La Corte Suprema confirmó la pena a un entrenador por abusos a niños

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La Corte Suprema de Justicia de la Nación dejó firme la condena a 24 años y 6 meses de prisión contra un entrenador de fútbol que abusó sexualmente de al menos tres niños a los que dirigía en una canchita del Barrio 31, en la Ciudad de Buenos Aires. Con esta decisión, el máximo tribunal cerró la vía de apelación y ratificó el fallo dictado en 2021 por el Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional N° 29.
Los ministros Horacio Rosatti, Carlos Rosenkrantz y Ricardo Lorenzetti declararon inadmisible el recurso de queja presentado por la defensa del condenado. Al desestimar el planteo, los jueces convalidaron la sentencia que había sido impuesta luego de un extenso debate oral en el que se analizó la gravedad de los hechos, el vínculo de poder del acusado sobre las víctimas y las secuelas psicológicas que los abusos provocaron en los chicos.
Durante el juicio, el fiscal Sandro Abraldes había reclamado la misma pena que finalmente impuso el tribunal, al sostener que el acusado ejerció un “avasallamiento total” sobre los niños. Según su alegato, el hombre no los reconoció como personas, sino como objetos que utilizó para satisfacer sus deseos sexuales, valiéndose de su rol como referente deportivo y adulto de confianza en el barrio.
Un patrón de abusos reiterados contra menores
De acuerdo con el veredicto de 2021, el entrenador fue considerado responsable por una serie de delitos sexuales especialmente graves: abuso sexual simple agravado por ser el encargado de la educación, en grado de tentativa; abuso sexual con acceso carnal agravado, reiterado al menos en tres oportunidades, en concurso con corrupción de menores. Todos los hechos fueron cometidos aprovechando la posición de autoridad que tenía sobre los chicos como profesor de fútbol.
Los episodios ocurrieron entre 2011 y 2015, y también en marzo de 2018. En uno de los casos, el condenado llevó a un niño de 11 años a una zona aislada de la cancha e intentó abusar de él, ofreciéndole dinero a cambio. El chico logró resistirse y, horas más tarde, relató lo sucedido a su madre, lo que derivó en la denuncia y en el inicio de la investigación penal.
En otros hechos comprobados en el juicio, el entrenador sometió y amenazó a otros nenes, mientras buscaba ganarse su confianza mediante regalos, como celulares, camisetas de fútbol y botines. Según reconstruyó la fiscalía, ese mecanismo de obsequios y presiones psicológicas le permitía garantizar el silencio de las víctimas y sostener el esquema de abusos en el tiempo.
Peritajes, Banco de Datos Genéticos y relevancia del fallo
Los jueces tuvieron en cuenta, además de los testimonios de los niños en Cámara Gesell, informes psicológicos y psiquiátricos del Cuerpo Médico Forense, que confirmaron la consistencia de los relatos y el impacto emocional de los abusos. Para los magistrados, la coincidencia entre las pruebas clínicas y las declaraciones de las víctimas permitió descartar intentos de desacreditación por parte de la defensa.
Como parte de la condena, el Tribunal Oral ordenó que, una vez firme la sentencia, se extrajera el perfil genético del condenado para incorporarlo al Banco Nacional de Datos Genéticos vinculado a delitos contra la integridad sexual, creado por la Ley 26.879. Esa medida persigue facilitar la investigación de otros posibles hechos y fortalecer las herramientas del Estado frente a los delitos sexuales.
La decisión de la Corte Suprema refuerza la importancia de las denuncias tempranas, la escucha a las víctimas y la persecución penal de los abusos cometidos en ámbitos deportivos y educativos, donde los agresores suelen ampararse en la confianza de niños, niñas y sus familias.
Con la condena ya firme, el caso se suma a otros fallos recientes que marcan una línea clara de la Justicia frente a los abusos sexuales contra menores, especialmente cuando se aprovechan relaciones de autoridad, como entrenadores, docentes o referentes comunitarios.

