Durante el Ángelus, el Papa León XIV pidió no resignarse ante la violencia, exhortó a los líderes mundiales a priorizar el diálogo y sostuvo que la fe debe convertirse en un camino de esperanza para los pueblos que sufren la guerra.

El papa León XIV volvió a expresar este domingo su preocupación por los conflictos armados que afectan a distintas regiones del mundo y llamó a no naturalizar la violencia. Durante el rezo del Ángelus, desde la ventana del Palacio Apostólico y ante una Plaza San Pedro colmada de fieles, afirmó que “bajo el azote de la guerra, Cristo es esperanza” y pidió rezar por quienes tienen la responsabilidad de tomar decisiones que pueden abrir el camino hacia la paz.
En su mensaje, el Pontífice centró su reflexión en el sufrimiento que provocan las guerras. Habló del compromiso que, según sostuvo, deben asumir los cristianos frente a esa realidad. A partir de un pasaje del Evangelio según san Mateo, contrapuso la sabiduría de Dios con la lógica del poder. Y advirtió que el conocimiento, cuando se aparta de la humildad y del servicio, termina alimentando la arrogancia, la opresión y los enfrentamientos.
“La sabiduría humana se convierte entonces en arrogancia y la doctrina degenera en soberbia. La verdadera sabiduría de Dios se revela, en cambio, en la humildad de la carne y su enseñanza se dirige a quienes pasan más dificultad”, expresó.
La fe como respuesta al sufrimiento
León XIV sostuvo que la fe cristiana no representa una forma de escapar del drama de la historia, sino una manera distinta de atravesarlo. En ese sentido, afirmó que seguir a Cristo implica recorrer un camino de libertad capaz de ofrecer esperanza incluso en los momentos más difíciles.
“Al seguir a Cristo, nuestro camino no es, por tanto, una ascética que mortifica: es una escuela de libertad, que se toma en serio el drama de la historia y siempre ilumina su sentido, sobre todo en los momentos más oscuros. De hecho, sólo en la cruz de Jesús se redime el mal: sólo en su pasión nuestro cansancio mortal encuentra consuelo y redención”, afirmó.
El Papa también convocó a las comunidades cristianas a traducir la fe en acciones concretas de acompañamiento hacia las víctimas de la violencia y de los conflictos armados, al tiempo que pidió intensificar las oraciones por los responsables políticos y militares para que privilegien el diálogo y la reconciliación por encima de cualquier interés particular.
Una oración por la paz
Antes de concluir el Ángelus, el Pontífice dirigió una oración a la Virgen María para que interceda por la Iglesia. Así como por todos los pueblos afectados por la guerra, la pobreza y otras formas de sufrimiento que atraviesan al mundo.
“En la esclavitud, Cristo es liberación. Bajo el azote de la guerra, Cristo es esperanza. En la hora del pecado, Cristo es perdón. Esta es la verdadera sabiduría, es decir, el camino que queremos recorrer juntos, unidos en su nombre como discípulos”, concluyó.

