Un hallazgo que reescribe la historia de los fósiles en Argentina

NewsITe
Un equipo de investigadoras e investigadores del CONICET y de la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN) logró un descubrimiento excepcional en la formación Vaca Muerta, en Mendoza: fósiles de amonites de unos 135 millones de años que conservan tejido orgánico intacto, algo nunca antes registrado en este tipo de moluscos marinos extintos.
Los ejemplares corresponden a dos especies, Bochianites neocomiensis y Lissonia riveroi, y presentan la preservación del periostraco, la capa orgánica más externa de la conchilla. En los moluscos actuales, esta película está compuesta por proteínas, polisacáridos y lípidos, y suele perderse rápidamente tras la muerte del organismo, lo que hace que su conservación en el registro fósil sea extremadamente rara.
El estudio, publicado en la revista internacional Communications Biology, coloca nuevamente a Vaca Muerta en el centro de la escena científica mundial, no sólo por su relevancia en términos de recursos energéticos, sino también por su extraordinaria riqueza paleontológica. El hallazgo demuestra que, bajo ciertas condiciones geológicas, incluso los tejidos más delicados pueden preservarse durante millones de años.
Qué son los amonites y por qué son tan valiosos para la ciencia
Los amonites formaban parte de los ammonoideos, un grupo de cefalópodos marinos hoy extintos. Poblaron los océanos durante cerca de 400 millones de años y desaparecieron hace unos 66 millones de años, en la misma extinción masiva que marcó el final de los dinosaurios no avianos.
Su importancia científica es enorme: evolucionaron con rapidez, se distribuyeron por casi todo el planeta y sus conchillas se fosilizan con frecuencia. Estas características los convierten en fósiles guía de primera línea, utilizados por las y los geólogos para datar rocas y correlacionar formaciones entre distintas regiones. En la Formación Vaca Muerta, los amonites han sido clave para establecer la edad de las rocas y reconstruir antiguos ambientes marinos.
La relevancia del periostraco y el trabajo del equipo argentino
Desde el CONICET subrayan que el rasgo más novedoso del hallazgo es la preservación del periostraco en amonoideos del Cretácico, algo que hasta ahora no había sido documentado. Se trata de una capa extremadamente fina, flexible y frágil, que en condiciones normales se desprende y se deteriora con rapidez.
“El periostraco es una estructura extremadamente delgada, flexible y frágil, que hasta ahora no había sido descripta en ammonoideos cretácicos. El estudio demuestra que incluso tejidos orgánicos muy delicados pueden conservarse durante 135 millones de años cuando las condiciones tafonómicas y diagenéticas son favorables”, explica Maisa Tunik, investigadora del Instituto de Investigación en Paleobiología y Geología (IIPG).
La función de esta película orgánica es iniciar la biomineralización de la conchilla, actuando como base para la precipitación del carbonato de calcio. Además, ayuda a proteger la parte mineral frente a la disolución química y la abrasión mecánica, un rol que también se observa en moluscos actuales.
Técnicas no destructivas y cooperación federal
La extrema fragilidad del periostraco obligó al equipo a recurrir a metodologías de análisis no destructivas. Según detalló Martín Rogel, técnico del laboratorio del IIPG, se trata de “una película extremadamente fina, mucho más delgada que un cabello humano, que se despega y deteriora rápidamente durante la manipulación”, por lo que fue necesario minimizar la intervención directa sobre los fósiles.
- Se utilizaron técnicas como la microtomografía y la microscopía electrónica para estudiar las muestras sin dañarlas.
- Se analizaron varios ejemplares de amonites para confirmar que la estructura observada no fuera un rasgo aislado.
- Participaron equipos de diferentes instituciones del país, lo que permitió contrastar resultados y fortalecer las conclusiones.
“Este tipo de preservación excepcional nos permite acercarnos a aspectos de la biología y la química de organismos extinguidos que, hasta hace poco, parecían inaccesibles”, destacan desde el CONICET.
El trabajo abre nuevas líneas de investigación sobre la conservación de tejidos orgánicos en el registro fósil y reafirma el papel de la Patagonia y de la cuenca neuquina como uno de los grandes laboratorios naturales para la paleontología a nivel mundial.

