Homilía del Obispo: “Los enemigos del cristiano”

HE VENIDO PARA QUE TENGAN VIDA

Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Juan (Mt 10, 26-33).

Por monseñor Hugo Norberto Santiago
Obispo de la Diócesis de San Nicolás

“Jesús dijo a sus apóstoles: No teman a los hombres. No hay nada oculto que no deba ser revelado, y nada secreto que no deba ser conocido. Lo que yo les digo en la oscuridad, repítanlo en pleno día; y lo que escuchen al oído, proclámenlo desde lo alto de las casas. No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman más bien a aquél que puede arrojar el alma y el cuerpo al infierno. ¿Acaso no se vende un par de pájaros por unas monedas? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae en tierra, sin el consentimiento del Padre de ustedes. También ustedes tienen contados todos sus cabellos. No teman entonces, porque valen más que muchos pájaros. Al que me reconozca abiertamente ante los hombres, yo lo reconoceré ante mi Padre que está en el cielo. Pero yo renegaré ante mi Padre que está en el cielo de aquél que reniegue de mí ante los hombres”. Palabra del Señor.

“Yo” en cuanto enemigo de mí mismo

El cristianismo, partiendo de Jesús mismo, incluye la posibilidad cierta de persecución, burla o marginación en distintos grados, desde formas más sutiles a otras más violentas. Si bien la vida cristiana no es sólo “batalla”, tiene una dimensión de lucha contra tres enemigos. El primero, no lo ha tenido Jesús, pero sí nosotros debido al pecado, es el que la Biblia llama “carne”, que no es simplemente el pecado contra el sexto mandamiento, sino la lucha contra un enemigo interior. La carne soy yo mismo en cuanto enemigo de mí mismo, y se sintetiza con siete tendencias llamadas “pecados capitales”, que son tales porque son “origen”, “cabeza” de otras tantas inclinaciones malas. Esas inclinaciones son: soberbia, lujuria, gula, envidia, pereza, ira y avaricia, que podríamos llamar “enfermedades del alma”. La salud interior, en este sentido, consiste en cambiar cada una de esas actitudes por la contraria: humildad, templanza, castidad, ponderación de las capacidades de los demás, laboriosidad, mansedumbre y generosidad. Hay que pedirle a Dios que nos dé la fuerza para luchar contra nosotros mismos e ir venciendo progresivamente, porque las tendencias capitales nos dañan y hieren a los demás.

Un ambiente adverso

El segundo enemigo del cristiano es lo que la Biblia llama “mundo” en sentido peyorativo. Si la “carne” es el enemigo interior, el “mundo” es el enemigo ambiental. Es el ambiente que no es cristiano, que no quiere oír hablar de Cristo, es el lugar donde predomina la mentalidad creada por los pecados capitales, del vivir para comer en vez de comer para vivir o de acumular dinero por acumular; es el ambiente dominado por la violencia y la soberbia, donde la humildad es estupidez y la mansedumbre cobardía; donde la pureza es mal interpretada y la fidelidad es de otro mundo, donde la persona es manipulada y usada de mil maneras. Es fácil darse cuenta que el cristiano tiene que “remar contra corriente” en ese ambiente que no quiere saber nada con los valores y el estilo de vida de Jesús. Es el ambiente que puede amedrentar y retraer a cualquier creyente, que lo puede llevar a esconderse, a no manifestar su fe porque suponía la muerte física en otros tiempos, porque puede suponer la burla y la marginación en el presente. Es a esta situación donde el Evangelio de hoy apunta; dice Jesús: “No tengan miedo a los que pueden matar el cuerpo. Tengan miedo al que les puede matar el alma”. Es aquí donde la advertencia de Cristo pone al cristiano “entre la espada y la pared”, cuando agrega: “Al que me reconozca delante de los hombres yo lo reconoceré ante el Padre; y al que me niegue delante de los hombres lo negaré delante del Padre”. Aquí el cristiano experimenta el desafío sin salida de optar por Cristo y su Evangelio o por este ambiente que se le opone; no es posible ser “neutral”.

El padre de la mentira

Finalmente, el tercer enemigo del cristiano es el “diablo”, enemigo genético. Muchos no creen que exista, mejor para él maligno porque trabajará más libremente; otros lo conciben en la línea de una vieja película llamada “El exorcista”, que trataba de la actuación “extraordinaria” del diablo que toma posesión de una persona. Sin embargo, ese modo de actuar del demonio es muy raro. En cambio, el diablo, es “inteligencia del mal” y trabaja horas extras sin que la persona se dé cuenta, presentando el mal bajo aspecto de bien, de lo contrario nadie caería en la trampa, por eso dice la Biblia que es “mentiroso desde el principio” (Jn. 8,44). Por ejemplo, al que está tentado de robar, le muestra que será más rico, pero le oculta que se transformará en ladrón y que la cárcel puede ser el resultado; al que está tentado de ser infiel, le muestra que pasará un momento placentero, pero le oculta que su corazón comenzará a divorciarse y que si lo descubren se destruirá su familia; al que miente le hace ver que de ese modo cuida su imagen, pero le oculta que se transforma en mentiroso y si lo descubren nadie más le creerá; al que pone a sus padres en un geriátrico sin fundamento, le muestra que vivirá más cómodo, pero le oculta que está cometiendo una enorme injusticia, porque así como ellos lo cuidaron cuando era niño, ahora él, en justicia, tiene que devolverles contención y cuidado cariñoso. Les dejo a ustedes otros ejemplos. Jesús nos dice en su Evangelio: “Animo, yo he vencido al mundo”, Él puede hacernos una persona virtuosa, coherente, que tiene autodominio, no se deja engañar y camina por la verdad, incluso contra corriente, porque la verdad nos hace libres.

Que Dios te bendiga, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Buen domingo.

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