al ámbito público y laboral, las dificultades para conciliar los tiempos de trabajo y crianza, el aumento de las vasectomías y ligaduras de trompas y los cambios en los valores y proyectos de vida de las generaciones más jóvenes. La tendencia también alcanza a la tasa de fecundidad, que mide la cantidad de hijos por mujer.
“LA RESPUESTA NO ES QUITAR DERECHOS”
Amnistía Internacional también visibilizó la estadística con respuesta y concluyó: “Gobernar para que las familias puedan vivir mejor es lo que falta”.
El Observatorio de las violencias de género `Ahora que sí nos ven` manifestó: “Milei vuelve a culpar al feminismo y al aborto legal por la caída de la natalidad. Pero los datos dicen otra cosa. Los nacimientos en Argentina vienen cayendo desde 2014: de 777.012 a 460.902 en 2023. Es decir, seis años antes de la sanción de la ley de legalización del aborto, (2020). Según UNFPA, el 57% de las personas no tuvo los hijos que desea, y entre quienes tienen menos de los deseados, el 62% señala razones económicas y de cuidados. La caída de la natalidad es global y multicausal, no un efecto de una ley reciente. No es el aborto legal. Es la falta de ingresos, estabilidad, vivienda y políticas de cuidado. Si preocupa la natalidad, la respuesta no es quitar derechos: es garantizar condiciones de vida dignas. Los datos son claros y el aborto legal es ley, le guste o no a la derecha reaccionaria”.
Desde la Campaña Nacional por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito recordaron que el derecho a decidir es ley, que el aborto legal salva vidas y que la educación sexual integral es fundamental para garantizar políticas públicas. E interpelaron: “¿Cómo proyectar una familia cuando hay desempleo, pérdida del poder adquisitivo y dificultades cada vez mayores para acceder a una vivienda?”.
La Red de Mujeres libres de violencias puso el foco en `el plan económico en desarrollo hecho a la medida de los intereses de Estados Unidos`. “Las mujeres estamos pagando caro tu gobierno”, expresó.
`Católicas por el derecho a decidir` evidenciaron las transiciones demográficas de la región y defendieron `las políticas integrales que reconozcan la diversidad de los proyectos de vida y garanticen derechos sexuales y reproductivos, cuidados, salud y condiciones dignas para decidir`.
MIRADA BONAERENSE
Por otra parte, la ministra de Mujeres y Diversidad de la provincia de Buenos Aires Estela Díaz respondió en sus redes sociales: “Lo que estamos pagando muy caro es que él sea el presidente de la Argentina. Desde la legalización del aborto se bajaron significativamente los costos económicos y humanos de la clandestinidad y la inseguridad de las prácticas. La atención de complicaciones post-aborto clandestino implicaba internaciones prolongadas, cirugías de urgencia y, en muchos casos, terapia intensiva, esterilidad e incluso perder la vida. Atribuirle la caída demográfica al aborto legal es una falacia que no se sustenta en evidencia, por el contrario, está basada en una visión sesgada, dogmática e ideologizada. Claramente, un intento más de profundizar lo que él mismo llama la `batalla cultural`. Su supuesta `preocupación` por el sistema previsional es de una enorme falsedad: asumió ajustando de manera cruel a las y los jubilados y a poco andar empezó a reprimirlos semana a semana frente al Congreso. Se le están cayendo todas las máscaras y sólo queda al desnudo el desprecio liso y llano por la vida digna de las mujeres. Con nosotras no Milei”.
REPERCUSIÓN INTERNACIONAL
Las declaraciones de Milei circularon por los medios de todo el mundo. El diario El País de España notó: “La natalidad comenzó a caer en Argentina en 2014 y desde entonces se ha derrumbado un 40%. Cada vez son menos los argentinos que tienen hijos y Javier Milei es un ejemplo. Tampoco tiene descendencia su hermana y secretaria de la Presidencia, Karina Milei; ni la vicepresidenta, Victoria Villarruel. Sin embargo, el mandatario atribuyó el descenso de nacimientos a la Ley de interrupción voluntaria del embarazo”.
La Ley 27.610, sancionada en diciembre de 2020 y promulgada en enero de 2021, establece el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo hasta la semana 14 de gestación inclusive. Después de ese plazo, la interrupción del embarazo es legal cuando se trata de un embarazo producto de una violación o cuando está en riesgo la vida o la salud de la persona gestante.

