Juan Gil Navarro llamó a respetar la experiencia teatral

NewsITe
El actor Juan Gil Navarro expresó con firmeza su malestar por el uso de celulares durante las funciones teatrales, luego de una reciente presentación de la obra Misery en el teatro Metropolitan de la Ciudad de Buenos Aires. Ante la audiencia, el intérprete recordó que el hecho de abonar una entrada no habilita a los espectadores a hacer lo que quieran dentro de la sala, especialmente cuando se trata de conductas que interrumpen el desarrollo del espectáculo.
Tras el aplauso final, Gil Navarro y su compañera de elenco, la actriz Julia Calvo, permanecieron sobre el escenario para agradecer la presencia del público. En ese contexto, el artista tomó la palabra y decidió abordar un tema que, según reconoció, se repite función tras función: la distracción y la falta de respeto que genera el uso de teléfonos móviles, ya sea para enviar mensajes, registrar videos o sacar fotos con flash.
“Muchas gracias por haber venido a ver teatro, ya sea esta obra o cualquier otra”, comenzó diciendo, en un tono cordial pero firme. Luego, planteó el eje de su reclamo: “Disculpen, hay algo que se reitera muchas veces y es profundamente molesto, que es el tema de los celulares, una y otra vez”. Sus palabras reflejan una preocupación que atraviesa a todo el sector teatral, especialmente en la cartelera porteña, hoy en uno de sus momentos de mayor actividad y oferta de espectáculos.
La versión teatral de Misery, basada en el emblemático relato de Stephen King, es uno de los títulos fuertes de la avenida Corrientes y exige de sus protagonistas una gran concentración dramática. En obras de suspenso psicológico como esta, cualquier luz o sonido ajeno a la escena puede romper el clima construido y afectar tanto a los artistas como a quienes intentan seguir la trama con atención.
El respeto al público y a los artistas en la sala
Gil Navarro fue categórico al marcar el límite entre el derecho a disfrutar del espectáculo y las obligaciones mínimas de convivencia dentro de una sala. “Pagar no da derecho a hacer lo que uno quiere en una sala de teatro. Mucho menos, faltarle el respeto a la gente que está prestando atención”, subrayó, apuntando no solo al vínculo entre el público y los intérpretes, sino también entre los propios espectadores.
- El uso del celular distrae a actores y actrices en plena escena.
- Las luces de las pantallas y el flash rompen la atmósfera teatral.
- Los ruidos de notificaciones y conversaciones interrumpen el silencio necesario.
- La experiencia compartida del teatro se ve deteriorada para toda la sala.
“Por favor, tengan a bien no sólo apagar los celulares, sino no sacar fotos y mucho menos con flash”, pidió el actor ante el público del Metropolitan.
El episodio reabre el debate sobre los límites de la tecnología en espacios culturales y refuerza un reclamo extendido entre artistas y trabajadores del teatro: preservar el pacto de respeto que hace posible la experiencia escénica. En un contexto de gran vitalidad para la cartelera porteña, la discusión sobre modales, convivencia y uso responsable de dispositivos vuelve a escena, con el objetivo de que cada función pueda vivirse a sala llena, pero también en silencio y con plena atención.

