El referente del área municipal de Control de Vectores, Gastón Canevaro, explicó que “algunas especies de mosquitos consideradas de interés sanitario son capaces de transmitir dengue, chikungunya, zika, fiebre amarilla y encefalitis virales, generando brotes epidémicos. Estos insectos incrementan su actividad biológica en los meses con altas temperaturas y aumento de precipitaciones”.

De la Redacción de EL NORTE
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Según proyecciones técnicas elaboradas por el Servicio Meteorológico Nacional (SMN), los modelos climáticos marcaron una probabilidad del 100% respecto a la permanencia de la fase cálida de El Niño a lo largo del trimestre comprendido entre octubre y diciembre de 2026, con una marcada tendencia a profundizar su intensidad. El referente del área municipal de Control de Vectores, Gastón Canevaro, advirtió –consultado por EL NORTE– que el aumento de lluvias podría incrementar los casos de dengue y de otras patologías.
“El fenómeno climático de El Niño puede incrementar la frecuencia e intensidad de eventos meteorológicos, principalmente el aumento del régimen de precipitaciones y tormentas. Esto puede traer como consecuencia inundaciones y anegamientos de zonas urbanas pobladas e industriales, como así también de zonas de producción agrícola-ganadera. No solo podría aumentar la incidencia del dengue, sino también de todas las patologías o enfermedades infecciosas y parasitarias transmitidas por vectores. Los vectores son los invertebrados, principalmente artrópodos, con la capacidad de transmitir un agente etiológico de un huésped enfermo a uno sano. Dentro de estos artrópodos, los principales vectores serían algunas especies de mosquitos consideradas de interés sanitario (Aedes sp., Culex sp.) capaces de transmitir generando brotes epidémicos de varias enfermedades infecciosas: dengue, chikungunya, zika, fiebre amarilla y encefalitis virales. Estos insectos aumentan su actividad biológica en los meses con altas temperaturas y aumento de lluvias”, desarrolló.
Canevaro explicó que el aumento de la cantidad de insectos debido al incremento de las precipitaciones se debe a que “se trata de insectos con metamorfosis completa (1. huevo, 2. larva, 3. pupa, 4. adulto), cuyas primeras tres fases son acuáticas. Al haber más lluvias se forman charcos y se llenan recipientes, aumentando la disponibilidad de criaderos para ellos”.
Prevención
A los 25 °C, casi el 98% de los huevos de Aedes aegypti eclosionan con éxito y las hembras (que son las que pican) viven hasta 66,7 días. A los 30 °C, el mosquito pica con mayor frecuencia, lo que acelera directamente la transmisión del virus. Además, el insecto requiere agua estancada para depositar sus huevos. Cuando el calentamiento de fondo amplifica los picos térmicos y pluviales de El Niño, el mosquito dispone de más tiempo, territorio y criaderos.
En la provincia de Buenos Aires, las personas de entre 15 y 59 años pueden acceder a la vacuna contra el dengue –que reduce el impacto de las infecciones– sin turno y de forma gratuita en los vacunatorios habilitados.
Requiere dos dosis separadas por tres meses, y la protección se activa dos semanas después de la primera aplicación. En San Nicolás, se coloca en el Hospital San Felipe. La inmunización no previene el 100% de las infecciones y no reemplaza las demás medidas de prevención: eliminación de criaderos, uso de repelente y protección contra picaduras, entre otras.
Evidencia científica
Diversos estudios a escala internacional han analizado el nexo directo entre los ciclos climáticos y el avance del vector. Una investigación difundida por la revista especializada The Lancet Planetary Health examinó una base de 18.853.343 casos reportados en 1237 localidades de 21 naciones entre 2000 y 2019. Las conclusiones del trabajo demostraron que, por cada desviación estándar en la fuerza de El Niño en la zona del Pacífico Oriental, la probabilidad de contagios aumentó un 23,70%.
Asimismo, el relevamiento determinó que la incidencia del cambio climático derivado de la actividad antrópica representó el 48,64% del alza de casos atribuibles al fenómeno, lo que se tradujo de forma concreta en 403.197 infecciones adicionales en las áreas analizadas. Esta dinámica responde a que el calentamiento global eleva las temperaturas superficiales del océano y de la atmósfera, potenciando perturbaciones como olas de calor más extensas, marcas térmicas elevadas y eventos pluviales severos.
Como resultado de este escenario ambiental, se genera una mayor acumulación de líquido no solo en recipientes de uso doméstico, sino también en el entorno natural y en el follaje de la vegetación. La combinación de humedad, agua disponible y calor crea condiciones idóneas para acelerar el ciclo biológico del mosquito; a mayor población del vector, se incrementa proporcionalmente la exposición y el riesgo de transmisión viral.
En paralelo, otro trabajo publicado en Nature Communications, que recopiló registros sanitarios de 57 países de América y Asia entre los años 1980 y 2024, corroboró este impacto: el 63% de la variación interanual registrada en las cifras de dengue responde de manera directa a las oscilaciones del sistema climático ENSO (El Niño-Oscilación del Sur), responsable de alternar períodos cálidos y fríos en la cuenca tropical del Pacífico.

