La investigadora del Instituto Español de Ciencia y Tecnología de Alimentos y Nutrición (ICTAN-CSIC) y miembro de la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT), Sonia de Pascual-Teresa Fernández, lanzó la advertencia cuando lo detectó en el marco de un estudio para el cual consultaba estadísticas. La evidencia acumulada en los últimos años confirma que el sesgo de género en salud no se limita al acceso o a la investigación, sino que atraviesa los propios procesos de diagnóstico y tratamiento.

De la Redacción de EL NORTE
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La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (Aesan) revisará un informe sobre la alimentación adecuada en mujeres durante la menopausia tras la denuncia de varias científicas de que se ha basado en datos de estudios realizados en población exclusivamente masculina. El documento, ya retirado de la página oficial del organismo público, no alertaba de esta limitación en su estudio.
La revisión del documento con hábitos nutricionales dirigido a mujeres en las distintas etapas de la menopausia, publicado en marzo pasado, se produce tras la denuncia de científicas de la Asociación Española de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT) porque algunas de las recomendaciones se realizan sobre valores extraídos de estudios realizados directamente en varones, sin advertir explícitamente de este hecho.
La Aesan, organismo autónomo dependiente del Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, ha solicitado a su Comité Científico la revisión de ese informe y reconoce “la omisión de una advertencia” sobre los datos en los que se basó su estudio, que procedían de la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), según han explicado fuentes de la Aesan, después de que elDiario.es publicara la denuncia de las investigadoras.
NECESIDAD DE MUJERES EN AGENDA
En concreto, la investigadora del Instituto Español de Ciencia y Tecnología de Alimentos y Nutrición (ICTAN-CSIC) y miembro de la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT), Sonia de Pascual-Teresa Fernández, lanzó la advertencia cuando lo detectó en el marco de un estudio para el cual consultaba estadísticas.
La especialista escribió en primera instancia a la Aesan para advertirle del error. Tras dos intentos y varios meses de espera, el organismo contestó diciendo que “no veía que hubiera ningún error en esos datos”. Con la reciente publicación del caso en prensa, la Aesan ha optado por retirar el informe y asegura que añadirá una nota aclaratoria en la tabla correspondiente y volverá a publicar el estudio en la primera semana de septiembre.
De Pascual-Teresa Fernández defiende que “hay que invertir en investigación” que se centre en mujeres de este grupo de edad, “porque ahora mismo no existen esos estudios”. El problema, indica, es que estos errores pueden tener una repercusión importante en la sociedad. “Si se considera que ya hay evidencia científica, no hace falta financiar nueva. Además, engañan a esas mujeres mayores de 40 años que se van a creer que tienen que cumplir esas ingestas”, señaló. Las consecuencias podrían verse también en la industria de suplementos alimenticios, que puede intentar “vender a esas mujeres productos sobre la base de esas recomendaciones”, sin tener ninguna base científica verdadera.
La ministra de Igualdad, Ana Redondo, instó a revisar el informe y espera que “no vuelva a ocurrir”. “Ya es hora de que las mujeres estén presentes en las agendas y en los estudios de salud y que el cuerpo masculino deje de ser la referencia universal para todo, incluso para lo que tiene que ver con la menopausia”, publicó en su cuenta de X.
MENOS DIAGNÓSTICOS, ATENCIÓN Y TRATAMIENTOS
Hasta 1993, las mujeres estaban en gran medida excluidas de los ensayos clínicos. Esto significa que, durante decenios, los tratamientos y medicamentos se diseñaron pensando en el organismo masculino, sin probarlos adecuadamente en las mujeres: las dosis de los medicamentos se basaban en la biología masculina; los síntomas se definían utilizando organismos masculinos; a menudo se pasaban por alto los efectos secundarios en las mujeres.
Las consecuencias siguen vigentes en la actualidad. Las mujeres son más propensas a sufrir reacciones adversas a los medicamentos; es más probable que sus síntomas se malinterpreten y que las enfermedades que afectan principalmente a las mujeres –como las autoinmunes– sigan sin investigarse lo suficiente. El cáncer de ovario, los infartos, la endometriosis y hasta el COVID-19 muestran un mismo patrón: las mujeres reciben diagnósticos tardíos, menos atención y peores tratamientos. El androcentrismo médico sigue poniendo en riesgo la salud de las mujeres.
Por ejemplo, las mujeres que sufren la patología de muerte súbita cardíaca tienen aproximadamente la mitad de probabilidades de sobrevivir que los hombres, además de presentar un perfil clínico distinto que condiciona su prevención, diagnóstico y tratamiento, según revela un estudio publicado en la revista Resuscitation Plus. La investigación, liderada por el Sistema de Emergencias Médicas (SEM) y comunicada por el Departamento de Salud, concluye que esta patología no es homogénea y requiere incorporar la perspectiva de género en el ámbito clínico. Para hacer el estudio, se analizaron 639 episodios sucedidos entre 2014 y 2017, de los cuales 191 (un 29,9 %) corresponden a mujeres con datos del Registro de Paradas Cardíacas y Muerte Súbita de Cataluña (RAIMCAT, en sus siglas en catalán). Los datos indican que la tasa de supervivencia femenina se sitúa en tan solo un 4,2 %, mientras que en hombres es de más del doble, un 9,9 %.
Incluso en la actualidad persisten importantes brechas y se están reproduciendo de nuevas formas. Desde la investigación clínica hasta las herramientas de inteligencia artificial utilizadas en la atención de la salud, los datos en los que las mujeres están infrarrepresentadas siguen determinando la forma en que se estudian, diagnostican y tratan las enfermedades.
Otra problemática a considerar es que las mujeres también están insuficientemente representadas en los puestos de dirección del sector sanitario.

