Fuerte derrumbe textil: alerta por cierres y pérdida de empleo

Crisis profunda en la industria textil: datos que encienden alarmas

Trabajadores textiles y máquinas detenidas en una planta industrial

NewsITe

El cierre de la firma de indumentaria deportiva Will Der, que implicó el despido de 120 trabajadores y el apagado de sus plantas en General Pacheco y Las Flores, volvió a exponer la delicada situación que atraviesa la industria textil argentina. El caso no es aislado: se inscribe en un derrumbe productivo que golpea con especial fuerza a un sector históricamente generador de empleo industrial y particularmente dependiente del mercado interno.

De acuerdo con el último informe de coyuntura de la Fundación ProTejer, la producción textil se hundió 26,2% interanual en mayo, frente a una caída de 5,6% del total de la actividad manufacturera. Si se la compara con mayo de 2023, la baja acumulada alcanza el 37,5%, más del doble del retroceso general de la industria, que fue de 14,8% en el mismo período.

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Otro dato que alarma es el nivel de utilización de la capacidad instalada: en mayo, el sector textil trabajó al 42,2% de su potencial, el registro más bajo de toda la industria. En términos concretos, casi seis de cada diez máquinas permanecen paradas, lo que refleja tanto la caída de la demanda como la dificultad de las empresas para sostener sus costos en un contexto de menor actividad.

Importaciones, consumo en baja y reclamo por reglas parejas

En diálogo con Noticias Argentinas, la directora ejecutiva de ProTejer, Priscila Makari, puso el foco en las condiciones de competencia que enfrenta la producción local frente a la creciente presencia de productos importados. “El Gobierno bajó impuestos para la importación de ropa extra Mercosur, pero no bajó impuestos para los que producen en Argentina. Queremos competir, pero en igualdad de condiciones”, planteó.

Según los datos de la entidad, las importaciones de ropa ya explican cerca del 70% del mercado interno, cuando el promedio histórico rondaba el 50%. Durante el primer semestre de 2026, las cantidades importadas de indumentaria crecieron 66% interanual y las de confecciones aumentaron 38%, mientras que se redujeron las compras externas de fibras, hilados y tejidos, eslabones clave de la cadena productiva local.

Makari advirtió que la política comercial argentina contrasta con la orientación que adoptaron economías desarrolladas. Mientras Estados Unidos y la Unión Europea refuerzan aranceles y regulaciones para proteger sectores sensibles, “Argentina va a contramano del mundo”, cuestionó, y remarcó que “no existe hoy ningún país desarrollado que compita abriendo y desregulando el comercio; todos combinan inteligencia comercial con políticas industriales activas”.

Salarios deteriorados y consumo desplomado

La crisis textil no se explica solo por la competencia externa. El derrumbe del poder adquisitivo golpea de lleno a un rubro que depende de la capacidad de compra de los hogares. En mayo, los salarios privados registrados cayeron 3% interanual y 5% frente a 2023, mientras que en el sector público la baja fue aún más marcada: 4% en el año y 22% respecto de 2023.

Con menos ingreso disponible, los consumidores priorizan alimentos, alquileres, transporte, energía y otros servicios esenciales, relegando la compra de indumentaria y calzado. En este contexto, desde el sector describen un escenario en el que “hoy no se vende ni nacional ni importado”, señal de una contracción generalizada del mercado interno.

Empleo, estructura productiva y el modelo de país en disputa

El deterioro de la actividad se refleja también en el empleo registrado. Entre diciembre de 2023 y abril de 2026, la cadena textil, de indumentaria y calzado perdió 25.682 puestos de trabajo formales, lo que representa una merma del 21,3%. Esa cifra equivale a más del 30% de los 81.425 empleos que se evaporaron en toda la industria manufacturera en ese mismo lapso, según ProTejer.

En paralelo, se registró el cierre de 942 establecimientos vinculados al sector. La mayor parte del impacto recae sobre las pequeñas y medianas empresas distribuidas en distintos puntos del país, que concentran una proporción significativa del empleo textil. Los ajustes se traducen en reducción de turnos, suspensiones y, finalmente, en cierres definitivos, con efectos directos sobre las economías locales.

“El debate real no es apertura versus cierre, sino cómo se construyen reglas que permitan competir sin destruir empleo, capacidades productivas ni bienestar social”, resumió Makari, al advertir sobre el riesgo de una pérdida permanente de tejido industrial.

Desde la fundación remarcan que la discusión de fondo excede el precio de una prenda o la situación de una empresa en particular. En un país de más de 45 millones de habitantes, insisten, resulta imposible garantizar empleo y bienestar sin una industria manufacturera sólida. De mantenerse el rumbo actual, advierten, la crisis textil podría transformarse en un daño estructural difícil de revertir para la economía argentina en su conjunto.

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