El indicador de JP Morgan pasó de 402 puntos en julio a 852 al cierre del miércoles. La debilidad de la actividad económica, las dificultades para reducir la inflación y la incertidumbre sobre las elecciones presidenciales del próximo año generan preocupación entre los inversores, en medio de importantes vencimientos de deuda que deberá afrontar Argentina.

El riesgo país argentino experimentó un fuerte crecimiento durante los últimos cuatro meses y volvió a encender las señales de alerta en los mercados financieros. El indicador elaborado por JP Morgan, que había alcanzado un mínimo de 402 puntos el pasado 10 de julio, cerró este miércoles 4 de noviembre en 852 unidades, lo que representa un aumento superior al 100% en menos de cuatro meses y refleja un deterioro en las expectativas de los inversores sobre la economía nacional.
Detrás de esta suba aparece una combinación de factores que van desde las condiciones financieras internacionales hasta las dificultades que atraviesa la actividad económica argentina. Sin embargo, una de las principales preocupaciones del mercado comienza a concentrarse en el escenario político de 2027, cuando se celebrarán las elecciones presidenciales y el Gobierno deberá afrontar importantes compromisos de deuda en moneda extranjera.
El incremento del riesgo país refleja cuánto rendimiento adicional exigen los inversores para mantener títulos de deuda argentina frente a los bonos del Tesoro estadounidense. Cuanto más elevado es su valor, mayor es la percepción de riesgo sobre la capacidad del país para cumplir sus obligaciones financieras, lo que dificulta sus posibilidades de obtener financiamiento internacional a tasas accesibles.
Deterioro económico
Durante la primera mitad del año, los bonos argentinos habían mostrado una evolución más favorable, impulsados por las expectativas de una recuperación económica y una mejora de las condiciones financieras. Ese panorama comenzó a cambiar durante julio, cuando los datos correspondientes al segundo trimestre mostraron señales de debilidad en la actividad productiva y la inflación dejó de desacelerarse al ritmo que esperaban los analistas.
En diálogo con TN, el economista Martín Polo, fundador de Polomix, identificó precisamente ese momento como un punto de inflexión en la confianza de los inversores. Según explicó, las expectativas positivas que habían acompañado a los activos argentinos perdieron fuerza cuando comenzaron a conocerse indicadores económicos menos favorables que los previstos inicialmente.
Uno de los principales problemas señalados por el especialista es la dificultad para recuperar el poder adquisitivo de los salarios, debido a que la inflación continúa desacelerándose más lentamente de lo esperado. A esa situación se suma la debilidad de la actividad económica, que, según su evaluación, ya ingresó en una etapa recesiva cuya duración todavía resulta incierta.
Este escenario tiene consecuencias sobre las perspectivas de crecimiento del país, ya que una economía con dificultades para recuperar la producción y el consumo ofrece menos certezas sobre su capacidad de generar ingresos y sostener las cuentas públicas. Para los inversores, la evolución de estas variables resulta importante al momento de evaluar la capacidad del Gobierno para afrontar sus compromisos financieros.
Elecciones de 2027
A los problemas económicos, se suman las elecciones presidenciales previstas para 2027, un factor que comenzó a ganar protagonismo entre los operadores financieros. Aunque todavía falta casi un año para los comicios, los inversores empezaron a incorporar en sus decisiones la posibilidad de que el resultado electoral modifique la continuidad del programa económico del presidente Javier Milei.
Pedro Siaba Serrate, responsable de investigación y estrategia de Portfolio Personal Inversiones (PPI), sostuvo en TN que la incertidumbre política se convirtió en uno de los principales factores que condicionan el comportamiento de los bonos argentinos. Según explicó, las preocupaciones del mercado están vinculadas especialmente con la continuidad de las políticas económicas después de las elecciones y con la percepción de riesgo que tienen los propios inversores locales.
La consultora PPI elaboró un indicador que busca estimar qué probabilidad de continuidad del Gobierno descuentan los precios de los bonos argentinos. De acuerdo con ese cálculo, a mediados de julio los títulos incorporaban una probabilidad implícita de reelección de Javier Milei de entre el 90% y el 92%, mientras que a fines de agosto había descendido al 77% y el pasado 3 de noviembre se ubicó por primera vez por debajo del 50%.
Estos porcentajes no constituyen pronósticos electorales ni representan necesariamente las posibilidades reales de triunfo del oficialismo, sino que surgen de un modelo financiero basado en el comportamiento de determinados activos. No obstante, su evolución permite observar cómo se modificó la percepción de los inversores sobre el escenario político argentino y la continuidad del programa económico.
Justina Gedikian, analista de la oficina de inversiones de Cohen, también señaló que las dudas sobre el próximo proceso electoral comenzaron a reflejarse en los precios de los bonos. Según explicó, los títulos con vencimiento durante el actual mandato presidencial mantienen un comportamiento más estable, mientras que las mayores caídas se concentran en aquellos cuya fecha de pago se extiende más allá de 2027.
La deuda que deberá afrontar Argentina durante el próximo año
La preocupación del mercado no se limita al resultado de las elecciones, ya que el calendario financiero de 2027 también presenta importantes desafíos para el Gobierno nacional. Durante ese período se concentrarán vencimientos de deuda en moneda extranjera estimados en unos 25.000 millones de dólares, una cifra que obliga a la administración nacional a conseguir los recursos necesarios para cumplir con esas obligaciones o negociar nuevas alternativas de financiamiento.
En este contexto, la acumulación de reservas internacionales aparece como una de las principales variables que siguen los inversores. La disponibilidad de dólares resulta fundamental para afrontar los pagos, mientras que la posibilidad de regresar a los mercados internacionales permitiría refinanciar parte de los vencimientos y reducir la presión sobre los recursos del Banco Central.
Sin embargo, el aumento del riesgo país complica ese objetivo, debido a que encarece las condiciones en las que Argentina podría obtener nuevos préstamos. De mantenerse el indicador en niveles elevados, el Gobierno podría enfrentar mayores dificultades para conseguir financiamiento a costos compatibles con una administración sostenible de la deuda.
El escenario internacional también suma presión
Aunque los factores internos adquirieron mayor protagonismo durante los últimos meses, el contexto internacional también influyó en el comportamiento de los bonos argentinos. Martín Polo señaló que el aumento de las tasas de los títulos del Tesoro estadounidense perjudicó a las economías emergentes, debido a que las inversiones consideradas más seguras comenzaron a ofrecer rendimientos más atractivos.
A esa situación se sumaron los movimientos políticos y financieros registrados en Brasil y Estados Unidos, cuyos procesos electorales también modificaron las expectativas de los mercados. Según el economista, la combinación de estos acontecimientos contribuyó a generar un escenario internacional menos favorable para los activos argentinos, que ya enfrentaban dificultades vinculadas con la evolución de la economía nacional.
De todas maneras, los especialistas coinciden en que una mejora sostenida del riesgo país dependerá principalmente de las señales que pueda ofrecer Argentina. Para Gedikian, será necesario que la actividad económica retome el crecimiento y que el Banco Central consiga acumular reservas de manera consistente, condiciones que podrían contribuir a recuperar la confianza de los inversores.
Mientras tanto, la evolución del indicador continuará estrechamente vinculada con las perspectivas económicas y políticas del país. Con el riesgo país por encima de los 850 puntos, importantes vencimientos de deuda por delante y las elecciones presidenciales cada vez más presentes en las decisiones financieras, Argentina enfrenta el desafío de recuperar la confianza del mercado para mejorar sus posibilidades de financiamiento.

