Formosa admite baja en vacunas pero oculta los datos clave

El Gobierno formoseño reconoce caída en la vacunación sin brindar cifras

Campaña de vacunación infantil en la provincia de Formosa

NewsITe

El gobierno de Formosa, encabezado por Gildo Insfrán, admitió una disminución en las coberturas de vacunación infantil y lanzó una campaña para reforzar los esquemas del Calendario Nacional. Sin embargo, la administración provincial evitó difundir datos concretos sobre el alcance del problema, como porcentajes de cobertura actual, población objetivo o diferencias entre departamentos.

La advertencia fue formulada el 28 de julio por Julio Arroyo, jefe del Departamento de Inmunizaciones del Ministerio de Desarrollo Humano, quien reconoció que la caída en la aplicación de vacunas representa un riesgo sanitario real. Ese descenso, señaló, puede facilitar el regreso de enfermedades prevenibles que permanecieron controladas durante años, como el sarampión, la coqueluche o la poliomielitis.

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Arroyo atribuyó parte de la baja en las coberturas a la desconfianza que dejó la pandemia de COVID-19, un fenómeno que, según precisó, no se limita a las vacunas contra el coronavirus sino que impacta en dosis obligatorias de uso histórico. La provincia informó que la campaña se enfocará en niños nacidos en 2024, 2025 y 2026, con vacunatorios de horarios extendidos, operativos casa por casa y puestos en eventos recreativos, deportivos y culturales.

No obstante, la iniciativa oficial fue presentada sin informar el dato básico para evaluar su efectividad: el nivel actual de cobertura por vacuna. Tampoco se precisó cuántos niños integran la población objetivo, cuántos tienen esquemas incompletos, qué inmunizaciones muestran las mayores caídas ni cuántas dosis deberían aplicarse antes de fin de año para recuperar los niveles recomendados.

Falta de transparencia y alertas sanitarias

El Ministerio de Desarrollo Humano tampoco publicó comparaciones con años previos ni explicó si la baja en la vacunación responde exclusivamente al rechazo de familias, a dificultades geográficas, problemas de registro, déficit de personal o demoras en la provisión de dosis. Sin esa información desagregada, advierten especialistas, resulta imposible diseñar una estrategia focalizada y medir sus resultados.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) toma como referencia coberturas cercanas al 95% para impedir la transmisión sostenida del sarampión, aunque el porcentaje necesario varía según la enfermedad. En todos los casos, los organismos internacionales coinciden en que la vigilancia debe apoyarse en datos públicos, verificables y por grupo etario, vacuna y territorio.

  • La OMS recomienda coberturas cercanas al 95% para prevenir brotes de sarampión.
  • Salud de la Nación advirtió que la baja sostenida en vacunas acumula población susceptible.
  • Sin datos abiertos, no se puede evaluar el impacto de las campañas oficiales.

El propio Ministerio de Salud de la Nación alertó en informes recientes que la caída progresiva de la vacunación genera una “bolsa” de población susceptible y aumenta el riesgo de brotes de coqueluche y otras enfermedades inmunoprevenibles. En ese contexto, la falta de cifras en Formosa contrasta con el discurso oficial que presenta al sistema sanitario provincial como uno de los pilares del denominado “Modelo Formoseño”.

Responsabilidades políticas y necesidad de un tablero público

La responsabilidad de informar las coberturas recae en el ministro de Desarrollo Humano, Juan Carlos Atencia, designado por Insfrán en abril. El reciente recambio en el gabinete no exime al gobernador, que gobierna la provincia desde 1995 y controla desde hace décadas la estructura encargada de registrar nacimientos, aplicar vacunas y vigilar enfermedades transmisibles.

Especialistas en salud pública coinciden en que cualquier campaña de recuperación de esquemas debe sumar un tablero de acceso público que informe cobertura por vacuna, edad, departamento y centro de salud. Además, recomiendan distinguir entre dosis aplicadas en tiempo y forma y aquellas colocadas con retraso, porque un porcentaje final elevado puede ocultar que miles de chicos permanecieron desprotegidos durante meses críticos.

“Si el Gobierno provincial advierte riesgo de reaparición de enfermedades prevenibles, debe mostrar la dimensión del problema. Anunciar una campaña sin publicar el punto de partida impide saber si funciona y deja a las familias sin una advertencia precisa sobre las zonas más vulnerables”, señalan fuentes sanitarias consultadas.

La reconstrucción de la confianza en las vacunas, coinciden los especialistas, no se logra solo con campañas publicitarias o mensajes generales. Requiere transparencia en los datos, información clara sobre seguridad y eficacia, equipos de salud accesibles para responder dudas y un seguimiento público de los resultados. En una provincia que reivindica su sistema sanitario como emblema político, la admisión de una baja en las coberturas abre ahora la exigencia de una rendición de cuentas cuantitativa y sostenida en el tiempo.

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