Efecto yoyó: qué dice hoy la ciencia sobre perder y recuperar peso
NewsITe
El llamado “efecto yoyó” se volvió, en los últimos años, una especie de fantasma para quienes intentan bajar de peso. La idea de que cada dieta fallida deja al organismo peor que antes —con más grasa, menos músculo y un metabolismo dañado— se instaló con fuerza en el imaginario colectivo. Sin embargo, una revisión científica reciente publicada en la revista The Lancet Diabetes & Endocrinology invita a revisar esos temores.
El trabajo analiza la evidencia disponible sobre el llamado weight cycling, es decir, los ciclos repetidos de pérdida y recuperación de peso en personas con obesidad. Los especialistas concluyen que, hasta el momento, no hay pruebas sólidas de que este fenómeno, por sí solo, genere un daño clínico permanente o deteriore de manera irreversible el metabolismo.
Los autores aclaran que esto no significa que recuperar peso sea deseable ni que cualquier dieta sirva. El punto central es otro: con la información científica actual, no puede afirmarse que adelgazar y volver a engordar “rompa” el organismo o condene a la persona a un estado peor que el inicial. Más bien, subrayan que la obesidad es una enfermedad crónica que requiere abordajes sostenidos y, muchas veces, de largo plazo.
Qué se sabe hoy sobre perder y recuperar peso
Quienes atravesaron numerosos ciclos de adelgazamiento tienden a presentar mayor dificultad para sostener las pérdidas, más adiposidad y más años de exposición a la obesidad. Cuando en estos grupos se observan alteraciones metabólicas, los especialistas advierten que no siempre es sencillo determinar qué es causa y qué es consecuencia.
Que una persona con peor salud metabólica haya hecho más dietas no prueba que esas dietas hayan provocado el deterioro. Puede suceder lo contrario: una historia más prolongada de exceso de peso o la presencia de otros factores de riesgo podría explicar tanto la mayor cantidad de intentos de adelgazamiento como los peores indicadores clínicos.
El temor a perder músculo y el rol del ejercicio
Uno de los miedos más extendidos al encarar un plan para bajar de peso es la pérdida de masa muscular. Al adelgazar, el cuerpo no solo reduce tejido graso sino también parte de la masa magra. El temor asociado al “efecto yoyó” es que, al recuperar kilos, vuelva sobre todo la grasa y no el músculo, con una composición corporal cada vez menos favorable.
No obstante, la revisión citada señala que los datos disponibles no muestran de manera consistente una pérdida desproporcionada y permanente de músculo atribuible específicamente al weight cycling. Los resultados, remarcan, dependen de múltiples factores: el peso final alcanzado, la cantidad de proteínas de la dieta, el tipo de intervención, el nivel general de actividad física y, en particular, la incorporación de entrenamiento de fuerza.
Tratamientos crónicos y nuevos fármacos para la obesidad
Los especialistas ponen este debate en el contexto de la aparición de nuevos medicamentos para tratar la obesidad, como los agonistas del receptor GLP-1 (entre ellos, el conocido Ozempic) y otras drogas similares. Estos fármacos pueden producir descensos de peso significativos, pero al suspenderlos es frecuente que se observe una recuperación parcial o total de los kilos perdidos.
Según la revisión, interpretar ese rebote como una prueba de que el tratamiento “estropea” el metabolismo es una lectura simplista. Más bien, refuerza la idea de que, al tratarse de una condición crónica, la obesidad necesita estrategias de abordaje sostenidas en el tiempo, que pueden incluir cambios de hábitos, apoyo profesional y, en algunos casos, medicación de uso prolongado.
La evidencia actual no demuestra que haber recuperado peso implique un daño irreversible: sí subraya la dificultad de sostener en el largo plazo una pérdida suficiente y saludable.
En ese marco, los especialistas coinciden en que el miedo al “efecto yoyó” no debería convertirse en un freno para buscar ayuda, iniciar un tratamiento o retomar el cuidado de la salud luego de un aumento de peso. Recuperar kilos, concluyen, no equivale a un fracaso definitivo, sino a un desafío que requiere nuevas herramientas y acompañamiento adecuado.


