El Atlas metálico que sostiene al gomero histórico de Recoleta

Un titán de hierro al servicio de un árbol emblemático porteño

Escultura de Joaquín Arbiza Brianza sosteniendo una rama del gomero histórico de Recoleta

NewsITe

Entre las raíces extendidas del legendario gomero de Recoleta, en la plaza ubicada junto al tradicional café La Biela, una figura metálica irrumpe como un nuevo protagonista del paisaje urbano porteño. Se trata de una escultura-Atlas creada por el artista uruguayo Joaquín Arbiza Brianza, concebida para sostener una de las ramas más pesadas del árbol más antiguo de la Ciudad de Buenos Aires y, al mismo tiempo, sumar una potente marca de arte público contemporáneo.

Inaugurada en 2014, la pieza funciona como respuesta a un problema estructural concreto: el peso monumental de las ramas del gomero, cuya antigüedad se remonta al siglo XVIII. Lo que en principio podía resolverse con simples puntales de madera se transformó, gracias a la propuesta del escultor, en una intervención artística que combina función, relato histórico y sensibilidad estética. Así, el refuerzo físico se convirtió en metáfora: un titán moderno que, en silencio, asume la carga de la memoria verde de la ciudad.

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La escultura mide alrededor de 1,85 metros de altura y pesa unos 250 kilos. Lejos de los materiales tradicionales de la estatuaria clásica, Arbiza Brianza recurrió a más de tres mil piezas de autos de las décadas del cincuenta y sesenta: bujías, engranajes, fragmentos de chasis, frenos y otros componentes mecánicos. Cada elemento fue recolectado, seleccionado, ensamblado y soldado durante un trabajo que se extendió por un año, hasta lograr un cuerpo robusto y de estética industrial, que dialoga tanto con la mitología de Atlas como con el pulso mecánico de Buenos Aires.

Reciclaje, ciudad y mito en una misma obra

La elección de autopartes usadas otorga a la obra una dimensión contemporánea y urbana. No solo se reutilizan objetos en desuso, sino que se los resignifica: piezas que alguna vez impulsaron motores ahora sostienen un organismo vivo de más de dos siglos. Ese cruce entre reciclaje, técnica y simbolismo convierte al Atlas en algo más que un soporte: es una narración de metal sobre la relación entre ciudad, movilidad y naturaleza.

El propio artista reconoce el peso de su historia personal en el proyecto. Su vínculo temprano con el mundo de los motores, heredado del ámbito familiar, se refleja en la minuciosidad del armado y en la presencia de detalles ocultos, como una matrícula y una llave integradas al conjunto, que solo aparecen ante una mirada atenta. Así, la escultura invita a los visitantes a acercarse, rodearla y descubrir pequeños secretos entre las soldaduras.

Un árbol testigo de la historia porteña

  • El gomero de Recoleta es considerado el ejemplar más longevo de la Ciudad de Buenos Aires.
  • Su origen se remonta a fines del siglo XVIII, cuando la zona era todavía una chacra alejada del casco urbano.
  • Su copa se extiende por decenas de metros y sus raíces dominan buena parte de la plaza.
  • Es un árbol protegido por su valor patrimonial, histórico y botánico.

Con el paso del tiempo, el crecimiento extraordinario del árbol obligó a realizar diversas intervenciones para preservar su estabilidad. En ese contexto se inscribe la obra de Arbiza Brianza, que fue donada a la Ciudad y trasladada en un recorrido que combinó trayectos terrestres y fluviales hasta su emplazamiento definitivo en Recoleta. Desde entonces, la figura metálica se transformó en un punto obligado para turistas y vecinos, que suelen detenerse a fotografiarla o simplemente a contemplar la escena: un titán de chatarra sosteniendo, con gesto firme, una rama cargada de historia.

“La presencia del Atlas no compite con el árbol, lo acompaña. Sostiene su peso real y, al mismo tiempo, carga con el simbolismo de más de dos siglos de vida urbana”, destacan especialistas en patrimonio porteño.

La escultura redefine la relación entre arte, paisaje y naturaleza en plena ciudad. En lugar de imponer una marca ajena al entorno, se integra a él y lo refuerza, recordando que incluso en los espacios más consolidados aún hay lugar para la imaginación, la experimentación y el cuidado de aquello que nos precede. En Recoleta, el viejo gomero y el joven Atlas metálico escriben juntos un nuevo capítulo del patrimonio porteño.

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