El Banco Mundial advierte que 2 mil millones de personas carecen de protección social adecuada frente a la inseguridad alimentaria.

El Banco Mundial advirtió que los niveles de inseguridad alimentaria siguen siendo altos en muchas regiones, a pesar de la estabilidad general de los mercados agrícolas.
En su informe de abril de 2025, remarcó que el crecimiento económico global se desaceleró, afectado por aranceles y un entorno geopolítico altamente incierto. El Fondo Monetario Internacional revisó a la baja su previsión de crecimiento, proyectando un 2,8% para 2025.
Este contexto limita la capacidad de muchos países para invertir en alimentos, salud y protección social. El estudio subraya que aún hay 2 mil millones de personas en países de ingresos bajos y medios sin cobertura social suficiente.
A nivel mundial, 60% de los países registran inflación alimentaria por encima de la inflación general. En 79% de los países de bajos ingresos, la inflación de alimentos supera el 5%.

Mercados estables, pero precios volátiles y dietas desequilibradas
El mercado global de cereales, soja y arroz se mantiene estable, sin escasez grave a corto plazo. Aun así, el maíz aumentó 9% en comparación anual. El trigo bajó 4% y el arroz, 29%, pero sigue costoso en varios países.
Los precios de fertilizantes y fletes oceánicos bajaron, pero persisten riesgos por conflictos, clima extremo y trabas logísticas.
Un tema central del informe es la mala orientación del gasto público en alimentos. Cada año, el mundo destina más de 800.000 millones de dólares al sector agroalimentario. Sin embargo, la mayoría de esos fondos subsidia cereales, azúcar y carne, mientras frutas y verduras reciben poca atención. Esta situación agrava los problemas de salud relacionados con la dieta, como la desnutrición y la obesidad.

Conflictos, desastres y desigualdad agravan el hambre en regiones críticas
Más de 50 millones de personas enfrentan niveles críticos de inseguridad alimentaria en África, Medio Oriente y América Latina.
En Sudán, más de 25 millones padecen hambre aguda. En Gaza, el cierre de fronteras dejó sin alimentos a miles de familias. En Haití, 5,7 millones enfrentan hambre grave. En la República Democrática del Congo, casi 28 millones tienen acceso limitado a comida.
Los conflictos, los desastres naturales y el colapso económico intensifican estas crisis. En Asia y América Latina, el clima extremo y los incendios afectan cosechas, infraestructuras y acceso a alimentos.
El informe subraya que, aunque algunos gobiernos toman medidas, persisten brechas estructurales. Indonesia y Laos, por ejemplo, aplican subsidios y reformas agrícolas, pero aún no logran cambios sostenibles.
El Banco Mundial recomienda redirigir los subsidios y fortalecer la protección social con herramientas digitales y programas nutricionales.

