Insólito: una IA va a poder firmar resoluciones en Zárate

PRIMERA FUNCIONARIA QUE NO RESPIRA EN BUENOS AIRES

El intendente de Zárate designó a una inteligencia artificial como funcionaria municipal con poder para firmar resoluciones y gestionar expedientes, en una decisión que choca de frente con la legalidad, la responsabilidad y la lógica básica del Estado.

Insólito: una IA va a poder firmar resoluciones en Zárate
Marcelo Matzkin, Intendente de Zárate firmando el Decreto Municipal Nº 532/2025, donde designa a ZARA como primer funcionario municipal NO HUMANO con rango de director general. 

Por Michael Movio (*)
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En Zárate decidieron que la burocracia necesitaba un salto evolutivo. O al menos simularlo. En un intento por “modernizarse” en tiempos de inteligencia artificial, el intendente Marcelo Matzkin designó oficialmente a una IA como funcionaria municipal. No como asistente, no como herramienta, no como sistema de soporte: funcionaria. Con cargo, con decreto y con “facultades para resolver expedientes y firmar resoluciones”. Perfecto para una serie distópica; bastante menos conveniente para el organigrama legal de un municipio bonaerense.

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La nueva estrella de la estructura orgánica se llama ZARA, una mezcla de Sara y Zárate, porque al parecer la creatividad se agotó ahí. Fue nombrada “Directora General de Atención al Vecino No Humana”. Y sí, el decreto dice exactamente eso: no humana. Un detalle que en cualquier clase de Derecho Administrativo alcanza para desaprobar sin necesidad de final.

Insólito: una IA va a poder firmar resoluciones en Zárate
La publicación de Marcelo Matzkin en X anunciando el “primer funcionario municipal no humano”.

La legalidad de un funcionario municipal

Para ser funcionario público hacen falta tres condiciones mínimas: ser persona, tener capacidad jurídica y poder asumir responsabilidad. La IA designada no cumple ninguna. Pero en Zárate, al parecer, decidieron que si un chatbot puede contestar preguntas, también puede aplicar el principio de legalidad. Total, para qué complicarse con algo tan viejo como un DNI. Lo importante, al parecer, es que responda rápido.

El intendente defiende la medida como un avance. Innovación, modernidad, eficiencia… todo muy lindo. Pero ningún discurso motivacional convierte a una IA en autoridad pública. Una IA puede operar sistemas, pero no firmar actos administrativos. Instalar un servidor no equivale a tomar juramento.

A modo de contraste, en nuestra ciudad existe “SantIA”, un avatar municipal que hace exactamente lo que puede hacer una IA por ley: informar y derivar. Ni firma, ni decide, ni representa, ni genera actos administrativos. Sus propios Términos y Condiciones lo aclaran: es un asistente virtual, no un funcionario. Un bot, no una autoridad. Mientras en Zárate una IA aparece rubricando resoluciones, en San Nicolás el manual prácticamente advierte: “Esto es un chatbot. Si necesitás una decisión real, hablá con un humano”. La diferencia entre servicio digital y función pública —que en Zárate confundieron como si fueran sinónimos— marca toda la distancia entre legalidad y voluntarismo tecnológico.

¿A quién llamamos cuando ZARA autorice mal un trámite?

Firmar una resolución no es un trámite simpático: implica responsabilidad administrativa, política y patrimonial. Si una firma causa un perjuicio, alguien tiene que responder. Y hasta ahora no existe antecedente de un chatbot explicando su mala praxis ante el Tribunal de Cuentas.

La escena es fácil de imaginar:
—“ZARA, ¿por qué aprobaste este expediente irregular?”
Error 404: voluntad no encontrada.

Una autoridad sin responsable no es autoridad: es una ficción. Y la ficción, en el Estado, dura hasta que llega el primer reclamo. ¿Acaso el programador que creó la IA va a hacerse cargo de lo que firme? ¿O la responsabilidad quedará flotando en la nube, igual que los datos?

La legitimidad democrática, ese detalle menor

Los municipios funcionan porque hay elecciones, designaciones y controles. Nadie eligió a una IA, nadie la nombró mediante un acto válido y nadie puede removerla. Tampoco puede jurar un cargo, porque para eso hace falta algo tan incómodo como tener existencia legal.

Sin legitimidad democrática no se puede representar a un municipio ni decidir sobre derechos de los vecinos. Pero en Zárate alcanzó con un buen GPU y una sonrisa digital.

Innovación sí, ficción jurídica no

La inteligencia artificial es útil. Muy útil. Puede agilizar trámites, ordenar expedientes, derivar consultas, calcular tiempos de espera y contestar dudas sin cansarse ni pedir vacaciones. Pero ese es su rol: herramienta.

Convertirla en funcionaria equivale a poner a un semáforo como secretario de Tránsito porque “sabe cuándo frenar y cuándo avanzar”.

La IA de Zárate podrá funcionar como chatbot las 24 horas del día, pero la función pública es otra cosa: es decidir, responsabilizarse y rendir cuentas. Tres verbos que todavía no aparecen en ningún lenguaje de programación.

(*) Programador y responsable de tecnología de Diario EL NORTE
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