El breve paso de Isarra por la Intendencia dejó otra vez en escena su perfil confrontativo

Marcela Isarra tuvo esta semana una responsabilidad institucional inédita: entre el 21 y el 25 de septiembre quedó al frente del Ejecutivo municipal como intendenta interina, mientras Mauro Poletti hacía uso de su licencia anual y el primer concejal, Javier Romero, se encontraba disputando un torneo de fútbol senior. La designación fue formalizada por el Concejo Deliberante mediante el Decreto 430/26.

Fueron apenas cinco días al frente del Municipio, pero alcanzaron para poner nuevamente en discusión el perfil político de quien preside el Concejo Deliberante. La oportunidad de mostrar una conducción diferente, desde el Ejecutivo y con una responsabilidad institucional mayor, terminó atravesada por el mismo rasgo que viene caracterizando buena parte de su actuación pública: la confrontación.

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El contexto tampoco era menor. Isarra asumió la Intendencia en una semana en la que el gobierno de Poletti enfrentaba una fuerte polémica por la Tasa de Tránsito Pesado, cuestionada por transportistas y sectores de la región. En lugar de concentrar el protagonismo institucional en explicar el funcionamiento del nuevo sistema y contribuir a bajar la tensión, su principal exposición política volvió a estar vinculada con el enfrentamiento con la oposición.

El episodio con Cecilia Giammaria ya forma parte de otra discusión pública, pero sirve como muestra del problema de fondo: incluso ocupando circunstancialmente la Intendencia, Isarra mantuvo el mismo registro de confrontación que exhibe desde la Presidencia del Concejo.

Su trayectoria reciente ofrece numerosos antecedentes. En distintas sesiones protagonizó fuertes cruces con concejales opositores, con discusiones que en algunos casos obligaron a elevar el tono del debate hasta convertir el recinto en escenario de enfrentamientos personales y políticos.

Uno de los episodios más recordados ocurrió durante una sesión vinculada al convenio entre el Municipio y Ternium. Ante los cuestionamientos por su manera de dirigirse a los opositores, Isarra respondió: “Estoy harta de que me digan que soy una violenta. ¡Soy demócrata! Y soy política”. La frase fue su propia defensa frente a quienes cuestionaban sus formas, pero terminó instalando nuevamente el debate sobre su estilo al frente del cuerpo legislativo.

Los cruces tampoco quedaron limitados a los concejales. En reiteradas oportunidades, Isarra expresó desde la Presidencia del Concejo su malestar con periodistas y medios de comunicación locales por coberturas o comentarios que consideró críticos de su gestión o del oficialismo. La utilización del propio recinto legislativo para responder a periodistas también generó cuestionamientos sobre los límites entre la disputa política y el rol institucional de quien conduce el cuerpo deliberativo.

Ese historial adquiere otra dimensión cuando Isarra pasa del Concejo al Ejecutivo. Como presidenta del Legislativo puede defender una posición política y confrontar con los bloques opositores. Como intendenta, aunque sea interina, su responsabilidad es otra: representar al Municipio, administrar los conflictos y garantizar una conducción institucional que alcance al conjunto de la comunidad.

Por eso, los cinco días de interinato dejan un balance incómodo. No por la cantidad de actividades realizadas, sino porque la oportunidad de demostrar una faceta diferente terminó sin producir un cambio visible en su forma de ejercer el poder.

Isarra tuvo la posibilidad de ocupar el máximo cargo ejecutivo de Ramallo y dejar una imagen asociada a la gestión, al diálogo institucional y a la resolución de los problemas. En cambio, su breve paso por la Intendencia volvió a quedar ligado a la confrontación política.

La circunstancia también deja una escena llamativa: el Municipio tuvo que recurrir a una cadena de reemplazos para cubrir la ausencia del intendente, con Poletti de licencia y el primer concejal, Javier Romero, fuera del distrito por su participación en un torneo de fútbol senior. En ese escenario excepcional, Isarra recibió la responsabilidad de conducir el Ejecutivo.

Cinco días después, la discusión sobre su estilo de conducción sigue abierta. Y el interrogante político que queda planteado es si una dirigente acostumbrada a la confrontación puede trasladar ese perfil a una función ejecutiva que exige, además de defender una gestión, representar institucionalmente a todos los vecinos de Ramallo.

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