Ernestina Pais: su lucha contra el alcohol y la salud mental

Una vida marcada por la pantalla y por una batalla silenciosa

Ernestina Pais, periodista y conductora argentina

NewsITe

La muerte de Ernestina Pais, ocurrida a los 54 años tras un trágico accidente ferroviario en la localidad bonaerense de Martínez, conmocionó al mundo del espectáculo y a la audiencia que la siguió durante décadas. Más allá de su trayectoria como actriz, periodista y conductora, Pais dejó un legado atravesado por la valentía de haber hablado en público sobre su lucha contra el alcoholismo y la salud mental.

A lo largo de entrevistas y apariciones en medios, Ernestina eligió contar un proceso duro y complejo. Señalaba que el punto de quiebre había llegado en 2024, cuando atravesó una crisis psicofísica en su casa que obligó a la intervención del SAME y al auxilio urgente de su familia. Ese episodio, que incluyó conductas autolesivas, terminó siendo el disparador para que su entorno decidiera su internación.

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La conductora explicó que el deterioro no fue repentino: se fue gestando tras años de trabajo ininterrumpido y se profundizó durante la pandemia de Covid-19. El cierre de su restaurante, las dificultades económicas, las deudas y el aislamiento configuraron un caldo de cultivo que, según sus propias palabras, la llevó a “vivir un infierno” en términos emocionales.

Ernestina fue derivada al Centro de Sanación Psicoemocional “La Posada del Inti”, en Mar del Plata, donde atravesó una internación prolongada. Con el paso del tiempo aseguró que pudo resignificar esa experiencia: entendió que esa decisión de su familia fue, en realidad, una forma de cuidado. En distintas oportunidades insistió en que las adicciones deben tratarse como una problemática de salud mental y no desde el estigma o el señalamiento moral.

Recuperación, recaídas y la importancia de pedir ayuda

En marzo de 2025, Pais contó que llevaba más de un año sin consumir alcohol. Atribuyó ese cambio al acompañamiento de profesionales, al sostén permanente de su familia y, sobre todo, a la decisión personal de pedir ayuda. “El consumo problemático no empieza cuando levantás la copa, sino cuando dejás de contar lo que te pasa”, sostuvo entonces, planteando que el silencio y el aislamiento suelen ser el primer síntoma.

Lejos de presentarse como alguien que había “ganado la batalla”, prefería hablar de un trabajo cotidiano. En sus palabras, la abstinencia se construía “de a un día por vez”, apoyada en terapias individuales y grupales y en el contacto con redes de apoyo como Alcohólicos Anónimos (AA). Su testimonio buscaba mostrar que la recuperación es un camino con avances, retrocesos, miedos y aprendizajes.

Su historia volvió a quedar bajo la lupa pública en marzo de 2026, cuando protagonizó un accidente automovilístico al chocar contra un vehículo estacionado y se negó a realizar el test de alcoholemia. Si bien no se registraron heridos y nunca se confirmó oficialmente que hubiera consumido alcohol, el episodio reavivó el debate sobre las recaídas, la exposición mediática y la presión sobre quienes transitan una adicción.

Un mensaje para desarmar prejuicios

En los últimos años, Ernestina buscó transformar su experiencia personal en un mensaje colectivo. Subrayó la necesidad de hablar del consumo problemático de alcohol sin romantizarlo ni banalizarlo, pero también sin condenar a las personas que lo atraviesan. Su insistencia en la idea de las adicciones como un problema de salud mental apuntaba a promover diagnósticos oportunos, tratamientos adecuados y una red de contención que vaya más allá del círculo íntimo.

  • Visibilizó el costo emocional del consumo problemático y la soledad que suele acompañarlo.
  • Reivindicó el rol de la familia, los profesionales y los grupos de ayuda mutua en el proceso de recuperación.
  • Cuestionó los prejuicios sociales que rodean a las adicciones y desalientan la búsqueda de asistencia.

“El consumo problemático no empieza cuando levantás la copa, sino cuando dejás de contar lo que te pasa”, repetía Ernestina Pais, recordando que pedir ayuda puede ser el primer paso para salir del silencio.

Su muerte deja un vacío en los medios, pero también una huella en el debate sobre salud mental y adicciones. Su testimonio, con todas sus contradicciones y fragilidades, invita a revisar cómo la sociedad acompaña —o no— a quienes enfrentan el alcoholismo y otros consumos problemáticos.

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