Grossi arranca la carrera en desventaja pero confía en revertir

NewsITe
El diplomático argentino Rafael Grossi, actual director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), terminó en el tercer lugar en la primera votación preliminar que realizó el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para definir quién sucederá a António Guterres como secretario general a partir del 1° de enero próximo.
En este primer test, llevado a cabo entre los 15 miembros no permanentes del Consejo de Seguridad, Grossi –cuyo nombre impulsa formalmente el Gobierno argentino– quedó por detrás de dos candidatas de peso en la escena internacional: la ex presidenta de Costa Rica y actual secretaria general de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), Rebeca Grynspan, y la representante de Guyana ante la ONU, Carolyn Rodrigues-Birkett.
Según trascendió en ámbitos diplomáticos, Grynspan fue la mejor posicionada, con 10 votos a favor, 1 en contra y 4 países que optaron por no expresar opinión. En segundo lugar se ubicó Rodrigues-Birkett, con 9 apoyos, 2 rechazos y 4 abstenciones. Grossi apareció tercero, aunque con una base de siete votos afirmativos que en la Cancillería argentina consideran un punto de partida competitivo para las próximas rondas.
Las reglas internas del proceso señalan que, en las votaciones definitivas, el umbral clave está apenas dos apoyos por encima de lo que Grossi obtuvo en esta instancia preliminar. De allí que en la Casa Rosada y en su entorno diplomático se insista en que “la carrera recién empieza” y que todavía habrá margen para negociaciones políticas y realineamientos entre las potencias.
El peso del Consejo de Seguridad y el fantasma del veto
Los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad –Estados Unidos, China, Rusia, Reino Unido y Francia– aún no dejaron trascender su postura respecto de ninguno de los postulantes. Su decisión será determinante: basta con que uno de ellos ejerza su poder de veto para bloquear cualquier candidatura, incluso si cuenta con una mayoría clara entre los restantes integrantes del organismo.
En esta primera ronda, entre los miembros no permanentes, dos países votaron abiertamente en contra de Grossi y otros seis eligieron la fórmula de “no opina”, una categoría que en la jerga diplomática suele interpretarse como margen para futuras negociaciones y no necesariamente como rechazo firme.
El argentino, sin embargo, logró ubicarse por encima de figuras con amplio reconocimiento en la región, como la ex presidenta chilena Michelle Bachelet, respaldada por Brasil y México, que cosechó seis votos a favor, cinco en contra y cuatro sin opinión. Más rezagados quedaron otros aspirantes, entre ellos el senegalés Macky Sall, la ecuatoriana María Fernanda Espinosa y el ugandés Olara Otunnu.
Perfil internacional y próximos pasos de la contienda
La próxima votación está prevista para el 21 de agosto. Hasta entonces, las campañas de los distintos aspirantes se concentrarán en sumar apoyos discretos y disipar resistencias, tanto entre los miembros rotativos del Consejo de Seguridad como, sobre todo, entre las grandes potencias que detentan el poder de veto.
Fuentes cercanas a Grossi remarcan que se trata de una “votación piloto” y que en esta fase “todos observan qué hace el otro” antes de revelar su verdadera posición. En ese sentido, destacan el capital político que el argentino construyó al frente del OIEA, organismo clave en la supervisión del programa nuclear iraní, la seguridad en torno a centrales ubicadas en zonas de conflicto y las conversaciones con líderes como el ruso Vladimir Putin o autoridades de Estados Unidos.
El reconocimiento internacional a su tarea quedó reflejado, además, cuando la revista Time lo incluyó este año en la lista de las 100 personas más influyentes del mundo. Ese perfil, entienden en su entorno, será una carta fuerte a la hora de convencer a los países de que un diplomático formado en la tradición multilateralista argentina puede equilibrar tensiones en un escenario global marcado por guerras, disputas comerciales y crisis humanitarias.
“Es una votación preliminar. Todos se estudian a ver qué hace el otro”, resumen allegados a Grossi, que confían en que el margen para crecer en las próximas rondaciones sigue abierto.
De cara a los meses que vienen, el tablero permanecerá en movimiento: la ONU deberá definir no sólo un nombre, sino también un rumbo político para la próxima década, en medio de desafíos climáticos, tecnológicos y geopolíticos sin precedentes.

