Fujimori toma ventaja clave en un balotaje marcado por la polarización

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Con el 99,87% de las actas escrutadas, Keiko Fujimori se perfila como la próxima presidenta de Perú, al sacar una ventaja de más de 44.000 votos sobre Roberto Sánchez en el balotaje celebrado el 7 de junio. El último reporte de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) indica que la candidata derechista obtiene 9.207.625 votos, equivalentes al 50,12%, frente a los 9.163.516 sufragios (49,88%) de su rival.
La diferencia se sostiene cuando restan apenas 121 actas por remitir al Jurado Electoral Especial (JEE), lo que coloca el conteo en su tramo final y deja a Perú a las puertas de un nuevo cambio de mando. Si la tendencia se confirma en la proclamación oficial, Fujimori, de 51 años, asumirá el próximo 28 de julio un mandato de cinco años en un país atravesado por un profundo desgaste político: ocho presidentes en la última década y sucesivas crisis institucionales.
De acuerdo con analistas y medios internacionales, entre ellos Euronews, el voto de la diáspora peruana resultó determinante. El respaldo en el exterior operó como un “paracaídas” para la postulante de derecha, que logró revertir una ligera desventaja inicial y pasar al frente cuando el recuento ingresaba en la recta final.
El rol de la ONPE y las actas observadas
La ONPE informó que se mantiene a la espera de las resoluciones de los Jurados Electorales Especiales sobre las actas observadas, paso necesario para completar el cómputo definitivo. “Una vez recibidas, nuestro personal procederá con su procesamiento e incorporación inmediata al cómputo oficial, con lo cual se completaría el 100% de actas contabilizadas”, señaló el organismo mediante un comunicado.
El cierre de esta elección se da en un contexto de alta desconfianza hacia las instituciones, luego de años de enfrentamientos entre el Ejecutivo y el Congreso, destituciones presidenciales y denuncias cruzadas de corrupción. El desafío del nuevo gobierno será estabilizar el escenario político y responder al malestar social acumulado, al tiempo que enfrenta una economía golpeada por la inflación y la desigualdad.
Denuncias de fraude y tensión en las calles
En paralelo al avance del escrutinio, Roberto Sánchez, líder de Juntos por el Perú y heredero político del expresidente Pedro Castillo, endureció su discurso y habló de un “fraude en desarrollo”. Hasta el momento, no presentó pruebas públicas que respalden sus acusaciones. Su principal reclamo apunta a que las actas del exterior no se habrían digitalizado de forma inmediata, a diferencia de lo ocurrido en la primera vuelta, lo que —según su espacio— habría beneficiado al fujimorismo.
Un jurado electoral de Lima rechazó por improcedente el pedido para anular los votos del exterior, al considerar que fue presentado fuera de plazo y sin el pago de la tasa correspondiente. De esta manera, las sospechas planteadas por el entorno de Sánchez no lograron avanzar por la vía institucional.
Lejos de bajar el tono, el candidato de izquierda anunció que no reconocerá un eventual gobierno de Fujimori y convocó a movilizaciones para este sábado, en defensa de lo que denomina la voluntad popular. “Apelaremos a la lucha de resistencia patriótica y popular”, advirtió, en declaraciones que contribuyen a tensar aún más la escena política.
La respuesta de Keiko Fujimori y el escenario que viene
Desde su local partidario en el distrito limeño de San Isidro, Fujimori rechazó las denuncias de su adversario y las calificó como “acusaciones que no tienen pruebas”. Aseguró que el verdadero objetivo es “seguir sembrando dudas” y “meter cizaña” sobre el proceso electoral.
Consultada sobre si Sánchez debería aceptar el resultado, Fujimori sostuvo que se trata de una “decisión personalísima” y recordó que ella misma, en tres oportunidades anteriores, reconoció los resultados pese a haber quedado del lado derrotado.
Mientras se aguarda la proclamación oficial de los resultados por parte de los jurados electorales y la ONPE, el país se prepara para un posible traspaso de mando en un clima de fuerte polarización. El desenlace de este balotaje no solo definirá quién gobernará Perú hasta 2031, sino también si el nuevo liderazgo logra encauzar un sistema político desgastado por años de inestabilidad y confrontación.

