El periodista y locutor oriundo de San Nicolás, Gustavo Mendez, ostenta un importante recorrido en los medios. Su historia de vida no tiene solo el valor del trayecto profesional, sino que también lleva en sus espaldas el triunfo resiliente contra un tumor. El proceso fue superado con éxito gracias a la intervención del personal del Hospital Garrahan, que ahora lo reconoce como padrino de “Estación Alegría”, representante del paciente del Hospital de Pediatría Juan P. Garrahan.

Carolina Mitriani
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Diez años de batalla dio Gustavo Mendez contra un tumor, en plena adolescencia y con las herramientas que nunca parecen suficientes ante una noticia como tal diagnóstico. El 20 de octubre “me lleva a un momento muy difícil que tuve que atravesar con mi familia: un tumor medular del cual fui intervenido en el Hospital Garrahan. (…) Era 1997 y tenía 13 años y desde los 11 venía con terribles dolores de espalda que me despertaban de madrugada”, recordó en el aniversario de la intervención el periodista y locutor nicoleño. “El diagnóstico posquirúrgico era terrible: posiblemente no iba a caminar más. Por eso, vino batallar contra las secuelas”, repasó, y contó también que tuvo que “volver a aprender a caminar”, compartiendo interminables jornadas en un centro de rehabilitación donde preponderaban los pacientes adultos, en contraste con la flor de su juventud.
“Siento mucho orgullo y una enorme responsabilidad representar a un hospital tal prestigioso de Latinoamérica”.
Gustavo Mendez, comunicador.
Ese peregrinar, que demandó más intervenciones, una infinita lista de estudios y controles, incluyó el uso de un corsé Milwaukee para contribuir a la postura. En los últimos meses de su extenso portado, decidió armar los bolsos e ir a la gran ciudad capital a estudiar periodismo. “Hay que tener fe, lucharla día a día. Es lo que hago. Desde ese 20 de octubre, desde hace 25 años, donde me tocó crecer de golpe y no pensar en otra cosa que en la victoria”, contempló Mendez.
Hospital de corazón
Ni los mayores galardones mundiales pueden equipararse con la alegría del ser reconocido por el espacio que te salvó la vida. En su caso, Gustavo Mendez fue ponderado por su hogar sanitario. “El Hospital Garrahan reconoce a Gustavo Mendez como padrino y participante valioso del espacio Estación Alegría, colaborando en los eventos culturales dedicados a nuestros niños, niñas y adolescentes”, reza el certificado que añade “gracias por sumarte y participar. ¡Juntos logramos grandes cosas!”.
“Siento mucho orgullo y una enorme responsabilidad representar a un hospital tan prestigioso de Latinoamérica. Esta semana volví al Garrahan, donde fui paciente más de 10 años, donde me intervinieron quirúrgicamente dos veces, donde sufrí y lloré, donde pasé mañanas durmiendo en el piso, donde me vieron mil médicos, donde me hicieron miles de estudios gratis y con un recurso humano maravilloso para con los padres y con los niños y niñas. Donde me cuidaron y sanaron”, reconoció el comunicador.
“Cada vez que voy al Garrahan simplemente me sale decir: eternamente gracias”, señaló Mendez con emoción.
Esta vez, entiende que regresó “para empezar a devolver apenas un poquito de lo que hicieron por mi salud y por millones de chicos y chicas del país y países limítrofes que batallan contra alguna enfermedad”. Lo hizo junto a sus padres y su pareja, en un momento de mucha emotividad que esperaba “que suceda de manera mágica, que sea sin forzarlo, cuando tenía que ser. Y así fue. Mágico como el amor y entrega que dan cada enfermero, médico, cirujano, especialista, camillero, personal administrativo a todos los papis que llegan con el corazón en la boca. Ahí hay sonrisa y vocación de respuesta y tranquilidad”.
En el marco del aniversario número 25 de su más importante intervención quirúrgica, Gustavo reconoce que “sin dudas que Dios y María decidieron que sea en el 2022”. Recordando lo crucial que fue este espacio de salud pública, se comprometió con un ferviente afecto a este nuevo rol, para “devolver con mi entrega un poquito de lo que me dio el Garrahan con el mero objetivo de sacarles una sonrisa a los niños/as con acciones artísticas, eso es “Estación Alegría”.
Devoción
Gustavo recuerda cada vez que tiene la ocasión su amor y devoción por la virgen nicoleña, a quien considera crucial en su recuperación. “Yo tenía 13 años y no sabía de qué me iban a operar. Solo vi algo blanco en una pantalla con resonancias en medio de mi espalda mientras me preparaban para anestesiarme. Y dije: ‘Ah, eras vos’. Cerré los ojos y me entregué a la Virgen del Rosario de San Nicolás. Y ahí ella se hizo presente. Lo juro. Un milagro hermoso”, compartió en sus redes sociales.
También a través de la televisión, donde se desempeña como panelista de espectáculos, remarcó la importancia que esta advocación tiene en su vida: “Suele pasar que lo místico (como algunos erróneamente lo denominan) no garpa en televisión. A mí la virgencita me salvó y me ayudó (…), sentí su presencia e hizo un milagro en mí cuando mi vida corría peligro. Ese será un mensaje que aquellos que lo vivimos y atravesamos siempre daremos testimonio porque fue real, porque lo sentimos, porque confiamos en María y porque creemos que por más que el mundo sea cada vez más individualista/egoísta y agnóstico, jamás dejaremos de agradecer y contar en vida la protección que nos dio la Virgen del Rosario de San Nicolás. ¡Viva María!”.

