El sostén íntimo detrás de los últimos años de Ernestina Pais

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La muerte de Ernestina Pais, ocurrida tras un choque entre el auto que conducía y una formación del Tren de la Costa en Martínez, a los 54 años, abrió una nueva etapa de dolor y reconstrucción para su círculo más íntimo. En el centro de esa trama afectiva aparecen su hijo Benicio, de 22 años, y su expareja, el fotógrafo Alejandro Guyot, con quienes la periodista mantuvo un lazo sólido incluso después de la separación.
Benicio nació en 2004 fruto de la relación entre Pais y Guyot. A contramano de la exposición pública que siempre acompañó la carrera de su madre, el joven eligió el bajo perfil y se mantuvo lejos de cámaras y entrevistas. Fue una decisión que Ernestina respetó de manera estricta, preservando su intimidad y evitando que su vida profesional impactara de lleno en la cotidianeidad de su hijo.
El vínculo entre la periodista y Guyot se extendió durante una década y, aunque la pareja se separó en 2010, la relación se reconfiguró en un esquema de parentalidad compartida. Lejos de romper lazos, el fotógrafo se mantuvo cerca, acompañando la crianza de Benicio y siendo un sostén clave en los momentos más difíciles que atravesó la familia en los últimos años.
La decisión de pedir ayuda y el rol de la familia
En marzo de 2024, en medio de una severa crisis psicofísica que afectaba a Ernestina, fue Alejandro Guyot, en conjunto con otros familiares, quien impulsó la judicialización de su situación de salud. El objetivo era claro: garantizar que recibiera atención médica adecuada cuando ella ya no podía hacerlo por sus propios medios. A partir de esa intervención, la Justicia determinó que “no podía sola” y autorizó su traslado a un sanatorio y luego a una clínica psiquiátrica especializada en rehabilitación.
Meses después, cuando comenzó a hablar públicamente de su proceso, Pais reconoció que su hijo fue una de las principales razones para intentar salir adelante. En una entrevista televisiva, confesó que el mayor peso emocional que cargaba tenía que ver con el impacto que su internación podía tener en Benicio y con el temor a que él sufriera la exposición mediática de su lucha contra el alcoholismo.
“La única vez que sentí que podía tener algo de vergüenza era por mi hijo. Tener una mamá internada y todo eso me parecía un montón”, recordó en diálogo con Ángel de Brito al repasar aquella etapa. También explicó que durante años evitó contar públicamente su problema de consumo porque él era chico, sufría y ella no quería sumarle la mirada ajena.
Un acompañamiento silencioso pero determinante
El bajo perfil de Benicio no significó distancia, sino un tipo distinto de presencia. Durante el tratamiento de su madre en la Posada del Inti, el joven asumió un rol activo en el acompañamiento terapéutico, junto a su padre. Participó de las instancias familiares habilitadas por la clínica y se convirtió, según relató la propia Ernestina, en uno de los motores principales para que aceptara transitar la abstinencia y sostener el tratamiento.
Desde el entorno de la familia señalan que esa red afectiva, integrada por su hijo, su ex pareja y otros allegados, fue determinante para que la periodista encarara su recuperación. En sus apariciones públicas más recientes, Pais insistía en que, aunque había atravesado un “fondo de pozo”, quería dejarle a Benicio el mensaje de que siempre es posible levantarse.
Hoy, mientras avanza la investigación judicial sobre el accidente ocurrido en el paso a nivel de Martínez —a cargo de la fiscal María Paula Hertrig—, el círculo íntimo de Ernestina enfrenta el duelo y la exposición mediática buscando resguardar, una vez más, la figura de Benicio, el hijo que eligió el silencio como forma de cuidado y que fue, hasta el final, uno de los grandes sostenes en la vida de su madre.
“Esperaba haberle dejado una enseñanza: que siempre es posible levantarse después de tocar fondo”, había expresado Ernestina sobre su hijo en una de sus últimas entrevistas.

