Fármacos para adelgazar: beneficios y riesgos bajo la lupa

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El uso de medicamentos basados en GLP-1 para bajar de peso se multiplica en la Argentina y el mundo, acompañado por un debate que se replica en redes: ¿adelgazan a costa del músculo? Especialistas en endocrinología y metabolismo coinciden en que la pérdida de masa magra existe, pero remarcan que se trata de un efecto esperado en cualquier plan de descenso de peso y que los riesgos se reducen cuando el tratamiento está supervisado de manera estricta por equipos de salud.
Lejos de ser una solución simple o “milagrosa”, los GLP-1 son fármacos complejos, con ajustes de dosis y posibles efectos adversos que varían según cada organismo. De allí que los profesionales insistan en un mensaje central: no deben iniciarse ni sostenerse por cuenta propia, sin seguimiento médico, ni utilizarse como atajo estético sin diagnóstico ni control.
Pérdida de masa muscular: qué dicen los estudios
Cuando una persona baja de peso –ya sea con dieta, cirugía bariátrica o medicación– se produce habitualmente una merma de masa magra, que incluye músculo, órganos y agua corporal. Investigaciones publicadas en bases científicas como PubMed indican que, en los tratamientos con GLP-1, cerca de una cuarta parte del peso perdido corresponde a masa magra, una proporción similar a la registrada en otros métodos de adelgazamiento.
Centros de referencia internacional, como la Universidad de California y el Instituto de Obesidad y Metabolismo de Boston, advierten que una parte relevante de ese tejido que se pierde es músculo de baja calidad, infiltrado de grasa. En paralelo, se observa mejoría en parámetros funcionales, como el equilibrio, la fuerza para ponerse de pie, la resistencia al esfuerzo y la movilidad cotidiana.
Cómo cuidar el músculo durante el tratamiento
La endocrinóloga Gacela Simán Menem, presidenta de la Fundación Argentina de Síndrome Metabólico y directora del CESAN (Centro de Endocrinología, Salud, Alimentación y Nutrición), subraya que la clave está en el enfoque integral. Bajar de peso implica atravesar un déficit de energía: el cuerpo tiende a reservar las calorías para funciones vitales y tareas diarias, y no para construir músculo nuevo. Sin embargo, ese efecto puede atenuarse con cambios concretos en el estilo de vida.
- Asegurar una adecuada ingesta de proteínas distribuidas a lo largo del día.
- Incorporar ejercicio físico regular, con especial foco en el trabajo de fuerza.
- Contar con seguimiento nutricional que ajuste el plan de comidas según la evolución.
- Evaluar la composición corporal, y no solo el peso, durante todo el tratamiento.
Para Simán Menem, no se trata solo de “hacer dieta”, sino de un abordaje nutricional y metabólico continuo, que acompañe cada etapa del descenso de peso. Esa mirada permite preservar, en la medida de lo posible, la masa muscular y mejorar la funcionalidad, apuntando a una reducción de peso más saludable y sostenible.
Supervisión profesional: condición clave para usar GLP-1
La especialista remarca que no todos los pacientes responden igual a las mismas drogas ni a las mismas dosis. Algunas personas requieren ajustes progresivos, cambios de esquema o incluso la indicación de otro medicamento. Por eso, los tratamientos con GLP-1 deberían estar a cargo de médicos capacitados en obesidad y metabolismo, con acceso a estudios de laboratorio, controles clínicos periódicos y evaluación de posibles efectos adversos.
“Los GLP-1 no son un tratamiento para iniciar ni sostener en soledad. Son medicamentos de manejo complejo que exigen supervisión especializada y un equipo que acompañe cada etapa del proceso”, enfatiza Simán Menem.
La conclusión que se impone entre los expertos es que el temor generalizado al desgaste muscular no alcanza para desaconsejar en bloque estos fármacos, que hoy representan una herramienta relevante contra la obesidad y las enfermedades metabólicas. El factor decisivo es cómo se usan: con indicación profesional, nutrición adecuada, actividad física guiada y seguimiento constante, los beneficios pueden superar ampliamente los riesgos. La automedicación y el uso sin controles, en cambio, sí constituyen una amenaza para la salud.

