El hijo mayor de Jair Bolsonaro y su intento de volver al poder

NewsITe
Flávio Bolsonaro, senador e hijo mayor del expresidente Jair Bolsonaro, se consolida como la principal apuesta del bolsonarismo para intentar regresar al poder en Brasil. Condenado su padre a 27 años de prisión por planificar un intento de golpe de Estado, el dirigente derechista delegó en su primogénito la misión de enfrentar y derrotar a Luiz Inácio Lula da Silva en el actual escenario electoral, en el que Flávio llega con ventaja para la segunda vuelta.
Nacido en 1981 y abogado de profesión, Flávio es el mayor de los cinco hijos de Jair Bolsonaro. Comenzó su carrera política muy joven: a los 21 años fue elegido diputado estatal en Río de Janeiro, mucho antes de que el apellido Bolsonaro se transformara en una de las marcas más influyentes de la política brasileña. Tras cuatro mandatos consecutivos en la Legislatura de Río, dio el salto al Senado en 2018, en las mismas elecciones en las que su padre alcanzó la presidencia.
Su trayectoria se construyó con un fuerte énfasis en la seguridad pública. Flávio hizo eje en políticas de línea dura, defendiendo a las fuerzas policiales y promoviendo un endurecimiento general del combate al delito. Ese discurso le permitió consolidar respaldo en sectores conservadores urbanos, pero también ganar presencia en las favelas, donde el discurso de mano dura convive con reclamos por mayor presencia estatal.
Un bolsonarista dialoguista con influencia en el Congreso
Dentro del movimiento bolsonarista, Flávio es visto como un dirigente más moderado que su padre. Legisladores y asesores coinciden en que cultivó vínculos transversales en el Congreso y se convirtió en un intermediario habitual entre el expresidente y el Senado, especialmente durante los cruces más tensos con el Supremo Tribunal Federal.
“Flávio tiene más tacto que su padre”, resumió Gilson Machado, exministro de Turismo de Jair Bolsonaro, quien asegura conocer al clan desde hace décadas. Ese perfil dialoguista le permitió mantener canales abiertos incluso con sectores que mantenían un enfrentamiento frontal con el exmandatario.
En campaña, su propuesta combina continuidad y matices. Por un lado, promete reducir la edad de imputabilidad penal y endurecer las penas para delitos violentos, al tiempo que refuerza su cercanía con las Fuerzas Armadas. Por otro, intenta mostrarse como un negociador capaz de articular acuerdos en un Congreso fragmentado, un punto sensible en el actual clima político brasileño.
Sintonía con Donald Trump y promesa de amnistía
En el plano internacional, Flávio Bolsonaro mantiene el alineamiento que marcó la gestión de su padre, con Estados Unidos como socio central. En marzo reclamó que determinados grupos fueran catalogados como organizaciones terroristas y, en mayo, viajó a territorio estadounidense para plantear el tema directamente ante Donald Trump. Cuando Washington confirmó esa designación, el propio Bolsonaro agradeció al expresidente republicano y a referentes del Partido Republicano por atender el pedido.
Flávio también prometió impulsar una amplia amnistía para Jair Bolsonaro y otros condenados por el intento de golpe, y no descartó el uso del indulto presidencial si el Congreso se resiste a avanzar. De llegar al poder, se espera que mantenga la línea de política exterior heredada de su padre, con fuerte énfasis en la relación con Estados Unidos y en el respaldo de sectores religiosos evangélicos, pieza clave del llamado “voto moral”.
El bolsonarismo busca en Flávio una combinación de continuidad ideológica y mayor capacidad de negociación, en un Brasil polarizado y bajo la mirada atenta de la comunidad internacional.
Con base religiosa consolidada, apoyo en sectores populares y el capital político del apellido Bolsonaro, el senador se posiciona como figura central de la derecha brasileña. La segunda vuelta será el primer gran test para medir hasta dónde llega ese liderazgo heredado y cuánto pesa su intento de mostrarse como una versión más pragmática y dialoguista del proyecto de su padre.

